Javier Fernández, el valor español más seguro

Javier Fernández patina en Boston. /
Javier Fernández patina en Boston.

El patinador madrileño ha ganado los cuatro últimos Europeos y aspira a encauzar su cuarto podio mundial con una fiabilidad poco habitual

JAVIER BRAGADOMadrid

Javier Fernández pelea contra la tradición y las estadísticas desde hace cuatro años. El patinador madrileño presenta un expediente sobresaliente y especialmente constante, un aspecto poco habitual en los deportistas españoles. De hecho, uno de los aspectos más insultantes para el resto de los mortales es que existe un joven de 24 años que desde que se subió a un podio internacional con 20 abriles no ha abandonado sus proximidades.

Cuando Javi Fernández se impuso en el Campeonato de Europa de Zagreb en 2013 empezó a transformarse en 'SuperJavi', el deportista al que ninguna casa de apuestas apartaría de las quinielas de las competiciones de patinaje artístico porque desde entonces sólo se subió al primer escalón europeo y siempre pisó el del Mundial. La regularidad se mantuvo hasta el punto de que sólo vivió un ascenso que terminó con su coronación como campeón universal en Shanghái en 2015. Todo apunta a que se colgará una plata en el Campeonato del Mundo de Boston en el que su compañero japonés Yuzuru Hanyu se exhibió con el programa corto en la primera jornada por encima de cualquier previsión (110.56 puntos). Una caída del madrileño tras un cuádruple salchow le costó casi cinco puntos (98.52), pero ni siquiera con su mejor puntuación se podría aproximar a competir con su compañero de entrenamientos por el oro que se decidirá en la rutina libre de la madrugada del viernes al sábado.

El único resbalón que se le podría señalar a Javier Fernández fue su cuarta plaza en los Juegos Olímpicos de Sochi 2014, pero entonces se explicó más por asuntos externos que por demérito de la estrella española. «Fue desafortunadamente decepcionante perder la medalla de bronce por un margen tan pequeño y por un error tan tonto. Lo repetí en mi cabeza mucho tiempo», recuerda Brian Orser, entrenador de Fernández y de Hanyu. «Tengo una espina clavada por lo que sucedió en Sochi 2014», secunda siempre Javier Fernández, quien vivió momentos de angustia como abanderado español cuando fue criticado por unas declaraciones presuntamente homófobas antes del evento. «Hubo un malentendido y todo el mundo quería escuchar lo que decía. La gente no se fijaba antes. Es parte del juego; es parte de los Juegos Olímpicos. Fue una lección grande. Lo superamos», señala Orser, el técnico con trato paternal al español y uno de los primeros deportistas que reconocieron su homosexualidad ante el gran público.

Beitia, Nadal, Mireia

Para observar la inusual regularidad de Fernández como deportista individual hay que intentar encontrar referentes similares. Un caso paralelo es el de la saltadora Ruth Beitia. En 2013, la cántabra fue campeona de Europa en pista cubierta y bronce en los Mundiales al aire libre y bajo techo. Un año después ganó los Europeos y fue tercera en los Mundiales, pero ya en 2015 no saltó su altura habitual (más de 1,97 m.) y bajó hasta el quinto puesto europeo y mundial, aunque ganó la Liga de Diamantes -la más prestigiosa competición atlética-. Como Javi Fernández, también se había quedado a un paso del podio olímpico en 2012.

En sus mejores tiempos Rafael Nadal logró presentarse en tres finales de Grand Slam en 2010 y 2011, mientras que en 2008 pisó al menos las semifinales de todos los 'majors', al tiempo que añadió la medalla olímpica soñada por Fernández. Mireia Belmonte, otro ejemplo de superestrella en su deporte, nunca se había marchado sin podios de un gran campeonato de piscina de 50 metros desde 2012 hasta que en 2015 una lesión en el hombro le impidió competir en los Mundiales de natación de Kazán.

Si nada cambia de manera estrepitosa SuperJavi se colgará una nueva medalla este fin de semana en Boston cuando termine la rutina libre. Entonces podrá pensar en sus siguientes proyectos y en una racha excelsa difícil de mantener. Él será el primero en exigirlo. «Hasta ahora siempre he luchado por superarme a mí mismo y descubrir nuevos límites», recuerda el campeón del mundo de 2015. La espinita olímpica tendrá que esperar hasta Pyeongchang 2018 y en el trayecto seguirá probando su fiabilidad.