Mundial 2018

Rusia 2018

Deschamps conoce el camino

Deschamps, pensativo en un entrenamiento de la selección francesa./Efe
Deschamps, pensativo en un entrenamiento de la selección francesa. / Efe

El francés aspira a convertirse en el tercer seleccionador que conquista el Mundial tras haberlo hecho como jugador

Víctor M. Robledo
VÍCTOR M. ROBLEDO

Didier Deschamps lleva seis años tratando de despistar a su propia sombra. El seleccionador francés, al frente del equipo desde que Laurent Blanc dimitiera tras la Eurocopa de 2012, convive con el recuerdo permanente del éxito de Francia en el Mundial de 1998. Jugadores como Zidane, Thuram o Barthez acaparaban el foco, aunque a nadie en Francia se le olvida quién portaba el brazalete de capitán en una cita histórica para todo el país. Nada más llegar a Rusia, al ser preguntado por las similitudes entre el grupo actual y aquella generación, Deschamps se las arregló para descargar de responsabilidad una vez más a sus jugadores. «Se necesitan muchas cosas para llegar a aquel mismo punto», deslizó antes de resaltar «la determinación y el entusiasmo» de una selección que, ahora sí, se encuentra a solo dos pasos de alcanzar de nuevo la gloria con el mismo guía.

El Deschamps futbolista no difería mucho del Deschamps seleccionador, ni siquiera físicamente. Las primeras canas asomaban ya entonces en el cabello de un centrocampista en el que la capacidad de liderazgo destacaba sobre cualquier cualidad, como sucede ahora en su faceta como técnico. Con una generación tremendamente talentosa y equilibrada en todas sus líneas, el papel del seleccionador francés se ha centrado en muchos momentos en gestionar los egos y situar el bien del grupo por encima de cualquier individualidad.

A falta de un título que la realce, la trayectoria de Deschamps al frente de Francia bien podría alcanzar la calificación de notable. El grupo que cogió en 2012 venía de una época especialmente convulsa a nivel interno, pero el técnico supo darle la vuelta con mano izquierda y esa determinación que ha sabido contagiar a los jugadores. Francia cayó en cuartos de final en el Mundial de Brasil de 2014 ante la campeona Alemania, mientras que en la pasada Eurocopa, en la que ejerció como anfitriona, cayó en la prórroga de la final ante Portugal después de que Gignac estrellara un balón al poste en el descuento del tiempo reglamentario.

Cerca de hacer historia

Aquellas decepciones no perturbaron a Deschamps, que en su trayecto reciente hacia Rusia se ha encontrado algunas piedras en forma de polémica, como las generadas por las ausencias de Benzema y de Rabiot en la lista mundialista. El técnico también tuvo que tirar de oficio para convencer a última hora a Lucas Hernández de que desoyera los cantos que le llegaban desde España y se decidiera a jugar con la selección francesa. El pasado viernes, después de que Mbappé provocara un pequeño rifirrafe en el partido ante Uruguay por simular una agresión, el técnico dio una muestra de su carácter y su ascendencia sobre el grupo al llamar al jugador del PSG a la banda. «Kylian, escúchame, deja de hacer tonterías, tú no lo necesitas. No hagas más eso», le soltó. Mbappé no volvió a verse en ninguna acción similar.

Deschamps se ha convertido en este Mundial en el técnico con más partidos al frente de Francia. Ante sí tiene ahora un reto aún mayor: si gana el Mundial, será el tercer seleccionador que alza la copa tras haberlo hecho antes como jugador, como hicieron anteriormente el brasileño Mario Lobo Zagallo y el alemán Franz Beckenbauer. El camino lo conoce desde 1998.

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