El día de los héroes

Francia es favorita, pero nadie puede descartar hoy a una Croacia gloriosa

El día de los héroes
JON AGIRIANO

De un tiempo a esta parte, empiezo a pensar que me sentiría más cómodo caminando sobre cristales, incluso sobre ascuas, que escribiendo de un partido antes de que se juegue, es decir, teniendo que explicar lo que la lógica, sustentada en la información existente sobre los dos equipos, indica que es lo más probable que suceda. La cifra de costaladas que llevo encima por culpa de estas crónicas previas empieza a ser abultada y uno, sin querer, se vuelve temeroso y vacilante. Para que me entiendan: no es fácil salir indemne tras escribir, atendiendo a los informes más solventes, propios y ajenos, que Rusia plantearía a España un partido abierto en los octavos de final, ya que la de Cherchesov es una selección poco rigurosa a la que le convienen los zafarranchos, como el que le permitió empatar a tres con La Roja el pasado mes de noviembre. Comprenderán que observar luego a todos los rusos metidos en su campo como en un refugio antiaéreo, defendiéndose durante 120 minutos eternos hasta alcanzar el objetivo de los penaltis, no fue un trago de buen gusto.

Sea como fuere, hay que encajar con deportividad este tipo de contratiempos que, con sus extraños azares y sorpresas, nos depara la realidad a quienes tenemos la obligación temeraria de aventurarla. Debemos de seguir adelante. ¿Cómo no escribir, por ejemplo, de cómo se presenta la final de un Mundial por mucho que luego todas las previsiones salten por los aires? Imposible. Metámonos, pues, en faena y convengamos en que Francia parte hoy como favorita mientras Croacia concita las simpatías mayoritarias de los amantes del fútbol. Natural. Que en un país de cuatro millones de habitantes gane un Mundial sería una gesta histórica. Ya lo fueron los dos títulos de Uruguay en 1930 y 1950, pero ahora, en el fútbol del siglo XXI, la dificultad se antoja mucho mayor.

Pocos cuestionan el favoritismo de Francia. Llevamos unas semanas hablando del portaaviones de Deschamps, un equipo fuerte y pesado cuya descarga de vatios en los partidos es casi imposible de soportar para sus rivales. 'Les bleus' no juegan. Ganan. Aburren a las ovejas, pero ofrecen una espectacular impresión de dominio, de que lo tienen todo controlado a partir de un porterazo como Lloris y de su gran sala de máquinas: Varane y Umtiti como centrales y, por delante, Kanté, Matuidi y un Pogba más serio que nunca. Arriba, Griezmann y Mbappé ponen el veneno. Más que lo poco que necesitó para imponerse a rivales con tanto hueso como Uruguay y Bélgica, lo que me impresionó de Francia fue cómo solucionó su único momento de verdadero peligro en Rusia 2018: los nueve minutos que estuvo en desventaja ante Argentina tras el gol de churro de Mercado. Apretó el acelerador y se fue. No necesitó más. Al cabo de veinte minutos, ya se había puesto 4-2 y veía a la albiceleste por el retrovisor.

¿Y si a Francia le puede la presión?

Sin quitar ni un sólo mérito a Croacia –es más, dándoselos todos sin excepción–, se me hace difícil pensar que va a ser capaz de sostenerle el pulso de Francia. (Ya ven que, como buen gato escaldado, ando con pies de plomo y no me atrevo a decir que lo crea, sino que tengo dificultades para pensarlo). Por mucho que los jugadores balcánicos se molestaran el martes cuando los periodistas ingleses dieron como favorita a su selección y les retrataron como un equipo ya muy cascado por la acumulación de esfuerzos, la realidad es que la 'sahovnica' anda ya corta de fuelle. Otra cosa es que el excepcional instinto competitivo y el tremendo amor propio de sus jugadores le permitiera hacer la hombrada de remontarle a Inglaterra. Pero su desgaste salta a la vista. No podría ser de otra manera. Hablamos de una selección con un grupo de jugadores muy reducido y en la que los once titulares no descansan salvo ingreso hospitalario. Sus tres estrellas –Modric, Mandzukic y Rakitic– son ya treintañeros y llevan una temporada asfixiante. Por otro lado, no olvidemos tampoco que Croacia ha jugado en diez días tres partidos con prórrogas; es decir, 90 minutos más que Francia.

Dicho todo esto, el escarmentado cronista no puede dejar de aludir, protegiéndose así de la sorpresa, de una posibilidad que también está ahí, confusa y acechante. Me refiero a que a los franceses pueda afectarles la enorme presión que tienen encima. 'Les bleus' se saben favoritos y son conscientes de que se enfrentan a una oportunidad histórica. Hace dos años, este mismo grupo de futbolistas –seis de los titulares de hoy jugaron entonces– vivió un chasco enorme al perder la Eurocopa en su propia casa ante Portugal. No pueden volver a fallar si no quieren ser recordados como una magnífica generación de perdedores. Y quizá ese miedo a la derrota pueda hacerles daño ante unos rivales que ya han hecho historia y, por muy cansados que estén, aunque tuvieran que salir al campo con muletas, esa tarde jugarán a morir, hasta el último aliento, el partidos de sus vidas.