Jornada 7

Piqué enturbia el feliz fin de semana del Barcelona

Gerard Piqué, durante el partido en Getafe./EP
Gerard Piqué, durante el partido en Getafe. / EP

La victoria fuera cinco meses después y la portería imbatida por fin en esta Liga quedaron en un segundo plano por su mensaje amenazador a la directiva

P. RÍOSBarcelona

Era un día «para que la defensa esté contenta», como dijo Ter Stegen, protagonista por una parada de portero de balonmano ante Ángel con 0-0 y clave por su asistencia a lo Koeman a Luis Suárez en el 0-1. El Barça había ganado 0-2 en Getafe, manteniendo la portería a cero por primera vez en esta Liga y acabando con una mala racha sin ganar a domicilio que se prolongaba desde hace cinco meses. Y con el mérito de hacerlo sin los lesionados Messi, Alba, Umtiti, Ansu Fati y Dembélé, ahora con una sobrecarga muscular. Incluso el 0-0 del derbi madrileño le acercó a la cabeza. Todo estaba dispuesto para vivir un fin de semana feliz y tranquilo, sin agobiarse todavía por el Inter, que visita el Camp Nou el miércoles en la segunda jornada de la Liga de Campeones. Pero apareció Gerard Piqué y lo enturbió todo lanzando un dardo envenenado a la directiva azulgrana.

La historia viene de lejos y evidencia una ruptura entre el presidente, Josep Maria Bartomeu, y los jefes del vestuario. El problema se intuía, relacionado con el poder que tienen los jugadores que llevan tantos años en el club y que comenzó a cuestionarse en las altas esferas del club tras la debacle de Liverpool. Desde entonces se intenta limitarlo e imponer políticas de club aunque no gusten a los cracks, como las dos giras veraniegas. En el trasfondo de todo, también está el fichaje de Griezmann en contra de la opinión de Messi tras la negativa del año anterior y puede que también de Piqué, aunque le hizo mucha gracia como cómplice el documental en el que comunicó la famosa decisión. Y por supuesto también está la operación fallida por Neymar, el amigo de los jugadores, si es que el Barcelona fue alguna vez en serio a por él.

Pero, aunque todo eso era sabido, nadie esperaba una amenaza de Piqué al club como la del sábado, premeditada, pues la pregunta era inofensiva (sobre el efecto positivo de la cena de jugadores del pasado miércoles). Ahora se entiende que hace tres semanas, tras el 2-2 en Pamplona, ya hablase de que el equipo y el club necesitaban estar unidos y algunas cosas más que nadie entendió muy bien cuando hasta el entorno más agresivo afrontaba con calma el mal comienzo achacándolo a la baja de Messi. El central se dio cuenta de que aquel mensaje soso había pasado desapercibido y volvió al ataque añadiendo sal y pimienta. Y, ahora sí, todo el mundo lo captó.

 «No nos queremos enfadar, no queremos peleas y que nadie las busque, tenemos que estar juntos, jugadores, aficionados y directivos, y mantener el club unido o nos haremos daño», señaló tras asegurar: «Todos conocemos los medios afines al club y conocemos artículos que aunque están firmados por unas personas están escritos por otras».

Se quedó a gusto Piqué, pero no dio nombres de personas ni medios por lo que sólo quedó claro que interpreta que el club usa a los medios para dejar a los jugadores como los malos de la película por ese poder que tienen. De paso, se puso en el ojo del huracán en un año en el que va a combinar la exigencia del fútbol con su carrera empresarial como hombre fuerte del mundo del tenis. Sabe convivir con la presión, pero aquella frase de que piensa «las 24 horas en el tenis» puede pasarle factura.