Análisis

El Barcelona acaricia la Liga de la sobriedad

El técnico del Barcelona, Ernesto Valverde./Albert Gea (Reuters)
El técnico del Barcelona, Ernesto Valverde. / Albert Gea (Reuters)

El sello de Valverde se ha acabado imponiendo y aceptando: el título está cerca con más seriedad que brillo y mucha paciencia esperando el momento de la pegada final

P.RÍOSBarcelona

El Barcelona comenzó con 10 puntos de ventaja al Atlético y 12 al Real Madrid la semana en la que sus rivales podían acercarse en la clasificación y la acaba reforzado con 11 y 13, respectivamente, además de tener favorables los dos golaverajes particulares, cuando sólo quedan 21 puntos en juego. En el Camp Nou se cantó el «¡campeones, campeones!» por primera vez tras el 2-0 al equipo colchonero y, salvo el cauto Ernesto Valverde, la mayoría de barcelonistas ya han comenzado los cálculos sobre en qué partido se puede entonar el alirón.

«Todavía no hemos ganado nada», insiste el técnico, consciente de que un par de pinchazos como el que se pudo mitigar el martes ante el Villarreal (4-4) pueden volver a dar pilas al conjunto de Diego Pablo Simeone, que seguro que no se rendirá teniendo en cuenta el carácter competitivo de su técnico. El conjunto azulgrana disputa ahora los cuartos de final de la Liga de Campeones ante el Manchester United, la ida el miércoles en Old Trafford y la vuelta el martes siguiente en el Camp Nou. Lógicamente, el reto centrará toda la atención y en Huesca, el próximo sábado, entre ambos partidos europeos, las rotaciones serán masivas. Gerard Piqué y Luis Suárez serán baja por sanción tras las amarillas que vieron el sábado y se puede dar por seguro que Messi no comenzará de inicio. Ya se sabe que cuando entra el plan B, el Barcelona sufre, como se comprobó en el Estadio de la Cerámica. Valverde hace bien en no celebrar nada todavía.

El Barcelona ofreció ante el Atlético uno de esos partidos serios de equipo grande que supo manejar las distintas situaciones, tener paciencia y acabar golpeando en los últimos minutos, un sello de la 'era Valverde' que se ha acabado imponiendo y aceptando. Con los goles de Luis Suárez (85') y Messi (86') ya son 25 los logrados en Liga por el equipo culé en los últimos 15 minutos de los partidos, más de un 30 por ciento del total. En Villarreal empataron los mismos jugadores en el 90' y en el 93'. Los más exigentes, también los románticos, añoraron un juego más vistoso y fluido sin valorar las oportunidades creadas y el hecho de no conceder ninguna ocasión. Aunque el Atlético jugaba con 10 desde el minuto 28 por la roja directa que se buscó Diego Costa de forma absurda, Simeone acabó con Griezmann, Correa y Morata para aprovechar algún error que el Barcelona no tuvo, asegurando el pase y corriendo los menos riesgos posibles a la espera de ese momento que acabó llegando con un arrebato de Luis Suárez y una genialidad de Messi. Será la Liga de la sobriedad.

Todavía con Costa en el campo y el partido muy abierto, también llegó más el Barça a la portería de un enorme Oblak, con un poste de Jordi Alba antes del inicio de la exhibición del guardameta. A los de Valverde, aunque pasaban apuros con el Atlético acechando el área sin llegar a crear peligro real, no les desagradaba el escenario once contra once, con un Simeone más valiente que nunca en el Camp Nou, pero que también asumía el riesgo de dejar más huecos atrás de lo habitual. Con el once contra diez cambió el partido y el Atlético ya fue más conservador, situación a la que el Barça también se adaptó.

Tras el partido, los aficionados del Barça echaron de menos que alguna voz autorizada replicara a Koke, que siempre ve «cosas raras» en el Camp Nou, o a Simeone, que recordó otras expulsiones como la de Fernando Torres, «un icono», como si un crack pudiera cometer el error de hacer cuatro entradas de tarjeta en pocos minutos víctima de la extramotivación. Bastaba con recordar que el Atlético ganó la Liga 2013-14 en el Camp Nou porque Mateu Lahoz anuló un gol legal a Messi que el VAR actual hubiese concedido. Pero a nivel institucional, el club azulgrana intenta no meterse en ningún jardín. Eso se lo dejan a Piqué, el portavoz del hincha, pero el sábado no habló.