El Barça se agarra al factor Iniesta

Andrés Iniesta ayuda a Jordi Alba en el clásico del sábado. /
Andrés Iniesta ayuda a Jordi Alba en el clásico del sábado.

El equipo azulgrana sólo fue reconocible en el clásico cuando apareció el centrocampista, la esperanza culé para el segundo tramo de la temporada

P. RÍOS

Cuando el Barça no sabe cerrar un clásico que gana 1-0 y recibe el gol del empate en el último minuto como castigo por defender de forma infantil una acción a balón parado cedida de forma ingenua, pocas valoraciones positivas se pueden extraer en el club azulgrana. De colocarse a tres puntos del Real Madrid y depender de sí mismo, a quedarse a seis y esperar que el máximo rival deje de sumar puntos inverosímiles para poderle disputarle el título de Liga.

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Ya se han escapado 9 puntos de los 21 jugados en el Camp Nou, un lastre que penaliza al equipo de Luis Enrique con justicia. Se puede empatar 1-1 frente a Atlético y Real Madrid, entra dentro de los posible, pero la derrota ante el Alavés (1-2) y el empate contra el Málaga (0-0) serán un lastre durante toda la temporada.

Y lo que es peor, hasta que entró Iniesta en el campo tras su lesión, pese a que Luis Suárez ya había marcado el 1-0, al barcelonismo le quedó la horrible sensación de no reconocer a su equipo, incapaz de combinar con peligro, de sacar bien jugado el balón desde atrás como antaño, sin chispa ante un Madrid más entero físicamente, incluso con problemas de colocación en el césped.

Para colmo, en los últimos cinco minutos no supo tener el balón para defender el 1-0 y se protegió como un equipo menor, encerrándose atrás, pese a que el ataque del líder ya lo formaban jugadores con poco peso en el fútbol de primer nivel como Asensio, Mariano y Lucas Vázquez, compañeros de Cristiano Ronaldo en esa fase del todo o nada.

Sin embargo, sí ocurrió algo especial que permite al Barça recuperar la esperanza. Cuando apareció Iniesta en el minuto 60, después de 40 días lesionado, en el Camp Nou se hizo la luz y por arte de magia el equipo azulgrana se transformó en el del 2-6 de 2009, el del 5-0 de 2010, el de las finales europeas de Roma 2009, Wembley 2011 o Berlín 2015 En cualquiera de los mejores partidos del Barça de Pep Guardiola, Tito Vilanova o Luis Enrique. Messi le buscó, Busquets encontró por fin un socio siempre dispuesto a recibir, todos mejoraron, todos tocaron, las ocasiones llegaron. Era el Barça de siempre, aunque sin puntería porque Neymar y Messi fallaron dos goles claros. Y esa es la imagen a la que se agarran todos para pensar que un segundo tramo de la temporada potente y reconocible es posible.

El contrapunto de esa ilusión es que a la Messidependencia se suma la Iniestadependencia. Ningún refuerzo de las dos últimas temporadas aporta soluciones, excepto Umtiti, el único que sí ha convencido, aunque con dos lesiones que le han mermado. En el clásico, André Gomes volvió a decepcionar, por no hablar de Arda Turan, señalado por caer en la trampa de Marcelo y hacer una absurda falta lateral que, templada por Modric, costó el 1-1 de Sergio Ramos.

Denis Suárez también tuvo minutos, mejores por lo menos que los del portugués y el turco. Aleix Vidal no cuenta para nada, Digne solo es un complemento para cuando Alba esté lesionado, Paco Alcácer no aprovecha sus pocas oportunidades a la sombra del tridente, Cillessen no es alternativa a un Ter Stegen que va a vivir más cómodo que Claudio Bravo sin merecerlo

Robert Fernández debería hacer autocrítica y reflexionar sobre la incidencias que tiene su gestión como director deportivo en el dubitativo momento actual de su equipo. También Luis Enrique podría preguntarse a sí mismo si puede hacer algo más para que todos esos jugadores parezcan ya a estas alturas poco aptos para el Barça. Mientras llegan las respuestas, el Barça sigue a seis puntos del Madrid en la Liga. Menos mal que ha vuelto a Iniesta.