Isla de Francia, la cuna de los nuevos campeones del mundo

Mbappé y Pogba, tras ganar el Mundial./EFE
Mbappé y Pogba, tras ganar el Mundial. / EFE

8 de los 23 campeones del mundo salieron de esta zona, conocida como 'región parisina', a la que Arsene Wenger señaló hace años como «la mejor del mundo» en producción de talento futbolístico

COLPISA / AFPMadrid

Kylian Mbappé en Bondy, Paul Pogba en Roissy-en-Brie o N'Golo Kanté en Suresnes. Son tres ejemplos de como la región de Isla de Francia (también conocida como 'región parisina') fue el punto de partida de muchos de los nuevos campeones del mundo. A pesar de que ahora es fácil de ver, más aún teniendo en cuenta lo ocurrido el pasado domingo, alguien adelantó los especial de este lugar. Hace unos años, Arsene Wenger, avisó del talento futbolístico que se estaba generando en esa región. «Con Sao Paulo (Brasil), la zona que engloba los alrededores de París es la mejor del mundo en producción de talento futbolístico». No se equivocaba.

Isla de Francia es una de las 18 regiones que, junto con los territorios de Ultramar, conforma la República Francesa. De allí, además de Kanté, Mbappé y Pogba, salieron Blaise Matuidi (Fontenay-sous-Bois), Presnel Kimpembe (Eragny) o Steven N'Zonzi (Racing Club de France). Un total de 8 de los 23 campeones del mundo son originarios de esta zona.

Incluso hay un equipo de la región que se ha convertido en amuleto para la selección francesa. Cada vez que un jugador que ha pasado por el US Palaiseau es seleccionado, Francia disputa la final de la Copa del Mundo. Abrió la racha Thierry Henry en 1998, continuó el defensa Jean-Alain Boumsoung en 2006 y la cerró, por el momento, el lateral izquierdo Benjamin Mendy, el domingo en Moscú.

Isla de Francia cuenta con 12 millones de habitantes, el 19% de la población francesa, con 260.840 licencias del total de los 2,2 millones que tiene la Federación Francesa de Fútbol.

Luchando en el campo desde niños

Para Sambou Tati, presidente del club de Roissy-en-Brie que vio crecer a Paul Pogba, es el famoso 'city stade' (un campo de fútbol de cemento presente en la mayor parte de los barrios de la región) lo que ha servido de laboratorio para el crecimiento de los jóvenes talentosos.

«Este pequeño campo puede albergar como máximo partidos de 5 contra 5. Normalmente se hacen equipos y el que gana se queda, por lo que se juega con muchas ganas, nadie quiere salir porque para volver a jugar luego hay que esperar una hora», explicó a la AFP Mohamed Coulibaly, director deportivo del AAS Sarcelles.

«Además, hay diferencias de edad de 3, 4 o 5 años. Alguien pequeño cuando juega contra uno más grande y potente, debe probar su imaginación e inventiva para hacerlo bien. Esto desarrolla a los jugadores que tienen una manera de jugar por encima de la media y un sentido de la adaptación», añadió.

Pero si algo destaca de estos niños que crecen como futbolistas en los alrededores de París, es su manera de competir. «Cada año vamos a un torneo a Saint-Raphaël, a la Costa Azul, y cuando jugamos contra los equipos del sur, vemos que ellos están muy centrados en la técnica, en el juego. Nosotros también, pero tenemos más el sentido de combate en los duelos», afirmó Sambou Tati.

Departamentos muy precarios

Por otro lado, la determinación por triunfar en el fútbol no es casualidad. En algunos departamentos de Isla de Francia, más golpeados por la precariedad que la media, como Seine-Saint-Denis y su tasa de 19% de paro, el fútbol se percibe como «uno de los únicos medios de subir en la escala social», según Mohamed Coulibaly.

Atraidos por el talento que crece en las calles, ojeadores de los más importantes clubes franceses y europeos han convertido la región parisina en una de sus zonas más vigiladas. «Hay ojos por todos los lados», confirmó el dirigente del AAS Sarcelles, que ha llevado a «unos sesenta» jóvenes al fútbol profesional.

«Actualmente los centros de formación fichan a jugadores de gran calidad. Después les afinan, pero el trabajo realizado por los niños entre los 7 y los 15 años que vienen de nosotros no es malo», concluyó.

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