Dolores de Cospedal, la última en calentar la polémica de la final

Dolores de Cospedal, durante un acto. /
Dolores de Cospedal, durante un acto.

La secretaria general del Partido Popular propone desalojar a los que piten el himno de España en el partido de la Copa del Rey

JAVIER BRAGADOMadrid

La final de la Copa del Rey prevista para el sábado 30 de mayo está viviendo un período previo más polémico en lo extradeportivo que en lo futbolístico. Si la primera polémica se produjo con la todavía no decidida elección del estadio en el que se disputará, decisión que se sabrá el próximo miércoles 25, ahora el asunto que está levantando suspicacias son los posibles silbidos al himno español antes del encuentro. Con el precedente del anterior Athletic Club-Barcelona en el partido decisivo de 2012 se han avivado las tensiones desde las tribunas políticas con el aliciente de las elecciones que se celebrarán en 2015, aunque los profesionales del balón han apostado por la prudencia y el respeto.

La primera política en encender la llama fue Esperanza Aguirre. «El rey y el himno, como la bandera, nos representan a todos y por lo tanto si se silban no es una cuestión leve sino muy grave y, como dijo Sarkozy cuando era presidente, si silban La Marsellesa se suspende el partido y se juega a puerta cerrada y creo que es lo que hay que hacer», dijo la candidata a la alcaldía de Madrid. Se da el caso de que la dirigente del Partido Popular ya se manifestó de la misma manera en 2012 y sólo consiguió que aumentara el volumen de los pitos respecto a la anterior cita, final de 2009, con el añadido de una considerable cantidad de insultos contra la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, quien, por cierto, se ausentó en el Vicente Calderón. La siguiente en animarse a manifestarse en la misma línea ha sido la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal. La representante conservadora aseguró que aquellos que silben el himno o al rey Felipe VI deberían ser desalojados en la final y aconsejó: «Si uno no quiere ir a ver la Copa del Rey, pues que no vaya. Y si un equipo no esta conforme con jugar la Copa del Rey, pues que no la juegue. Así de claro».

En cambio, los alcaldes de Bilbao y Barcelona, Ibon Areso (PNV) y Xabier Trías (CDC) había asegurado en la misma semana que sería «un escándalo» suspender la final y que Felipe VI no estaría conforme con la suspensión. «Fútbol es pasión. Confundir ambas cosas y llevarlas a no se qué terrenos es una gran equivocación. El deporte debe unirnos, no separarnos, pero hay gente que entiende que estas cosas son útiles para sacar provecho político», aseguró Trías. «Me gustaría que quienes van con el ánimo de pitar y hacer espectáculo en ese momento tuvieran respeto hacia aquellos aficionados del Athletic que están sentados al lado suyo y sí que sienten la bandera y el himno de España. Deberíamos ser más tolerantes y respetuosos con lo que piensa cada uno», aseguró Arantza Quiroga, presidente del PP vasco, quien en contra de las opiniones de sus compañeras opina que suspender el enfrentamiento sería «excesivo, sobre todo, porque sería injusto hacia los aficionados del Athletic que sí que sienten la bandera y sí están orgullosos de España y del rey».

«Mucha gente habla y habla de muchas cosas, pero se olvidan de que es un partido de fútbol. Parece que hay cosas más importantes que el partido y a lo que hay que ir es al fútbol y olvidarse de otras cuestiones que hay alrededor y que a veces ensucian el partido antes de jugarlo. Los que hablan son más los políticos que la gente de fútbol», anticipó Ernesto Valverde, entrenador del Athletic, quien pidió también jugar la final en Madrid. «Es complicado, no puedes pedirle a cincuenta o sesenta mil personas que no piten si quieren hacerlo. Personalmente creo que se debe respetar a todo el mundo. Con Cataluña nos gusta que se respete 'Els Segadors'. Hay gente madura como para entenderlo y hay temas más importantes para preocuparse a nivel político», opinó Gerard López, seleccionador de Cataluña.

Sin respaldo legal

Desde el punto de vista legal, las posibilidades de desalojar el estadio son improbables. La Comisión Permanente de la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte avisó a la Asociación de Clubes de Baloncesto (ACB) de la «responsabilidad» antes de la final de la Copa del Rey que se celebró en febrero. El artículo 3.2 i) de la Ley 19/2007, de 11 de julio señala que es «responsabilidad del organizador de la competición deportiva garantizar que los espectáculos que organice no sean utilizados para difundir o transmitir mensajes o simbología que pese a ser ajenas al deporte, puedan incidir, negativamente, en el desarrollo de las competiciones». En este sentido, la comisión anticipó: «Cualquier falta de respeto a los símbolos constitucionales del Estado, comunidades autónomas o instituciones constitucionales deben ser conductas reprobadas y alejadas de los recintos deportivos». No se concretó ninguna posible medida de castigo en el precedente más cercano y, finalmente, algunos aficionados pitaron el himno en el Gran Canaria Arena pero fueron más sonoros los que se dedicaron a tararearlo, una circunstancia parecida a la que se vivió en Mestalla en la última final copera de fútbol entre el Barcelona y el Real Madrid, cuando también un sector dedicó a abucheos y silbidos al sonar la Marcha Real.

La polémica con los himnos nacionales y las selecciones de fútbol no es exclusiva de España. Christian Karembeu, campeón del mundo y de la Eurocopa con Francia, nunca cantó La Marsellesa. El exfutbolista del Real Madrid mostraba de esa manera su disconformidad con la labor 'civilizadora' de los galos en la Nueva Caledonia de sus antepasados, quienes secuestraron a su abuelo y le expusieron en una jaula en Francia durante años. Michel Platini, Karim Benzema o Zinedine Zidane son otros futbolistas que tampoco corearon el himno francés. «Es artificial que hagamos venir jugadores extranjeros para bautizarlos como equipo de Francia. La mayoría no lo canta o visiblemente no lo sabe», expuso el líder del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, en 1996. «Yo no respondo a un payaso ni a cosas grotescas» valoró Aimé Jacquet, el entonces seleccionador. Djorkaeff, de ascendencia armenia, ofreció otro argumento: «La Marsellesa es una canción de guerra; que la cante la gente, no los futbolistas». Dos años después millones de franceses celebraron el Mundial con todos los jugadores.