La fe gala se gana el bronce

Lauvergne (i) intenta anotar ante Valanciunas.  /
Lauvergne (i) intenta anotar ante Valanciunas.

Los franceses culminan una gran Copa del Mundo con la tercera plaza ante Lituania

LUISMI CÁMARAMadrid

La final de consolación es un duelo a vida o muerte con un desenlace más duro para el perdedor que incluso para el derrotado en la final por el oro. Pese al dolor inicial, la plata se convierte en un dulce consuelo, mientras que en la lucha por el bronce hay uno de los dos contendientes que se va a casa con las manos vacías.

En el partido entre Lituania y Francia, ninguno mereció quedarse sin premio. Los lituanos porque dominaron buena parte de la segunda mitad y pelearon con ese carácter ganador que les convierte en una potencia europea. Los franceses porque han mostrado en esta Copa del Mundo la fe inquebrantable en sus posibilidades. Esa que les llevó a derrotar a la favorita España, que les dejó al borde de la remontada épica ante Serbia y a un suspiro de la lucha por el título, y que les permitió remontar el partido ante los exsoviéticos cuando todo parecía perdido.

Al final, la tercera plaza fue para los franceses, que manejaron bien una exigua renta en los instantes finales a base de tiros libres e imponerse por 93-95.

Tras una primera mitad igualada, en la que los franceses resistían al frente gracias al trabajo de Batum y Lauvergne, frente la actuación más coral de los de Kazlauskas, en la segunda parte los lituanos tomaron el mando y se hicieron con una cómoda ventaja que parecían poder controlar y mantener. Pero los de Collet han suplido la ausencia de su estrella Tony Parker con corazón y entrega al límite, y consiguieron retomar el dominio en el marcador en el cuarto final.

Los últimos segundos fueron agónicos, pero los galos tuvieron la suficiente sangre fría para acertar desde la línea de personal ante un rival que alargó el partido cuanto pudo pero acabó quedándose con la amarga cuarta plaza.