El sueño acaba en pesadilla

Gasol. Javier Soriano (Afp)/
Gasol. Javier Soriano (Afp)

España cae en cuartos ante una Francia efectiva y deja el Mundial sin la esperada final entre el anfitrión y Estados Unidos

LUISMI CÁMARAMadrid

65 Francia

Heurtel (13), Batum (9), Gelabale (9), Diaw (15) y Lauvergne (4) -cinco inicial-; Diot (4), Jackson (-), Fournier (4), Pietrus (2) y Gobert (5).

52 España

Ricky Rubio (4), Navarro (10), Rudy Fernández (6), Pau Gasol (17) y Marc Gasol (3) -cinco inicial-; Sergio Rodríguez (-), Calderón (5), Llull (5) e Ibaka (2).

Parciales
15-15, 20-13, 7-15 y 23-9.
Árbitros
Lamonica (Italia), Aylen (Australia) y Olegs Latisevs (Letonia). Eliminado: Pau Gasol (minuto 40).
Incidencias
Cuarto y último partido de cuartos de final de la Copa del Mundo, disputado en el Palacio de los Deportes de Madrid. 13.673 espectadores.

Nadie dudaba de que Pau Gasol estaría. «Es de esos partidos que estés cojo o manco no te lo quieres perder», comentaba Orenga en la previa. El pívot de los Bulls calentó con intensidad y partió, como siempre, en el cinco inicial de España. Todo parecía dentro de la normalidad.

Además, la llamada de los jugadores a la afición de Madrid para que se volcara con la selección en esta ronda de cuartos de final ante Francia no cayó en saco roto. El ambiente fuera del Palacio de los Deportes en las horas previas al encuentro ya era bastante más intenso del vivido en los octavos ante Senegal. En la grada, también la emoción estaba disparada. Las medallas estaban ya a un paso, y el rival era de los que motivaban especialmente a todos. Había ganas de partido. La noche prometía.

Desde el primer momento, los gritos de ánimo se sucedieron en cada ataque de los anfitriones, mientras que cada jugada gala estaba acompañada por pitos.

No empezó, sin embargo, la cosa como se esperaba. Los postes franceses castigaban desde el triple, mientras que a España le costó tres minutos lograr la primera canasta (11-2). Rudy Fernández quitó la tapa al aro y Navarro se encargó de hacer lo que mejor sabe para tomar por fin el pulso al partido (11-12). Nuevo choque. Juan Antonio Orenga ya había adelantado que la exigencia de estos cuartos de final poco tenía que ver con la primera fase. En un partido a vida o muerte, los vecinos iban a oponer mucha mayor resistencia que en Granada.

La defensa de los de Collet subió hasta el límite y las faltas buscaban que cada canasta hispana supusiera un padecimiento especial. Tenían muy claro lo que tenían que hacer, lo ejecutaron a la perfección y en el campo contrario estaban aseados y valientes. Además, Diaw era dueño y señor del tempo de juego.

La Roja no parecía estar en su mejor momento, con Marc Gasol desaparecido por completo, perdido en ataque y despistado en defensa. Pasaba por los problemas que Juan Antonio Orenga había avisado que llegarían. La habitual fluidez defensiva había desaparecido por completo. Y cuando adelante no se está demasiado lúcido, es necesario apretar los dientes atrás. Pero el nubarrón era de enormes dimensiones. Los puntos caían con cuentagotas y tras ataques poco hilados la defensa tampoco brillaba por su solvencia.

El desatino en los triples era especialmente sangrante. Hubo que lanzar en diez ocasiones para hasta que Calderón acertó con el primero. Habían pasado 18 minutos. La debilidad en el rebote comenzaba también a asustar. Los españoles estaban advertidos de que los rechaces iban a ser fundamentales y que había que limitar la capacidad del adversario de conseguir segundas opciones de tiro de esta forma. Pese a los avisos previos, dejaron escapar nueve balones bajo la propia canasta (25 a 13 a favor de los de Collet en rebotes totales en la primera mitad).

El 35-28 en contra era la mejor noticia antes del descanso. Dentro del desastre general, la distancia era salvable, aunque mucho tenían que cambiar las cosas y los de Orenga debían ponerse la capa de héroes que se habían dejado en el vestuario para no transformar el sueño en pesadilla. Hasta el momento, la afición había cumplido. Los jugadores no.

Gritos de «¡Orenga, dimisión!»

Primer ataque de España tras la reanudación: canasta de Pau. Primer ataque de Francia: posesión agotada. Segundo ataque galo: balón perdido. Tercer ataque: posesión agotada. Así sí. Se seguía sufriendo en ataque, pero la defensa (y la grada) ponían la primera piedra de la reacción (35-34). Casi tres minutos y medio le costó a los franceses estrenarse en la segunda mitad. A la espera de encontrar la claridad ofensiva, comenzaban a aparecer los brotes verdes.

Con empate a 39 se produjo una jugada que pudo resultar decisiva para el transcurso del partido. Un enfrentamiento entre Llull y Pietrus acabó con técnica a ambos y falta antideportiva a Gelabale. Pero España sólo sacó un punto de renta de tanto lío. El choque estaba para mantenerse igualado y tenso hasta el extremo.

No había ningún ataque claro en ninguna de las dos canastas, por lo que resultaba imposible que el encuentro se rompiera por algún lado. La conexión Sergio Rodríguez-Rudy funcionó por una vez y el mate del escolta madridista se vio acompañado por un gran tapón de Pau que permitía cerrar el tercer cuarto con una mínima renta (42-43).

Tocaba intriga en la última sesión. Y Francia parecía el protagonista de la película, el que al final se salva. Sobre todo, tras el triple del pletórico Diaw, que daba seis puntos de ventaja a los suyos. Una eternidad en los números en los que se estaba moviendo el partido. El problema se veía también en las caras de los españoles. Constreñidos, aparentemente superados por la presión que querían convertir en ilusión. Pau se echó el equipo a la espalda, pero la actuación más coral de Francia bajo la batuta de Diaw sonaba mejor que la solista del 4 español (57-52, minuto 38), pese a los gritos del «Sí se puede» de la grada.

Un triple de Heurtel daba la puntilla final a La Roja y, posiblemente, a la generación de oro del baloncesto español. Triste despedida para el sueño del oro, que acabó convertido en la peor pesadilla entre gritos de «¡Orenga, dimisión!». «No hemos preparado bien el partido», se quejó Navarro ante las cámaras de televisión nada más abandonar España un campeonato sellado con un fracaso histórico.