«Hermanos para siempre»

Premio bomba. Momento en que los ganadores conquistan el bote. / EC
Premio bomba. Momento en que los ganadores conquistan el bote. / EC

Valentín Ferrero se propuso formar un equipo para ganar «el máximo dinero posible». El resultado, 'Los Lobos' de '¡Boom!', que se hicieron con un bote de 6.689.700 euros

JULIÁN ALÍA

No buscaba salvar el mundo, aunque sí tenía que ver con desactivar una bomba. Una gorda. Ahora, con la explosión final detenida, tras 505 intentos fallidos y dos años y casi dos meses de esfuerzo, Valentín Ferrero confiesa que «la intención desde el primer día era ganar el máximo dinero posible». Y han sido 6.689.700 euros. Fue la propia mujer del exprofesor universitario de Arte de Alicante quien tuvo la idea. A partir de ahí, empezó a reunir a su propio equipo de 'Vengadores'. Instado por la 'Nick Furia' española, Valentín puso todo el empeño para lograr su cometido, convertido en una especie de Tony Stark, pero sin un traje fantástico ni con semejante poder adquisitivo.

Ese fue el origen del nacimiento de 'Los Lobos', los cuatro tipos que han cautivado a la audiencia de '¡Boom!', el concurso de Antena 3 que firmó el pasado lunes su emisión más vista en los últimos quince años, con 4.272.000 espectadores y un 28% de cuota de pantalla. Un grupo con aspiración de emular la hazaña de los 'Rockcampers', unos amigos de Valladolid y Soria que se llevaron 2.326.500 euros del mismo programa en junio de 2016. Siguiendo sus pasos, 'Los Lobos' grabaron cuatro programas dos días a la semana durante más de dos años. Y el pasado 20 de junio ocurrió. La bomba no estalló. «Yo eso quería vivirlo. Un programa en el que no explotara. Ya incluso por una cuestión estética más que por el bote», recuerda Valentín Ferrero. Porque, una vez metidos en la dinámica televisiva, solo eran capaces de pensar en «acertar preguntas y hacer unos programas bonitos, que quedaran bien».

Todavía no ha bajado de la nube. Ni quiere. Sintiéndose «un privilegiado», el doctor en Bellas Artes cuenta que en este tiempo ha manejado más de «mil documentos»; que se encargaba de repasarlos en el tren, mientras viajaba a las grabaciones; que elaboraba «listas sobre inventos ingleses, alemanes, franceses, producciones de países, banderas...». Llegó a ver «preguntas por todas partes», pero eso ya es pasado. El presente se sustancia en la admiración colectiva por su buen hacer -«debe de ser eso que llaman magia», anota-, un cheque con siete cifras y una convicción: los cuatro 'lobos' serán «hermanos para siempre».

Valentín no tiene «ninguna intención de volver a concursar». No se le ocurre «un programa mejor», ni así, a bote pronto, en qué utilizar el dinero ganado, más allá de adquirir un piano y aprender a tocarlo en condiciones. De momento, tampoco tiene pensado ponerse a trabajar de nuevo. Pero, antes de llegar a este punto, repasemos cómo empezó todo...

Con el estímulo de su mujer rondándole en la cabeza, Valentín tuvo clara su primera llamada: «Erundino tenía que estar». Había coincidido con este ingeniero de montes de Guadalajara, apellidado Alonso y residente en Alcalá de Henares, en 'Saber y ganar'. Allí compitieron el uno contra el otro, pero sintonizaron y se hicieron amigos. «Conocí de primera mano lo fantástico que es». También sus rivales en '¡Boom!', así que pronto se convirtió en el objetivo de los equipos rivales del programa, que a la mínima oportunidad intentaban eliminarlo para poner contra las cuerdas a 'Los Lobos'. La respuesta que abrió el bote salió de su boca.

«No quería que la última fuese una pregunta fea. Y la verdad es que fue superbonita», recordaba ayer el ingeniero Alonso, tras tanto tiempo de «'luchar' contra los guionistas». «Llegó un momento que veíamos la vida en términos de preguntas. Pero, al final, la mayoría de las cosas no son preguntables. Y en el resquicio de las impreguntables y las imposibles, están las bonitas», comentaba. Se extendió así: «Qué palabra bonita: Botnia, el golfo del mar Báltico situado entre Suecia y Finlandia». La que le ha hecho entrar por derecho en la historia de la televisión. Bueno, a Erundino y a sus tras compañeros de aventura.

El cerebro de Erundino aparenta casi tan inabarcable como la Wikipedia. Le encanta «saltar de enlace en enlace»; puede empezar «por Jacobo I de Inglaterra» y acabar «en Audrey Hepburn»... Para poder participar durante tanto tiempo, reconoce que ha tenido que «hacer encaje de bolillos». Que solo fue posible porque «había un tren que salía por la mañana a las seis y cinco de Barcelona y paraba en Guadalajara» y porque consiguió encadenar guardias en su trabajo cuando no tenía grabación para acumular días libres.

Mitología nórdica

En aquellos viajes a Barcelona fue cobrando cada vez más fuerza el rito del «punto de Fafner». Consistía en darse «tres golpes en la espalda», algo que solo pudo verse a través de la pantalla en el último programa. Era su signo de «activación, de concentración absoluta», y tiene su origen en la historia de Sigfrido, a quien, cuando se baña en la sangre del dragón Fafner «para conseguir la inmunidad frente a todo tipo de males, se le pega una hoja de tilo en la espalda, y es la única zona de su cuerpo que resulta vulnerable». Algo similar a lo que le ocurrió a Aquiles en su talón, o al propio Erundino con los 'Pokemon', porque hay «barreras infranqueables». Pese a que le encanta su profesión, haber desactivado por fin la última bomba le hace «replantearse muchas cosas». Confiesa que se encuentra en tiempo de reflexión, sin adoptar todavía decisiones firmes respecto al futuro.

Tras Erundino, Valentín veía como segundo candidato propicio para formar piña y probar fortuna a Antonio Ruiz, con quien también coincidió en 'Saber y ganar'. Pero Antonio optó por 'Pasapalabra', y la verdad es que tampoco le fue mal: se acabó llevando el rosco. La entrada de Manuel Zapata se produjo porque una compañera común entre él y Valentín no podía. El administrativo y crítico de cine de Tafalla tuvo «muy buenas sensaciones» tomándose con ellos «una cerveza en una terraza antes del 'casting'» y se subió al carro. «'¡Boom!' me ha enseñado a sonreír», se sincera este hombre que se declara «una de las personas más tímidas del mundo». Ya metido en harina, acabó interiorizando la necesidad de decir «fuera miedos, fuera tonterías». Erigido como portavoz del grupo, Manu fue «incapaz de procesar» la última pregunta, y con otra pregunta formuló su respuesta: «¿Botnia?». Fue lo único que salió de sus labios antes de que el plató se llenase de confeti.

En sentido literal, Zapata no soñaba con ese momento. Prácticamente, solo se veía acertando la cuestión número 15 cuando estaba en la ducha. Una especie de fuente de inspiración para él, y donde muchas veces se le ocurre cómo arrancar la crítica semanal de cine que realiza. Como Valentín, desde el primer día hasta el penúltimo, engordó un archivo de notas en el móvil llamado 'apuntes'. En él añadía toda la actualidad que transcurría entre un programa y el siguiente. Ya puede borrarlo. Ahora, «con tiempo y tranquilidad», quiere elegir algo que le guste, que le llene. El dinero conseguido es «un colchón importante», pero no da para jubilarse. No le importaría acabar siendo guionista, ya que siempre se ha considerado «un tío creativo», pero las únicas ofertas de trabajo que le han llegado en este tiempo han sido «para hacerlo gratis».

Con «gayumbos verdes», que siempre reservaba para el primer día de grabaciones, al igual que los negros para el segundo, al más supersticioso de 'Los Lobos' se le olvidó mostrar la pulsera que guardaba en un bolsillo como amuleto. Algo que tenía pensado desde que arrancó su andadura, en mayo de 2017, pero, cuando el número 15 se puso en verde, «cualquier fantasía desapareció».

Mucho después de aquel día, del que hace ya más de dos años, es cuando aterrizó en el concurso Alberto Sanfrutos. El maestro jubilado de Úbeda (Jaén) había decidido no volver a participar en un formato televisivo tras su paso por 'Saber y ganar', hace ya 21 años. Sin embargo, recibió una «oferta irrechazable». El ganadero de Casillas de Flores (Salamanca) José Pinto había sido también una de las primeras opciones de Valentín. Se había fijado en él por la cantidad de programas que permaneció en 'Saber y ganar'. Y, para dar fe de ello, aguantó 373 entregas con el resto de 'Los Lobos'. Su participación ha sido recordada por todos, en especial por el que montó el equipo. Autodenominado «tímido patológico», Valentín explica cómo José, «un animal televisivo», fue quien le enseñó «los códigos de la tele y le abrió las puertas». Pero abandonó por «motivos personales» y, lamentablemente, falleció unos meses después de un infarto.

El propio Alberto Sanfrutos reconoce que al principio era «muy soso» y que tenía por delante la difícil tarea de suplir a José, «todo energía y vitalidad». Pero, aún así, salió de su «'beatus ille'» (lugar idílico) particular. Asegura que no se preparaba de manera especial para los programas, aunque sí repasaba la actualidad e intentaba salvar las lagunas que podía tener en su cabeza. «Eso es un bagaje que tú tienes, y en el que muchas veces te asombra cuando un dato, ese que no has tocado en cincuenta años, te aparece», como le ocurrió con el cantante Bobby Vinton en una de las últimas bombas. Alberto, que ya estaba jubilado, explica que tiene pensado seguir su vida como hasta ahora; con su mujer, que trabaja «en la consejería de Justicia de Andalucía», y sus hijos, «que están los dos parados». Pero con una ayuda extra con la que va a intentar «encarrilarlos un poquillo», porque «todavía no han arrancado».

euros 'limpios' es lo que se llevarán aproximadamente cada uno de 'Los Lobos' una vez descontados los impuestos estatales y del tramo autonómico. Supone un mordisco de casi el 48% sobre los cerca de 1,7 millones brutos que corresponden a cada uno de los concursantes.