La balada neerlandesa de Duncan Laurence gana Eurovisión 2019

Duncan Laurence.

El representante español, Miki, quedó en el puesto 22 con 60 votos

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

Duncan Laurence, de 25 años, con su tema 'Arcade' se convirtió en el nuevo ganador del micrófono de cristal más deseado del mundo. El representante de Países Bajos venció en Tel Aviv y se llevó la edición número 64 de Eurovisión con 492 puntos, seguido del italiano Mahmood (465) y del ruso Sergey Lazarev (369). Miki Núñez con 'La venda' consiguió 60 puntos, gracias al televoto (53 puntos). Solo los jurados profesionales de Bielorrusia (seis puntos) y Rusia (un punto) se acordaron del artista español, que sumó un punto menos que Amaia y Alfred el año pasado en Lisboa aunque ganó un puesto (22) y repitió el de Barei en 2016.

El vencedor que se decidió gracias a los espectadores, ya que Laurence se había visto superado por Macedonia del Norte y Suecia en la votación de los jurados profesionales de las 41 televisiones. Laurence pone fin a 44 años de sequía de victorias 'naranjas', desde que venciera Teach-In con 'Ding-a-Dong' en Estocolmo. Es el quinto triunfo neerlandés en la historia del concurso.

La gala del concurso de televisión más famoso del mundo comenzó por todo lo alto. Las autoridades israelíes tenían claro que el evento musical -seguido en todo el mundo por más de 250 millones de televidentes- tenía que ser una muestra de la cara amable del país. Y así lo fue. La presentación fue sencillamente espectacular con tres de las cantantes más importantes del país anfitrión: Nitta, ganadora el año pasado en la Lisboa de Salvador Sobral gracias a su 'Toy': Dana International, que interpretó su archifamoso 'Diva' con el que triunfó en 1998 en Birmingham e Ilanit, la primera representante de Israel en Eurovisión, interpretó su canción: 'Ey Sham'.

Después, los nervios. Una final con 26 participantes que abrió Malta y cerró Miki con mucha alegría y desparpajo. Una actuación perfecta para cerrar la gala y abrir las votaciones, donde el artista de Terrassa realizó un gran derroche físico sobre un escenario lleno de color y con una 'casa' que parecía un mueble de una conocidísima cadena multinacional sueca. Una interpretación que Miki cerró con un abrazo con sus bailarines. Estaba emocionado. Al igual que el representante israelí Kobi Marimi, que acabó llorando tras interpretar 'Home'.

El cantante local fue el decimocuarto en salir al escenario de Tel Aviv, plagado de banderas de numerosos países europeos, israelíes y arcoíris. Un manto multicolor y diverso como las canciones del concurso que fue de menos a más, para terminar con los temas más discotequeros. En esa primera parte, actuaron dos de los favoritos: el sueco John Lundvik y Laurence. Dos actuaciones impecables y con una puesta en escena de las más sobrias. El primero sacó todo el partido a 'Too Late for Love', un tema soul acompañado de un pequeño coro gospel; el segundo, más intimista, demostró sus cualidades con 'Arcade' y sin estridencias. «Mi adolescencia no siempre fue fácil. Solían acosarme mucho porque era gordo, feo y gay, llevaba ropa y gafas absurdas», señaló durante estos días en Tel Aviv quien sería el ganador gracias a su voz y el único acompañamiento de su piano.

Antes, habían pasado por el escenario el buenrrollismo checo de Lake Malawi, el multiplicado Sergey Lazarev (de Rusia) gracias a los hologramas o la danesa Michela Pace, capaz de cantar en su idioma materno, alemán, francés e inglés, el idioma más usado en Eurovisión. No es lo que hicieron los inclasificables islandeses Hatari o el italiano Mahmood, que con su 'Soldi' lleno de hip-hop Tel Aviv. Estuvieron en la segunda parte de la gala, al igual que el azerí Chingiz, que con sus robots y 'Truth' convirtió a Azerbaiyán en uno de los favoritos. Aunque la puesta en escena más espectacular fue la de la australiana Kate Miller-Heidke, que 'voló' con su ópera pop 'Zero Gravity'. Sin embargo, no fue suficiente para ganar.

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