«Los teatros sólo quieren estrenos. La cultura se ha vuelto de usar y tirar»

El dramaturgo Jacobo Julio Roger. / germán lama
El dramaturgo Jacobo Julio Roger. / germán lama

El dramaturgo valenciano, ganador del premio Teatroautor Exprés de la SGAE, demanda «mayor compromiso a la Generalitat» con el sectorJacobo Julio Roger Director artístico

Sara Roqueta
SARA ROQUETA

Hay historias que deberían ser contadas. Mucho antes de que baje el telón o las cortinillas. Esas bajo las que se ocultó la relación próxima entre Primo de Rivera y García Lorca. Un relato que caló hace ya diez años en el director Jacobo Julio Roger con el que ha logrado el premio Teatroautor Exprés, que otorga la Fundación SGAE, con la su obra 'José Antonio y Federico'. Se trata de una pieza sincera en la que «nada es realmente lo que nos han contado».

-Con 'José Antonio y Federico' ha conseguido que su trabajo sea reconocido por la Fundación SGAE. ¿Qué implica este premio en su trayectoria artística?

-Estoy muy contento. Llevo como 15 años en la dramaturgia y el primer reconocimiento siempre hace mucha ilusión. He estado unos 10 años dándole vueltas a esta historia entre José Antonio y Federico porque quedé fascinado cuando la conocí.

«Hacer teatro hoy en día es un acto heroico. Las propuestas nacen gracias a nuestro empeño»

-¿Como esos relatos que atrapan desde su primera lectura?

-Exacto. Y ya no puedes parar. Así fue. Ellos se conocieron en 1935, antes de que estallara la Guerra Civil. José Antonio admiraba a Federico. Quería que fuese el poeta de Falange. Como no podían ser vistos en público, su relación se limitaba a dar vueltas en taxi por Madrid, con las cortinillas bajadas.

-Una vez que la historia ha calado, ¿cómo construye este texto teatral de dos figuras tan diferentes ideológicamente?

-He pasado dos años investigando y reescribiendo el texto. Una y otra vez. Finalmente he descubierto que ni uno era tan rojo ni el otro tan azul. Lorca era beato y José Antonio no era tan falangista. Esto me ha ayudado a entender que nadie es tan extremo. Nada es realmente lo que nos han contado.

-En esta obra ha llevado las riendas. Pero, ¿se encuentra más cómodo actuando sobre las tablas o dirigiendo entre bambalinas?

-Dirigiendo. Además, no podía entrar a actuar en esta pieza. Es muy complicado. Ahora, por ejemplo, sí que actuaré en una obra para Russafa Escènica, pero esto es ya por la precariedad.

-Formar parte de la colección homónima que edita la Fundación SGAE, ¿abre realmente las puertas a nuevas presentaciones?

-Estamos rehaciendo el dossier de la obra para ver si supone un espaldarazo. Pregunté a la organización si había dinero y me dijer on que era de prestigio. Estoy muy orgulloso, pero es cierto que faltaría un premio económico porque yo he estado a fin de cuentas dos años de creación y escritura. Además de una mayor difusión. Parece que creas un pieza y sólo la puedes presentar en una sala durante un fin de semana. Los teatros sólo quieren estrenos. Entramos en una dinámica en la que la cultura es de usar y tirar.

-Habla entonces de aumentar los tiempos de exhibición. Pero, ¿eso también debe suponer cambios desde las instituciones públicas?

-Desde luego. Falta un compromiso por parte de la Generalitat para que estas obras que han sido premiadas puedan verse en los teatros públicos. No se puede gastar una millonada en una producción pública y que se represente cinco días.

-El pasado junio catorce salas valencianas reclamaron al Ayuntamiento una apuesta clara con el sector privado de las artes escénicas. ¿Cómo se vive esta situación desde las compañías?

-Estamos también indignadas. Vamos a lanzar un manifiesto contra las ayudas que se han dado este año al teatro. Se ha dicho que se va a dar más apoyo a cada sala, pero a costa de quitárselo a las compañías. Al final, del presupuesto para cultura se reparten migajas. No es equitativo. Lo que damos no es solo ocio y diversión. La dramaturgia contemporánea y los nuevos lenguajes son educación. Pero yo conozco amigos que se dedican al arte que no llegan ni al día 10 del mes. Este país no cuida nada a nuestros artistas.

-Codirige Cabanyal Íntim, ¿cómo sobreviven los festivales de artes escénicas?

-Tanto el público como las compañías que nos apoyan son magníficas. Pero la situación es precaria. Este año hemos recibido 7.000 euros en ayudas de la Generalitat. Una noche de verbena vale ya 6.000 euros. Es muy triste. Mientras que nosotros ofrecemos una programación por más de una semana. Al final, hacer teatro hoy en día es casi heroico. Las propuestas nacen gracias a nuestro empeño personal.