Sotheby's vende por 6,3 millones 'Chica con pandereta', del valenciano José de Ribera

El retrato de José de Ribera subastado. / SOTHEBY'S
El retrato de José de Ribera subastado. / SOTHEBY'S

La obra de Diego Velázquez 'Amante del Vaticano' roza los tres millones

REDACCIÓN / EFEMADRID.

La sala Sotheby's de Londes vendió ayer por 6,3 millones de euros (5,7 millones de libras) 'Chica con Pandereta', una de las pinturas más célebres de José de Ribera, dibujante y grabador español del siglo XVII nacido en Xàtiva. Esta obra, fechada en 1637, representa a una joven que canta una melodía mientras toca con sus dedos una pandereta.

Otra de las piezas estrella que protagonizaron la subasta celebrada en Sotheby's fue 'Amante del Vaticano', el retrato firmado por Diego Velázquez de Olimpia Pamphilj (1591-1657), cuñada y amante del Papa Inocencio X -conocido como la 'Papisa'- que se subastó por cerca de tres millones de euros.

Así, el martillo cerró la puja en unos 2,78 millones de euros -2,89 millones con las tasas incluidas-, haciendo buena la estimación previa de la sala, cifrada entre dos y tres millones de libras.

Casi tres siglos ha estado en el limbo el lienzo pintado en Roma por Diego Velázquez y que encontró nuevo dueño en Londres. La 'Papisa' ('Papessa' en italiano) se apodó a esta dama de mirada inquisitiva que ejerció el poder en la sombra en un Vaticano plagado de intrigas y conspiraciones.

Sotheby's la presentó como una precursora de feminismo, «al controlar una de las instituciones más poderosas de la historia europea y en manos masculinas». «Ambiciosa, dominante y profundamente corrupta, fue la mujer más poderosa del siglo XVII en Roma», afirmaron los subastadores. Su biógrafa, la escritora Eleanor Herman, presenta a la concubina de Inocencio X como «la estrella del rock del Barroco».

Nacida en Viterbo, Donna Olimpia se casó y enviudó dos veces. Su segundo marido fue Pamphilio Pamphilj, hermano mayor del Carnal Giambattista Pamphilj, elegido en 1644 como el Papa Inocencio X, también retratado por Velázquez en una de sus obras más icónicas. Fue Olimpia una relevante e influyente figura en la corte papal. Tanto, que ante la elección de Inocencio X el cardenal Alessandro Bichi declaró iracundo: «acabamos de nombrar a una Papisa».

Velázquez la retrató entre 1649 y 1650, durante su segundo viaje a Roma. Fue, aseguran los subastadores, «en un momento de genialidad» del pintor sevillano que produjo entonces algunas de sus más célebres obras maestras.

El primer propietario del lienzo fue el cardenal Camillo Massimi, nieto de la 'Papisa. Se sabía que fue adquirido por Gaspar Méndez de Haro y Guzmán, marqués de Carpio, que atesoró varias obras de Velázquez' entre las 1800 pinturas de su colección. En 1724 el lienzo estaba inventariado en la colección el cardenal Pompeo Aldrovandi de Bolonia y Roma.

Desde entonces se le había perdido el rastro y se suponía incluso que había sido destruido. Reapareció en los años ochenta del siglo pasado catalogada como anónimo de la Escuela Holandesa. Vendido bajo esa etiqueta, el lienzo llamó poderosamente la atención de los especialistas de Sotheby's en Ámsterdam, que comenzaron la investigación para determinar su autoría espoleados por una intrigante numeración escondida en el reverso de la obra.

El especialista James Macdonald sospechó enseguida que 'Amante del Vaticano' podía una de las escasas pinturas del «seguramente mejor retratista de todos los tiempos» que aún permanecían en manos privadas, suposición que corroboraron otros expertos en la obra del genio sevillano. Encargada por o para la propia Olimpia, el único retrato femenino pintado por Velázquez en Roma «representa a una mujer robusta y de marcada papada e irradia la habilidad única del artista para capturar y transmitir las personalidades de los representados».

Para Eleanor Herman, biógrafa de Olimpia Pamphilj y autora de 'La amante del Vaticano' ('Mistress of the Vatican'), fue «la mujer más poderosa y notoria de su tiempo». «Olimpia Maidalchini fue una estrella del rock del Barroco. Mujeres de todo el mundo católico se reunieron en Roma a las puertas de su palacio para vitorearla al paso de su carruaje. No podían creer que una mujer de orígenes modestos hubiese alcanzado estas alturas, dirigiendo la nación de los Estados Pontífices y de la Iglesia Católica, una institución en la que las mujeres no estaban autorizadas a tener ningún poder» dice la escritora estadounidense.