Vargas Llosa: «Ningún país se jode en un solo día»

El escritor y premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, en la presentación de su nueva novela 'Tiempos recios' /AFP
El escritor y premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, en la presentación de su nueva novela 'Tiempos recios' / AFP

El Nobel desnuda de nuevo los resortes del poder y narra cómo una falacia despertó al dragón procomunista que desangró América Latina

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

¿En qué momento se había jodido el Perú? Esa pregunta era la clave de 'Conversaciones en la Catedral', novela fundacional con la que Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936) impulsó la carrera que le llevaría hasta el Nobel. Nueve años después de conseguirlo, el escritor peruano-español se pregunta ¿en qué momento se jodió América Latina? Sobre esta cuestión bascula su nueva novela, 'Tiempos recios' (Alfaguara), título que toma de Santa Teresa para situar en plena Guerra Fría el descenso al abismo del subcontinente americano. Fue en 1954 cuando la CIA alentó y amparó el asesinato de Jacobo Árbenz Guzmán tildando de procomunista y diablo rojo al mandatario guatemalteco «que soñaba con llevar la democracia liberal y el progreso a su país».

Recrea en 'Tiempos recios' el magnicidio de Jacobo Árbenz en Guatemala, «un demócrata al que la CIA presentó como un diablo rojo en plena Guerra Fría

Aquel magnicidio nunca esclarecido despertó, según Vargas Llosa, al dragón del anticapitalismo y el procomunismo en el Cono Sur. Alentó el espíritu revolucionario en casi todo el continente e hizo que los barbudos de Sierra Maestra, con Fidel Castro a la cabeza, abordaran una asonada comunista de fatales consecuencias que tratarían de imitar muchos países americanos.

Si en 'La Fiesta del Chivo' desentrañaba Vargas Llosa los mecanismos de la feroz dictadura de Leónidas Trujillo en la República Dominicana, ahora se pregunta cómo Estados Unidos aplastó la emergente democracia que florecía en Guatemala con el gobierno democrático del reformista Jacobo Árbenz, y por sus terribles efectos de la falacia –'fake news', diríamos hoy–, en un continente con un grave déficit democrático. Lo narra en una novela de 352 páginas que se publica a la vez en todo el ámbito hispano, con una tirada inicial de 180.000 ejemplares y que presentó este martes en un multitudinario acto más propio de una estrella del rock que de un escritor.

«Ningún país se jode en un solo día, y menos un continente. Es un largo proceso y así ha sido en América Latina», dijo el escritor y académico, que, a los 83 años, no tira balones fuera y responsabiliza a los propios latinoamericanos de su desdichado destino. «El sueño de Bolívar fracasó ya en vida del Libertador. Sus lugartenientes querían ser dictadores. Con él nos liberamos de la colonia, pero establecimos dictaduras y terminamos arruinados, comprando armas para entrematarnos», lamenta. «Nuestra responsabilidad en el gran fracaso de América Latina es gigantesca», reconoce.

«Investigo a fondo par poder mentir con conocimiento de causa y fantasear con plena libertad» dice el narrador y académico peruano-español

Casi dos siglos después las cosas podían enmendarse con tentativas democráticas como las de Árbenz, pero irrumpió la implacable bota del presunto amigo americano y todo se torció de nuevo. «Esta novela muestra el horror y la barbarie de aquella América incendiada, un mundo injusto, sin libertad, algo apasionante para la literatura, pero insoportable para la ciudadanía», admite el escritor.

Como hizo en 'La Fiesta del Chivo, con la que esta novela conecta a través del sanguinario personaje de Johnny Abbes García, Vargas Llosa investigó «a fondo para poder mentir con conocimiento de causa» y «fantasear con plena libertad». Reitera que «no estamos ante una novela histórica» pero que «sí explica la historia y sus terribles consecuencias». «La historia impregnada de fantasía prevalece sobre los hechos históricos y los fija, siempre que no se mienta en lo fundamental, como hizo Tolstói en 'Guerra y paz', que está lleno de inexactitudes pero es muy verdadero». «El novelista debe ser totalmente libre para añadir y ocultar lo que le parezca», resume.

«Desde el punto de vista de la libertad es una obligación resucitar y reivindicar el gobierno de Árbenz en nombre de la democracia liberal, y dejar claro que no era comunista. Antes al contrario, fue un demócrata que quería sacar a su país de la era feudal y procurarle el progreso norteamericano que, paradójicamente, admiraba. Quería imitar al país que lo acusaba de ser agente soviético y que lo vio como un pretexto para invadir América», dice hoy Vargas Llosa de un mandatario «atractivo, respetable y simpático».

Fabula sobre una América «odiosa, detestable violenta» y muestra «su cara más antipática y retrógrada». Pero no es pesimista. «Hoy tenemos dictaduras ideológicas como las de Cuba y Venezuela, pero en la mayoría de los países americanos hay democracias imperfectas, impregnadas de populismo y corrupción, sí, pero perfectibles y que son las herramientas para progresar. Eso un gran avance», concluye el Nobel.

«También deseé el paraíso comunista»

Vargas Llosa era un joven con inquietudes políticas en 1954. El golpe del coronel Carlos Castillo Armas y el asesinato de Jacobo Árbenz cambiaron su destino, como el de América Latina. «Creó la imagen de EE UU como imperio avasallador que empujó a muchos jóvenes a soñar con en el paraíso comunista», dice. «Pensé entonces, como ellos, que la democracia era imposible. El papel de EE UU nos llevó a desear el paraíso comunista y causó un terrible retraso democrático del que ahora estamos saliendo. Se abrió un período de matanzas espantosas y de terrorismo hoy, por suerte, superado».