Santiago Posteguillo: «Los escritores siempre han sido una piedra en el zapato del poder. Son independientes»

Santiago Posteguillo: «Los escritores siempre han sido una piedra en el zapato del poder. Son independientes»
Irene Marsilla

El escritor valenciano presenta el martes en Aula LAS PROVINCIAS 'El séptimo círculo del infierno', donde habla de literatos malditos y autoras olvidadas

Noelia Camacho
NOELIA CAMACHOValencia

Escritores malditos y autoras olvidadas. El novelista valenciano Santiago Posteguillo (Valencia, 1967), reconocido autor de las famosas trilogías históricas sobre Trajano y Escipión, regresa a las librerías con 'El séptimo círculo del infierno' (Planeta), el tercer volumen de la saga que inició con 'La noche que Frankenstein leyó el Quijote' y al que le siguió 'La sangre de los libros'. Este reciente libro, que será presentado por el escritor el próximo martes en Aula LAS PROVINCIAS, devuelve a la actualidad a literatos como Carson McCullers, Imre Kertész o Rudyard Kipling sin olvidar a aquellas mujeres «ignoradas» como Doris Lessing, Concha Espina o Julia de Burgos. La cita será a las 19:30 horas en el Museo L'Iber de Valencia y, como en esta entrevista, el novelista valenciano promete descubrir aquellos secretos de la literatura que condujeron a muchos novelistas al séptimo círculo del infierno.

-Ha confesado que este tercer volumen de aquella investigación que inició sobre la literatura, 'El séptimo círculo del infierno', llega a las librerías por petición popular...

-Han ocurrido cosas muy interesantes. 'La noche que Frankenstein leyó el Quijote' y 'La sangre de los libros' empezaron a leerse en muchos institutos. Fue emocionante. Estaban muy pensados para atraer a la gente joven a la literatura. Y luego, muchos jóvenes 'booktubers' comenzaron a recomendarlos. Esto tiene un impacto muy grande. Por ejemplo, en México, 'La noche que Frankenstein leyó el Quijote' está por la quinta edición, en Colombia, que ya ha salido el libro, está el quinto en ventas. Estoy compitiendo con autores como Paula Hawkins. Están teniendo una aceptación muy buena entre los jóvenes.

-Supongo que eso debe suponer un gran impulso...

-En Medellín, por ejemplo, me comentaban que en un programa de reinserción en la sociedad de personas relacionadas con la violencia y el narcotráfico había utilizado estos libros de relato con estos jóvenes y habían funcionado muy bien. Algunos de ellos, incluso, van a ir a la universidad. Todo eso hizo que pensara en hacer otro libro de relatos como 'El séptimo círculo del infierno'. No sé si escribiré más. Con esto, quizás, cerramos el ciclo.

-¿Cómo hace un autor capaz de poner en pie trilogías de miles de páginas para condensar la historia de la literatura en unos pocos pequeños relatos?

-Lo cierto es que muchos de ellos podrían ser una novela. Lo que intento es que, a través del relato, jóvenes o clubes de lectura puedan recibir propuestas. También asusta mucho menos un texto de unas pocas páginas que una novela de mil páginas. Yo tengo el ejemplo de la universidad, en la que los relatos me sirven para explicar la literatura. Y funcionaba muy bien. Están dando mucho juego.

-Sus libros rompen con el mito de que los jóvenes no leen.

-Cuando se hacen generalizaciones hay que ser muy cauto. No se puede decir que la gente joven no lee. Si eso fuera cierto, el libro infantil y juvenil no funcionaría. Hay muchos jóvenes que leen muchísimo y otros muchos que no. Pero si para algo pretenden servir estos libros es para intentar repescar a estos futuros lectores.

-¿Los escritores son incómodos para el poder?

-Constantemente. ¿No hay escritores incómodos en China? ¿No los hay en Venezuela? ¿No los hay para el nacionalismo catalán? Siempre hay autores y autoras incómodos. Siempre han sido una piedra en el zapato del poder. Suelen tener la manía de ser independientes. Pueden ser como Mijaíl Bulgákov, el autor favorito de Stalin, que le envió una carta sobre la libertad de prensa en la que decía que «la lucha contra la censura y cualquiera que sea el poder que la detente, representa mi deber de escritor, así como la exigencia de una prensa libre». Todavía están intentando adivinar qué veneno utilizó el KGB. Hay que tener una gran personalidad para enviar algo que es tu sentencia de muerte.

-¿Aún hoy, en 2017, los autores siguen siendo críticos? Se dice que la sociedad está dormida, que no reacciona frente al poder, que no es crítica, que no se informa...

-Siempre hay una inercia de todos los poderes para adormecer a la gente, porque los transforma en súbditos manipulables, influenciables y poco exigentes. Es labor de los escritores y de los intelectuales en general el agitar a la gente y hacerles ver que hay que ser críticos. Pero es muy difícil remar contra corriente. Yo tengo una teoría paranoica en la que destaco el interés que hay en los poderes de reducir constantemente las asignaturas de Humanidades, empezando por Latín, Griego, Filosofía o Arte. Todo lo que haga pensar, que conduzca hacia la libertad de pensamiento, se va cercenando. Esto es la inercia de los poderes, pero nosotros, los escritores, debemos rebelarnos contra ello y hacerle ver a la sociedad que la mayor de las rebeliones es seguir leyendo y comprando libros.

-¿Y un escritor tiene que llegar hasta el séptimo círculo del infierno para renacer como el Ave Fénix y convertirse en un grande de las Letras? En el libro se narran historias muy duras, incluso algunas de autores que se salvaron gracias a la literatura...

-No, no es necesario. Pero sí hay ejemplos como el de Kipling, autor de 'El libro de la selva', que se refugió en la literatura tras la pérdida de su hija. Lo que el libro muestra es que muchos escritores y escritoras de todos los tiempos han sabido reconducir su dolor a través de la literatura. Y, encima, han transformado ese dolor en obras maestras. Pero no todo artista, aunque es una imagen muy romántica, es un atormentado. Cualquier persona feliz a lo largo de su vida va a tener suficiente dolor para saber lo que es el sufrimiento. Un periodista le preguntó a Nadine Gordimer, una importante escritora sudafricana blanca, que cómo podía crear esos increíbles personajes negros en sus novelas. Y ella aseguró que el escritor tiene la capacidad de la empatía. Ningún novelista tiene que matar para narrar la historia de un asesino. Queremos pensar que Agatha Christie no tuvo que asesinar a cien personas (ríe).

Irene Marsilla

-Si a todo eso le sumamos el hecho de ser mujer... En el libro recoge la vida de escritoras olvidadas. Y pone un ejemplo significativo: si Concha Espina no hubiera sido mujer sería una más de las galardonadas con el Premio Nobel. Pero hay muchas más...

-La mujer siempre ha tenido un sufrimiento adicional. El mundo es tremendamente desigual en cuanto al género. Quiero pensar en positivo y, en el mundo occidental, parece incuestionable que ha habido un avance. Hay juezas, hay vicepresidentas, hay arquitectas y en el ejército ya hay comandantes. Se está mejorando. Aún así, queda mucho por hacer. En el libro se cuenta una historia, la de la escritora nigeriana Buchi Emecheta, en la que se narra cómo su marido le quemó la novela delante de ella. Lo dejó, obviamente, y acabó siendo la autora africana más importante de la historia. Con este libro he intentado recuperar personajes de tradiciones literarias exóticas como el Caribe, India o África.

-Las autoras no son ni siquiera malditas, son, simplemente, olvidadas.

-Sí, son directamente ignoradas. Por ejemplo, hay muchas novelistas en lengua española como Julia de Burgos, una poetisa de Puerto Rico, que tiene textos tan buenos como Gustavo Adolfo Bécquer. Pero no la conoce nadie fuera de su país. Estas son cosas que duelen.

-¿Qué otras historias desconocidas pueden sorprender al lector que se acerque a 'El séptimo círculo del infierno'?

-Yo destacaría por lo que impresiona la de la escritora norteamericana Pearl Back. Porque es una historia de amor imposible con un poeta chino, que mezcla oriente y occidente. Es significativa por el hecho de que ella encontrara en la literatura la salida a su dolor y ya no parara de escribir hasta alzarse con el Premio Nobel. Ella, que amaba China, le decía lo que no quería oír el régimen comunista. Y luego, cuando regresaba a Estados Unidos, se le criticaba porque escribía de China. Ese es el eterno problema del escritor, que es independiente. Luego se ha reconocido que era la autora occidental que mejor ha sabido contar China.

-El KGB, la Inquisición, las dictaduras, el hambre, la censura, el exilio, la inmigración, las dictaduras... Todos estos temas han perseguido a los literatos a lo largo de la historia. Muchos de estos autores y autoras malditas se han visto abocados a estos infiernos. En pleno siglo XXI, ¿debemos darnos cuenta de qué poco hemos cambiado?

-Ahí tienes a Nicolás Maduro, a Kim Jong-un. No hemos cambiado. Es increíble lo que un pequeño grupo de personas puede hacer con un conjunto de gente manipulada. Tenemos que estar sobre nosotros y, generación tras generación, estamos en la obligación de luchar por los valores democráticos. Hemos tenido la fortuna de recibir de nuestros mayores una democracia, con sus errores y sus defectos, pero no nos podemos dormir. Nos toca luchar. Un ejemplo, los supremacistas blancos matando a una persona y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, justificándolo. Es que rascamos un poco y sale. Por eso, me duele mucho cuando algunos políticos juegan a la ruleta rusa. No entiendo el afán de volver hacia atrás en un mundo tan globalizado como este.

-Lo de Cataluña parece de ficción y nos vuelve a demostrar que, pese a vivir en 2017, no hemos aprendido.

-¿Cuál es la diferencia entre Venezuela y Cataluña? Que en Venezuela no hay papel higiénico y en Cataluña sí. En los dos ámbitos una parte de la población está quebrantando sus órdenes constitucionales porque les da la gana. No veo ninguna diferencia. Por eso, no hay que despertar ciertos monstruos. Hay que buscar formas de convivencia y llegar a pactos.

-Qué necesaria parece la literatura ante esos casos.

-Hay un libro, que se ha convertido en todo un 'best-seller' y que es una novela necesaria: 'Patria', de Fernando Aramburu. Cuenta muy bien lo que pasó en el País Vasco, da a diestro y siniestro y no se casa con nadie y deja a todo el mundo bastante tocado.

Irene Marsilla

-Sé que está inmerso en la escritura de un nuevo texto literario. ¿Nos puede avanzar algo?

-No puedo contar nada. Sí que se puede decir que es otra novela histórica de mil páginas. Intento que sea un solo libro, no una trilogía como las dos anteriores. Lo hago por una cuestión de contenido que se entenderá cuando se vea el título. Estoy muy contento, muy metido en la historia y creo que será 'mi' novela.

-¿Tendrá el sello Santiago Posteguillo, es decir, mezcla de rigor histórico y grandes dosis de entretenimiento?

-Sí. Tendrá mucho rigor histórico y un personaje del que estoy totalmente enamorado. Creo que la gente va a alucinar porque se lo voy a descubrir. Intentaba que estuviera para el otoño de 2018, pero va a estar complicado.

- No me resisto a preguntarle por la adaptación a la pequeña pantalla de la trilogía de Escipión después de que Mediapro se hiciera con los derechos. ¿Qué tal va el proceso?

-Se ha abandonado el proyecto. Tuvimos varios disentimientos con los guiones y no he renovado. O se hace bien o no se hace. El tema no ha avanzado. Entendía que había que recortar ciertos aspectos, pero añadir personajes a una historia que cuenta con cientos de protagonistas, no lo veía.

-¿Ha sido una cuestión del ego del escritor, del padre de la criatura, por no querer que se altere su obra?

-No, para nada. Yo creo que soy un autor muy cinematográfico, en mis novelas doy literatura y cine. No me considero un cineasta pero sí tengo muy claras ciertas ideas. Yo entendía que el lenguaje audiovisual es diferente, pero no entendí ciertos cambios. Eso se ha cerrado, me encuentro en alguna que otra negociación para otra serie sobre el proyecto que estoy realizando ahora, pero ya llegará. Sí que tengo claro que mis novelas son claramente pasto de televisión.