Max: «El dibujo encierra ya un significado, no necesita guion»

El dibujante Max. / lp
El dibujante Max. / lp

El artista presenta en la librería Bartleby de Valencia su nuevo libro, 'Rey Carbón', en el que «reflexiona a través del humor»

SARA ROQUETA VALENCIA.

Fiel a su pincelada fina y minimalista, el dibujante barcelonés Max, ganador en 2007 del Premio Nacional de Cómic, presentó ayer en Valencia 'Rey Carbón'. Una serie de viñetas con las que el autor cuenta el origen de la pintura.

-El cómic comienza y termina con el personaje Rey Carbón, pero ¿cuál es la historia que vertebra el libro?

-A partir de la fábula de Plinio, la obra representa una persona que dibujó sobre una pared el perfil de la sombra de otra persona. Dos prometidos, el chico se tiene que ir a la guerra y la chica descubre su sombra y la dibuja para guardar un recuerdo de él.

-Y en base a esta metáfora, ¿Cómo ha adaptado la historia al universo del cómic?

-Todo está situado en el territorio de pura ficción. El personaje principal, Rey Carbón, es una figura antropomorfa que vive en la altitud de unas montañas. Ahí es cuando nace el protagonista principal y descubre el dibujo. El resto del libro es el efecto que este hallazgo implica en el personaje. De repente no puede parar de dibujar y dibuja lo que conoce. Su limitado mundo de las montañas o de los cuervos que caza para comer.

-¿Qué novedades podemos encontrar en esta publicación en referencia a sus anteriores trabajos?

-La gran diferencia es la de trabajar en un guion sin la narrativa convencional. Ya había hecho historietas mudas, pero esta tiene 160 páginas, era un desafío totalmente. La manera de dibujar no es muy distinta de mis anteriores libros.

-El lector se encuentra ante una obra sin apenas texto, ¿cómo ha estructurado la historia para que sea comprensible?

-El cómic no tiene la narrativa esencial de planteamiento, nudo y desenlace. Es como un fluir de sucesos que, a partir de la invención del dibujo, va tocando otros temas laterales. Un hechizo visual que conduce al lector desde el principio hasta el final. Otra intención fue revelar que, cuando hablamos de guion y dibujo, no es que el guion sean las palabras y la imagen sea el dibujo. El dibujo en sí mismo ya encierra un significado. Todo se cuenta mediante imágenes.

-Excepto el final del libro...

-Sí, el desenlace es un poco metafísico, es como una especie de chiste. Una breve historieta a color, una broma con intención oculta. Hay algo que el lector tiene que desentrañar. Soy seguidor de Enrique Vila-Matas y, para él, lo ideal es que el lector pueda ser tan creativo al leer la obra como el autor lo es al escribirlo. Esa es mi intención, dejar al público a su aire para que se deslice por la historieta y vaya hilando cosas.

-¿Se podría decir que es un libro que incita a la reflexión?

-Es una obra reflexiva acompañada por el humor, que me parece imprescindible. También tiene un punto hipnótico que es muy agradable para el lector. Es muy fácil seducir al público y tenerlo enganchado hasta el final. Pero no lo he escrito con la intención de lanzar un mensaje unívoco y determinado. Lo contrario, que cada lector lo ramifique aportando su experiencia personal.

-Su dibujo es muy minimalista, de línea clara. ¿Huye de ese exceso de imágenes al que estamos sometidos?

-Puede ser. Cada vez he ido deslizando más mi manera de dibujar hasta llegar a una desnudez visual, que sé que a algunos les incomoda. Pero yo soy partidario del menos es más y, de hecho, está austeridad en las imágenes potencia su efecto visual.

-Además de la fábula de Plinio, ¿qué otras referencias artísticas inundan su obra?

-En el cómic intervienen temas aparentemente inconexos, pero que me han ayudado a hilar esta historia. El libro empieza con un personaje que tira de un hilo y tras él aparecen las imágenes y acaba con ese personaje tirando otra vez de él. Del mismo modo, Marcel Duchamp hizo la primera obra de arte de la historia que no era ni una pintura ni una escultura con tres hilos caídos al azar. He usado también esa técnica a mi manera con distintos ejes narrativos.

-Hay quien dice que es un gran momento en el apartado creativo, pero ¿cuál es la salud del cómic en España?

-Me parece la mejor situación que he visto en años. Se publican muchas obras interesantes. Hemos ganado a un número de lectores que no eran los de siempre. Gente que se ha encontrado con la multitud de temas en los que profundizan los cómics. Siempre teniendo en cuenta que estamos hablando del contexto de la cultura, en el que la salud es malísima. Es muy buena en cuanto a creatividad, pero es bastante penosa en cuanto a relevancia en el escenario social. Un hecho que se repite en todas las artes. Mi cómic es un ejemplo de ello porque también sufre ese abandona cultural.

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