Dulce Pontes: «Entiendo la música como un acto de libertad y expresión»

La cantante Dulce Pontes. /REUTERS
La cantante Dulce Pontes. / REUTERS

La artista, que hoy actúa en los conciertos de Viveros, acaba de trabajar con Morricone, del que dice haber aprendido «el equilibrio entre emoción y técnica»

Sara Roqueta
SARA ROQUETA

En 2017, una de las grandes voces de la música portuguesa, presentaba su doble álbum 'Peregrinaçâo'. Un trabajo en el que Dulce Pontes cantaba a Brasil, Italia, África e incluso España con temas conocidos como 'Puertos de Abrigo', 'La leyenda del tiempo' o 'Volver'. Su idilio con el país vecino, donde reconoce haberse sentido siempre muy acogida, no termina. La cantante llega hoy a Jardines de Viveros para presentar una gira con la que celebra sus 30 años de carrera musical. Una vez más lo hará con pasión, desplazándose libremente en «un viaje musical» donde recordará «todo lo vivido con el paso del tiempo».

–¿Con qué tipo de espectáculo celebra estos 30 años de trayectoria?

–Nunca hacemos un concierto igual. Eso es lo más interesante para mí y para el público. Habrá canciones del pasado, presente y futuro. Sonarán temas del último disco 'Peregrinaçâo', pero también presentaré canciones inéditas que estoy componiendo.

–¿Sonará esa música portuguesa que siempre le acompaña en su trayectoria?

–Por supuesto. Las flautas medievales siempre están ahí. Pero hay una mezcla entre diferentes nacionalidades. Sonoridades de España, Brasil, Italia o África. Además, nada está cerrado. Dentro de cada tema existe un espacio de improvisación para que los músicos también tengan la libertad de que, cada vez que salimos al escenario, las piezas suenen de manera distinta.

–Mientras que por un lado se levantan fronteras, los sonidos continúan inalterables. ¿Pasa la música por ese mestizaje entre diferentes culturas?

La música es la música. Hay que respetarla. Por ejemplo, la estructura del concierto de Aranjuez, que yo hice mía con una versión propia, es muy potente en sí por lo que dice, lo que te hace sentir. Es un arte que no debe de ser catalogado.

–Sin embargo, en muchas ocasiones le han etiquetado como cantante de fado...

–Sí. Exacto. Y no soy sólo eso. Soy fadista los lunes y viernes. Me gusta cantarlos, pero nunca grabé un disco únicamente de fados ni lo haré. Mi trayectoria ha sido siempre libre. No me interesa quedarme encerrado en un solo género. Por mucho que lo intenten. Entiendo la música como un acto de libertad y de expresión. Todavía quedan muchas posibilidades por explorar. Durante mi carrera he conocido a músicos impresionantes. Eso sí que acaba influyendo en mi trabajo de manera positiva.

–Muestra de ello es su reciente colaboración en la gira de despedida del gran compositor italiano, Ennio Morricone. 

–Sí. Trabajar con Morricone es impresionante. Es una alegría inmensa vivir cada concierto hasta la última gota de sangre.

–¿Mucha exigencia tras bastidores?

–Desde luego. Fuera y dentro de los escenarios. Es una de las intervenciones más exigentes a las que me he enfrentado en mi trayectoria. Disfruto mucho, pero a la vez debo mantener, como él me explica, ese equilibrio entre emoción y técnica. Es muy complicado no dejarme llevar por la pasión cuando interpretas piezas tan potentes. Pero no hay otra manera de hacerlo. Si te centras en la emoción no puedes interpretar correctamente los temas.

–Pero, si algo le ha acompañado en estos 30 años es la pasión por su trabajo.

–Sí, eso siempre ha estado ahí. Continuaré haciendo música con satisfacción y con entrega. No entiendo mi profesión de otra manera.

–En esta gira retrospectiva, ¿se sumerge también con nostalgia a sus comienzos como artista?

Me acuerdo con cariño de muchos momentos. No de una forma directa, pero sí todo lo que he vivido con el que paso del tiempo. O, por ejemplo, todo lo que aprendí con mis profesoras me trae siempre muy buenos recuerdos.