EL VALENCIANO TRIUNFÓ EN ARGENTINA

El equipo de hockey de San Juan gana el torneo nacional representando al centro que abrieron emigrantes de La Marina

EL VALENCIANO TRIUNFÓ EN ARGENTINA
Fernando Miñana
FERNANDO MIÑANA

Hace ya 23 años que viajé a Argentina con un grupo de pilotaris valencianos. Y quien diga, como el tango de Gardel, que veinte años no es nada, miente. Más cierto es que las nieves del tiempo platearon mi sien. Porque los recuerdos se difuminan y casi se han evaporado dos décadas después de aquel viaje emotivo e intenso.

Aquella expedición la auspició José Luis López, quién si no, en un tiempo en el que emprendió una carrera por todo el mundo rastreando los vestigios de viejas formas de jugar a pelota a mano, muchas de ellas a la usanza de los valencianos. Y aquella ruta de la pelota, como si fuera de la seda, nos llevó a unos cuantos hasta San Juan, a los pies de la imponente cordillera de los Andes.

Allí nos recibieron emocionados los valencianos, hijos y nietos de emigrantes, que habían creado un club social llamado Centro Valenciano de San Juan. Y allí estaba el único trinquete que existe fuera de la Comunitat Valenciana. Un recinto que conmovió, estando como está a 10.000 kilómetros de nuestra tierra, a los profesionales que fueron a inaugurarlo oficialmente. Recuerdo a Genovés, los hermanos Sarasol, Fredi, Pigat II, Oltra, José María... Vestidos todos ellos de blanco, con la faja correspondiente, como merecía la ocasión.

Yo tenía 26 o 27 años y viví aquella experiencia con los cinco sentidos. Hablé largo y tendido con los anfitriones. Los más mayores recordaron los tiempos difíciles en una zona donde abunda la tierra pero escasea el campo fértil y próspero. La añoranza de la terreta. El esfuerzo por mantener vivas las tradiciones. Y los jóvenes, orgullosos del valor de sus antepasados, muchos de ellos provenientes de La Marina, me contaron lo que a ellos, otra generación, les importaba. Que si Maradona, que si el rugby... Y me detallaron que allí había mucha afición al hockey patines. Y corrió la Quilmes y brindamos y hasta me lancé a bailar un tango con una lugareña de profundos ojos negros que, eso sí, aún recuerdo. Como recuerdo las risas del grupo divirtiéndose a costa de mi torpeza y mi atrevimiento.

De todo eso me acordé cuando leí la semana pasada que el Valenciano, el equipo que representa a aquel centro de San Juan, se había proclamado campeón de Argentina de hockey patines.

La noticia me revolvió. Me cogió de la solapa y me lanzó bruscamente hasta 1996 o 1997, no recuerdo ya bien, a aquel viaje fantástico donde aprendí que en diversos lugares de todo el mundo puede haber un grupo de valencianos. a quienes une poco más que la raíz, que añoran con fuerza su tierra.

Porque en el Centro Valenciano el trinquete fue languideciendo hasta acabar, como un feo improperio al romanticismo, en un triste almacén. Porque aquel viaje supuso un espaldarazo a la práctica de la pilota en San Juan. Como hacía Joaquín Gisbert, un pilotari de Tárbena, que llegó a aquel rincón preandino en 1949, con 30 años y una pilota de vaqueta en el bolsillo. Y en 2005, en un proyecto audaz, casi quijotesco, José Luis López volvió a rascarse el bolsillo para llevar hasta San Juan a Pigat II.

El de Genovés estuvo un mes instalado allí con la idea de poner en marcha una escuela de pilota. Para enseñar los conceptos básicos a futuros monitores y jugadores. Y Pigat II, un hombre con un corazón inmenso, se entregó a aquel propósito mientras detectaba a jóvenes, chicas y chicos, con maneras, con cierta habilidad para hacer el dau, con cierta coordinación para jugarla de rebote. Y así, satisfecho, con la semilla plantada, con un equipaje del Valenciano de hockey en la maleta, se volvió a Genovés.

El otro día me recordaba con pena que sus contactos allí le contaron que del trinquete solo quedan las paredes y que aquello, un recinto deportivo sufragado por los pilotaris valencianos en festivales benéficos, era ahora poco más que un trastero.

La pilota es solo ya un recuerdo de los viejos. Solo sobreviven las Fallas, que se celebran sobre todo el día de la semana fallera que cae en sábado. Y ese día se cuelgan banderitas, se cocinan suculentas paellas y algunas nietas y biznietas de emigrantes se visten de valencianas. Bueno, y el equipo de hockey, el Valenciano campeón, que viste con una camiseta de la senyera y luce un escudo que recuerda inequívocamente a Valencia y al Valencia.

Cada nueva generación es como una nueva palada de tierra sobre el trinquete. Hasta que un día, quizá, ya nadie sepa que es aquello.