Vacaciones emocionales

Beatriz De Zúñiga
BEATRIZ DE ZÚÑIGA

Siempre viene bien escapar de la ciudad, y mucho más en estas soporíferas fechas veraniegas. Huir de la rutina, de las facturas, de las cuentas con números rojos y de las interminables investiduras. Porque no hay crema más efectiva, revitalizante y nutritiva que un buen frasco de risas con las amigas. Hay que viajar más. Aunque por viajar entendamos cambiar únicamente de provincia. Emigrar emocionalmente y de forma temporal allí donde sólo crecen las patas de gallo por las desmedidas carcajadas y no a consecuencia de las malditas penas y desventuras diarias. Debemos practicarlo tanto como podamos. Hasta convertirlo en un deporte personalmente necesario. Hay que salir de la mal apodada 'zona de confort'. Ese lugar en el que, en realidad, sólo tiendes lavadoras, ordenas estanterías, trabajas, cocinas, barres y duermes. Tenemos que desertar, con la mayor asiduidad posible, de esta vida moderna saturada por las notificaciones en el móvil, las alarmas y los correos electrónicos (que siempre empiezan por 'urgente'). Aunque la fuga sea breve. Abandonar esas agendas y calendarios sobre la mesa que sólo nos obsequian con infatigables tareas y citas médicas. Y, sobre todo, debemos aprender a alejarnos de los problemas que ni son nuestros ni nos incumben. Porque, según el último barómetro del CIS, uno de cada tres ciudadanos está preocupado por la clase política. ¡Lo que nos faltaba! Hemos dejado de angustiarnos por nuestros cónclaves familiares para afligirnos por sus riñas electoralistas y partidistas. Nuestros nuevos dirigentes, en lugar de dejarnos disfrutar de las vacaciones y de los fines de semana, nos arrojan sus absurdas disputas a nuestras sobremesas. Y nosotros, ignorantes, las hacemos propias. A veces se nos olvida que están para solucionarnos parte de la existencia (pues para eso les pagamos) y no para amargárnosla. Aunque los que trabajamos con sus declaraciones no tengamos más remedio que atenderles. Saquemos sus contiendas de reparto de sillones de nuestras charlas, pues no son ni tan imprescindibles ni tan importantes. Porque llevamos ya más de tres meses sin Gobierno y esto amenaza con alargarse.

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Cis, Verano