EL TORNILLO

NACHO COTINO

Siempre han tenido los dirigentes mediocres para envolver su inoperancia los buenos resultados. Él se encarga, día a día, de restar importancia al césped para convertirse en triste protagonista de un vodevil que no puede terminar bien. Murthy se está inmolando literalmente y da la sensación de que lo hace con gusto, de que le falta un tornillo... De que le gusta interpretar el papel de dictadorzuelo déspota que se sienta en el palco imperial del Circo Romano y decide sobre la vida de los demás apuntado con su dedo pulgar hacia arriba o hacia abajo con la grotesca sonrisa de quien se siente superior a los demás. Pero creo, sinceramente, que Anil Murthy se ha metido en una guerra que nunca podrá ganar. Enfrentarse a la prensa le saldrá siempre gratis, al fin y al cabo no somos tan importantes y a quien su ego le haga sentirse importante anda muy equivocado. Pero el presidente circunstancial del Valencia ha empezado a pisar charcos de los que no va a poder salir tan airoso: desmantelar la grada de animación o enfrentarse a glorias del valencianismo a las que desprecia por desconocimiento y soberbia como Mario Alberto Kempes o Santi Cañizares pisoteando un proyecto loable como el de 'El Sueño de Vicky' ya no le va a salir tan barato. Y, por encima de todo, hay una batalla que nunca puede ganar por mucho que se proponga: Murthy se ha enfrentado a la gran afición del Valencia a la que pretende acallar y ese, aunque no lo crea, es un enemigo que lo terminará engullendo. No entenderé nunca porqué un presidente elige enemistarse con la afición desafiándola día tras día pero, lamentablemente, es la vía que ha elegido y tiene todas las de perder. El aficionado ya ha visto que este señor se ríe del valencianismo continuamente, se siente a gusto en la provocación y se ha planteado la presidencia como una representación de Ópera Bufa que entierra sus raíces en el odio a una afición que adoró a Mateu y no a él. El aficionado ha llegado a la conclusión de que a este señor -o lo que sea- el Valencia le importa un pito porque si le importase lo más mínimo en lugar de hacer callar a nadie pediría disculpas y abandonaría el cargo al ver el rechazo del que es objeto por la colección de faltas de respeto que viene protagonizando. Y esa guerra en la que se ha metido él solito por engreído y ególatra no la va a poder ganar.

La mala noticia es que el Valencia sigue estando en las manos de Peter Lim, a quien parece importarle todo todavía menos y que el asiático tirará a la papelera a Murthy como un kleenex usado cuando le parezca oportuno pero no podemos esperar que coloque en el cargo a nadie mucho mejor ya que no se ha preocupado jamás de saber qué es el Valencia.

Con todo este triste panorama... ¿Encima queremos que el fútbol brille en Mestalla? Sinceramente creo que, habitando ese lodazal, que Celades y la plantilla se puedan centrar en lo suyo como para ir ganando algunos partidos, aunque sea padeciendo, es casi milagroso.