SORPRESA, MÚSICA EN TELEVISIÓN

IKER CORTÉS

La 2 daba una alegría hace un par de semanas cuando anunció, casi por sorpresa -cómo me hubiese gustado estar en esas conversaciones, ¿habrá tenido que ver la pérdida de festivaleros en esta última edición en la decisión?-, que iba a retransmitir en directo algunos de los conciertos más importantes del festival Mad Cool. Por la parrilla de la segunda cadena pública desfilaron bandas clásicas del rock alternativo como Smashing Pumpkins y The Cure, y grupos refrescantes con algo más de pegada en la actualidad como Vampire Weekend. Al igual que sucede con gran parte de los contenidos del patito feo de RTVE, las audiencias no respaldaron la propuesta. La banda de Billy Corgan congregó sólo a 111.000 espectadores, mientras que Vampire Weekend tuvo que conformarse con sentar a 25.000 personas frente al televisor. Aun así, es loable y necesario que la corporación continúe apostando por los contenidos musicales de calidad y no solo a horas intempestivas.

Ahora que los buenos tiempos de 'Los conciertos de Radio 3' parecen haber pasado -apenas circulan grupos conocidos por el programa y el público en plató es, a menudo, cero-, que RTVE haya puesto en marcha 'Un país para escucharlo' o 'La hora musa', de la cual ya prepara una segunda temporada, con todos sus errores y aciertos, es digno de admiración. Y es que resulta sorprendente que, en un momento en que la música ha copado tantos espacios y está tan presente en nuestras vidas, no sólo a través servicios como Spotify o Apple Music, sino también de plataformas como YouTube, que incluso ha vuelto a poner de moda los videoclips, en la televisión, con la excepción de Movistar+, apenas haya huecos para algo que no sea un 'talent-show'. Claro que la música está presente en estos concursos, pero programas como 'La voz' u 'Operación Triunfo' ceden en realidad más espacio a otros asuntos, como la peculiaridad de los jueces, las relaciones entre los muchachos o la gracia ocurrente de algún 'coach'. En otras palabras, priman más la interpretación que el acto creativo en sí que debería ser la música. ¿Tan complicado sería montar, por ejemplo, una suerte de batalla de bandas que compongan sus propias canciones? Ahí dejo la idea.