QUÉ PASA CON CUATRO

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

Hoy es un día decisivo para Cuatro. Soy consciente de que con esta afirmación puedo parecer un tremendista. O Pedro Piqueras. Aunque son sinónimos. La cadena de Mediaset se enfrenta a sobrevivir o desaparecer definitivamente del mapa. Es un decir, que luego hay quien tiene más vidas que un gato, y si no que se lo pregunten a Pedro Sánchez. Entre Pedros anda el juego.

El canal no solo estrena programa (que es algo habitual, y más en Cuatro, puesto que no le funciona ninguno), sino que se enfrenta a la desaparición de sus informativos, planteando un modelo de emisora generalista a la que no estamos acostumbrados. El grupo deposita su confianza en Carme Chaparro para que reflote un barco a la deriva desde hace años. Pretenden ser fuertes en la franja de tarde y a partir de ahí estabilizar el resto de ofertas. El intento con Risto no funcionó y al nuevo espacio le va a tocar servir de impulso desde el mediodía, ya sin unos bloques informativos determinados en los que apoyarse.

La situación es crítica. Hay jornadas en que le cuesta llegar al 4% de cuota de pantalla en el total del día. En lo que llevamos de mes, La Sexta se distancia y está a punto de doblar su audiencia. Cuatro ha dejado de ser alternativa. Ese es el gran problema. La cuestión es si es posible que vuelva a serlo con la propuesta que hoy estrena.

La idea de 'Cuatro al día' es servir como magacín de referencia de actualidad, pero me pregunto si habrá alguien que acuda a esta opción para informarse cuando hay cadenas enfrente mucho más volcadas en este asunto. Para cuando el espacio de Chaparro comience Ferreras ya habrá acaparado la atención de todos los que quieran saber qué ha sucedido a lo largo del día. Y mientras tanto en Cuatro estarán emitiendo reposiciones y concursos. Así es imposible competir.

Posiblemente la cadena de Mediaset necesita una reestructuración más elaborada, que abarque toda la parrilla. Pero para ello debe decidir qué quiere ser. Es imposible conseguir un objetivo sin ni siquiera saber lo que se ansía lograr. Menudo marrón el de Chaparro.

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