Naturaleza humana

MÁS DURA SERÁ LA CAÍDA

El sexo furtivo, pagado o desviado es una de las constantes del comportamiento desde que tenemos noticia

VICENTE GARRIDO

Oxfam sufrió 1.200 bajas después de los escándalos sexuales de Haití; es algo que comprendo, pero en previsión de hechos parecidos en el futuro veamos cuál es el fondo del asunto. Esta ONG, como las otras que se distribuyen por el mundo para ayudar donde muy pocos se atreven a hacerlo (Cáritas, Médicos sin Fronteras, etc.), no están libres de que, entre sus miembros, desde los cooperantes de a pie hasta cuadros directivos, se incluyen personas de una dudosa moralidad, o incluso con hábitos o tendencias sexuales del todo reprobables (como la pederastia). El sexo furtivo, pagado (comprado, de un modo u otro) o desviado es una de las constantes del comportamiento humano desde que tenemos noticia. Si bien es cierto que la cultura ha sido fundamental en considerar la modalidad de la práctica sexual prohibida en cada época y en las comunidades o territorios del mundo, no es menos cierto que en todas ellas hay tabús, actos sexuales ofensivos, más o menos penalizados.

En otras palabras: siempre hay sujetos deseosos de obtener una satisfacción sexual clandestina, y utilizarán las oportunidades de que dispongan para lograr su propósito. Unos recurren a la violencia sexual pura y dura, pero otros se sirven de su cargo, poder o prestigio para lograrlo, dando protagonismo a la coacción psicológica. En estos meses hemos visto numerosas noticias de acoso y violencia sexual en el mundo del espectáculo, pero no deberíamos olvidar el panorama general: obispados, presidencias, consejos directivos y un sinfín de puestos de importancia se han perdido porque el titular ha buscado el sexo donde no debía. Las mujeres sin poder y los niños (de ambos sexos) son los principales damnificados de estos deseos prohibidos, aunque también hay hombres homosexuales (y en mayor número de lo que se cree; es una sospecha mía) víctimas de abusos, desde luego.

Se sigue de lo anterior que estas empresas no lucrativas no pueden ser una excepción, porque el corruptor o abusador sexual aprovecha cada intersticio de la empresa donde trabaja o ambiente en que se relaciona para calmar su pasión. Claro está: estas ONG's pueden tomar medidas más estrictas para supervisar a sus trabajadores y unos criterios más rigurosos para seleccionarlos, pero no es posible filtrar a todos los lobos; siempre habrá alguno que entrará en el corral. Que se lo pregunten a los soldados de Naciones Unidas y los quebraderos de cabeza que han dado por este motivo. Lo importante es que no olvidemos que tales acciones no pueden caracterizar a toda la institución. De lo contrario, ya no tendríamos ni iglesias, colegios, bancos y un muy largo listado de empresas y servicios. Exijamos trasparencia y vigilancia, pero no olvidemos que todos estos cooperantes llegan a dónde nadie se atreve a ir. No pidamos que sean ángeles de pureza todos ellos, es la naturaleza humana.

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