EL CONVENTO DE CELULOIDE

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

La mezcla de fama y dinero puede provocar derrapadas fruto de los caprichos que nacen de los pláceres cárnicos, artificiales. Cuando le reprocharon a Charlie Sheen su vida disoluta, contestó: «Gano dos millones de dólares a la semana, ¿qué quieren, que recé todos los días?». No, pero tampoco es preciso andar de juerga a todas horas.

El Hollywood de la época muda reveló su lado feroz cuando una fiesta del cómico gordinflas, ídolo de los niños, Fatty Roscoe Arbuckle. Una joven falleció durante una de sus salvajes orgías y al actor aquello le arrebató su trono. Los escándalos del Hollywood dorado ofrecieron miles de páginas de cotilleo. Errol Flynn, por ejemplo, se libró tras yacer en su velero con dos menores porque sedujo al tribunal. Pero mi caso favorito es de Lana Turner y Johnny Stompanato por lo que desprende de serie negra... Stompanato era un matón guapo, guardaespaldas del padrino de Los Ángeles Mickey Cohen. Mantenía una relación caníbal con la diva. Una noche, la hija de Lana le acuchilló hasta la muerte. Las malas lenguas aseguraban que fue la madre la que sujetó el cuchillo, pero le endosaron el marrón a la hija para generar simpatía entre el tribunal. Así fue y Lana Turner recompusó su carrera. La gente del cine suele opinar sobre guerras y líderes políticos, empleando un tono docto que linda con la censura, sin embargo rara vez ejerce saludable autocrítica. Ahora es Kevin Spacey el que se sienta en el banquillo por cuestiones de acoso sexual y no sabemos qué pasará, pero sospecho que ya le han condenado. El talento de Spacey frente a la moralina de las almas hipócritas que te mandan al exilio sin conocer la sentencia. Hollywood nunca fue un convento de personas pías dedicadas a los ejercicios espirituales. Ya lo apuntaba Charlie Sheen...