LO QUE MOLESTA ES EL EJÉRCITO

El general Varela Salas durante la jura de su cargo en Capitanía General./Irene Marsilla
El general Varela Salas durante la jura de su cargo en Capitanía General. / Irene Marsilla
Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

La izquierda radical y antisistema en combinación con el nacionalismo más rancio y xenófobo logran de vez en cuando imponer su agenda al conjunto del tripartito. Socialistas y podemistas moderados (que los hay, aunque cada vez pintan menos) se ven arrastrados por la demagogia y las ocurrencias de 'hooligans' que parecen cortados por el mismo patrón que Quim Torra, como Carles Mulet o Josep Nadal, uno de los firmantes de la iniciativa de Compromís aprobada ayer en una comisión de Les Corts para «desmilitarizar» el antiguo convento de Santo Domingo, propiedad del Ejército desde hace más de ciento setenta y cinco años. La excusa para conseguir que el conjunto arquitectónico sea cedido al Consell es que de esta forma se garantizaría el acceso del público (pese a que ya es posible) y se protegería mejor un patrimonio histórico de incalculable valor (que en líneas generales, ha sido restaurado escrupulosamente). Además, se recuerda que la primera piedra del convento de Predicadores la puso Jaime I en 1239, al año siguiente de la conquista de Valencia, y que en su interior se celebraron algunas sesiones de las Cortes forales. Pero todo ello son simples anécdotas que no pueden ocultar la razón auténtica que mueve a los proponentes y que no es otra que la de desalojar a los militares del recinto, sacar al Ejército y arriar la bandera de España que ondea sobre la plaza de Tetuán, en pleno centro de la ciudad. No hay que olvidar que València en Comú -la marca municipal de Podemos en el cap i casal- protestó por la presencia de las Fuerzas Armadas en un stand de la feria Expo Jove, en línea con los desplantes de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, hacia los mandos militares. O que el concejal de Movilidad, el también compromisero Grezzi, ha levantado toda una batería de marquesinas de la EMT delante de la fachada del monumento que ahora tanto dicen querer recuperar y mostrar al público. En definitiva, lo que estorba es el Ejército como símbolo de la unidad de España y de la defensa del orden constitucional, como expresión de unos valores que a nacionalistas/separatistas y a la izquierda radical y antisistema incomodan. Lo sorprendente es que el partido que más tiempo ha gobernado España en democracia -el PSOE- entre al trapo y se deje embaucar por sus socios, aunque, insisto, pretenden disfrazar la nueva ofensiva identitaria como una intervención de recuperación del patrimonio. Sorprende casi tanto como la abstención de Ciudadanos, una formación que ha basado su crecimiento en las encuestas en su defensa sin matices de la integridad territorial y que ayer, una vez más, demostró sus inquietantes carencias de organización, su falta de cuadros en la Comunitat Valenciana, su inexperiencia, su sonrojante bisoñez.

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