DESPROPORCIÓN

La madre con sus hijos o la paciente con dolor no pueden entender que sea más urgente el interés de los telespectadores que los suyos

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Madre soltera con dos niños. 400 euros de sueldo. La Generalitat le niega la beca de comedor. Paciente de la Unidad del Dolor de un hospital valenciano. Espera de varios meses por jubilación del médico. El día que por fin le dan hora tiene 47 personas antes que ella. Afortunadamente ninguna de las dos ha leído las declaraciones de Empar Marco diciendo que «el servicio de los medios es tan necesario como la Educación o la Sanidad» porque ni la angustia de una ni el dolor de la otra pueden nunca equipararse a la ausencia de Canal 9 durante los meses que ha estado apagada. No seré yo quien niegue las bondades de los medios públicos cuando me quejé en esta misma columna del cierre de Canal 9, pero comparar el servicio de una televisión con la atención a los pacientes o con las ayudas a familias vulnerables para la educación de sus hijos es, cuanto menos, desproporcionado. La comparación en origen es abstracta y parece incluso razonable porque se refiere a los derechos ciudadanos, pero en la práctica es perversa porque es real, con nombres y apellidos, con casos que tienen rostro y muchas lágrimas de madrugada. Y porque cada euro destinado a la tele pública no ayuda a sustituir a un médico jubilado, a adelantar listas de espera o a garantizar becas a quienes recurren a los vecinos para que el niño tenga sus vacunas. Desproporción es la ayuda que no reciben estos valencianos frente al pozo sin fondo de una tele, hoy irrelevante, que quiere más. Es verdad que los medios de comunicación públicos son un servicio a la comunidad y cumplen una tarea social importante como es la vertebración del territorio y la difusión de la lengua y la cultura propia pero las oportunidades que una sociedad como la valenciana tiene para lograr ambos propósitos son múltiples y no pasan únicamente por À Punt. Esa es la gran diferencia con las oportunidades de una paciente valenciana para ser atendida de dolor crónico o una madre soltera para recibir ayudas con las que sacar adelante a sus hijos en el colegio. Ellas no tienen opciones. No pueden elegir ni siquiera entre público y privado porque no tienen recursos ni amparo de unas instituciones que llegaron al poder presumiendo de rescatar personas. En cambio, hoy por hoy los valencianos podemos conocer nuestra realidad a través de otros medios que incluso reciben subvenciones para hacerlo en valenciano. Subvenciones que se otorgaron para compensar la ausencia de Canal 9 y no se han suprimido ahora que existe su clon y que podrían derivarse a otros fines sociales más urgentes. Urgencia es la palabra clave para entender la desproporción. La madre con sus hijos o la paciente con dolor no pueden entender que sea más urgente el interés de los telespectadores que los suyos, porque objetivamente no se puede igualar sin faltar a la verdad y a la humanidad. Pero sobre todo a la honestidad política de quien presume de rescatar personas.