CON LA MUJER DE JESULÍN

Pedro M. Campos Dubón
PEDRO M. CAMPOS DUBÓN

Recuerdo como único momento divertido el ver a la mujer de Jesulín de Ubrique riendo con la esposa de Joaquín en la fiesta tras el título de Copa del Rey de 2008. Nada más. El resto de la noche tras vencer al Getafe en el Vicente Calderón hace justo 11 años fue casi un velatorio. El trofeo acabó expuesto lastimosamente en el hall del hotel donde cenaba el Valencia y allí algún periodista pudo hacerse una foto con él. Fue casi el único instante que apareció en público la deseada copa. El Valencia estaba abocado al descenso de categoría con un Koeman cada vez más enconado en una situación insoportable. El club había tomado medidas muy injustas por indicación de un técnico desnortado -apartar a Cañizares, Albelda y Angulo- y que jamás debería haber entrenado al Valencia.

Recuerdo que la llegada del técnico holandés se debió a una sugerencia del hijo de Juan Soler, como el expresidente alguna vez ha contado. Si esa es la valoración técnica para traer a un técnico, que venga Dios y lo vea. Menos mal que los futbolistas se autogestionaron, como reconoció Vicente en una entrevista en LAS PROVINCIAS, y se impusieron a un Getafe claramente inferior. Ante la situación liguera, con la soga al cuello, se decidió no celebrar nada y se privó al pueblo de una alegría. Al final se destituyó a Koeman, que en gloria esté.

Ahora llega una nueva oportunidad y los futbolistas deben aprovecharla, por ellos y por los sufridores seguidores blanquinegros. Enfrente estará Messi, pero este equipo tiene que ser ambicioso, tiene que luchar y tiene que buscar ese triunfo que viene persiguiéndose desde hace muchísimos años. Y llegados a este punto hay que darle las gracias a Mateo Alemany. Sin él todo esto hubiera sido imposible, más que nada porque Marcelino no sería en estos momentos el entrenador del Valencia. En caso de no estar este profesional del fútbol en el club, los dirigentes de Singapur, con total seguridad, hubieran cambiado al técnico ya. La presión de la grada era grande cuando los resultados no acompañaban y los inexpertos dirigentes no saben moverse con profesionalidad. Son tribuneros y no miden los tiempos del fútbol. Pero Mateo conoce de qué va esto y confiaba plenamente en un hombre que, a los hechos me remito, es consciente lo que lleva entre manos. Que tiene ataques de entrenador, sí, como la mayoría, pero que es un señor profesional, también. Como diría el gran Luis Aragonés, «nos han dado golpes por todos los lados, pero nos ha llegado el momento».

El Valencia no puede esperar más para levantar una copa. Lo necesita. Tanto como meterse en puestos de Liga de Campeones, ya que sin ese maná económico el futuro de este club se complica. Seamos ambiciosos, luchemos por todo. El que no lo intenta, no gana.