Un millonario en el Congreso

Pedro M. Campos Dubón
PEDRO M. CAMPOS DUBÓN

La gente se escandaliza porque un nuevo diputado del Congreso sea rico. Es Marcos de Quinto, de Ciudadanos. Tiene 53 millones de euros y un parque móvil de aquí te espero. Era uno de los tres directivos a nivel mundial que más ganaba en Coca-Cola. Pese a su extraordinaria posición en la multinacional, ha preferido servir a los españoles. Un triunfador en su vida laboral que algo sabrá para crear empleo, en gestionar equipos o qué medidas tomar para que la vida de las personas mejore. Pero nos ofende que tenga dinero -por cierto, hasta que salga alguno que lo cuestione, se trata de un pudiente honrado-. Aunque no presuma de ello. Queda mejor ser un mileurista que jamás ha tenido que pelear por un trabajo. De esos en el Congreso hay muchos. También en las Cortes Valencianas y en ayuntamientos importantes. Criados bajo el amparo de los cachorros de los partidos políticos. Sin ninguna necesidad de engordar un currículum con nuevos estudios o con cursos. Hay genios que sólo con saber medrar han ocupado cargos decisivos para el futuro de los demás. Pero la nueva política es esto. Gestos. Ha abandonado la meritocracia. Y las buenas formas. Hay que vestir de manera informal -en algunos casos hablar de informal es decir mucho-, hay que ser un experto en redes sociales y en los discursos, mejor cuanto más impactantes sean. Los grandes oradores de ideas constructivas han desaparecido. Llegará el día en que personas que han luchado toda su vida por culturizarse sean rechazados por los partidos políticos. Porque son aburridos. Porque no tiene imagen. Porque prefieren escuchar que hablar sin parar. La nueva realidad acaba reflejada en la contienda por repartirse cargos por encima de compartir programas. Pero lo grave es que un señor sea rico porque se lo ha ganado. Acabáramos.