EL MARATÓN, A POR LOS 30.000 CORREDORES

No hay muchos proyectos en Valencia con un éxito tan rotundo como la prueba de Correcaminos y Trinidad Alfonso

Fernando Miñana
FERNANDO MIÑANA

El pasado fin de semana salí varios días a correr por el bosque de La Mola, en Formentera. Eran las siete y media de la mañana y tenía para mí kilómetros de pistas forestales y caminos pedregosos. Solo me crucé con algún erizo y varios conejos asustadizos. Es la Formentera rural, no la de las playas despampanantes. Es el territorio de las higueras, los olivos y los pinos. Todo acotado por muretes de piedra seca.

El último día, harto de tanta cuesta, me tiré al asfalto, cruce las calles del Pilar de la Mola y, ya con el faro al fondo, me desvié a la derecha para ver el Molí Vell, un molino de 1778 que me gusta visitar cada año. Se llega a través de una pista de tierra, no demasiado irregular, así que me relajé, elevé la mirada y me puse a contemplarlo mientras solo se escuchaban mis pisadas. Pero entonces pisé una piedra y me hice el que espero que sea mi esguince de tobillo anual.

Volví cojeando durante casi cinco kilómetros y desde que llegué al chalet, con mi mujer y mis amigos, hasta que regresé a Valencia, todo el mundo me hace el mismo tipo de comentario jocoso que puede resumirse en uno: «Eso te pasa por correr». Yo ya no contesto. Pongo cara de tonto, esbozo una sonrisilla y me doy media vuelta. Porque, en realidad, lo que pienso es que prefiero estar un par de semanas cojeando que todo un año sin correr.

Allí, en la parte alta de Formentera, lejos, al fin, del monótono cauce del río, en Valencia, me sentía un hombre libre, feliz, ajeno a las preocupaciones laborales. Allí cobra sentido una frase de Kilian Jornet, el rebeco humano que asegura que correr es «buscar el animal que llevamos dentro». Y allá arriba, en la parte alta de la isla, con todo el monte para mí, me sentí tan salvajemente feliz que no hay lesión que me lleve al arrepentimiento.

Así ha sido siempre. Desde hace 35 años. Como cuando salía del chalet en medio de una 'ponentà' en Genovés y subía la montaña campo a través, dando saltos para salvar los pinchos que mordían mis piernas, sin conocer a muchas más personas que hicieran algo parecido.

Ahora, por suerte, eso ha cambiado. Ahora hay mucha gente que corre y, encima, en Valencia tenemos la suerte de contar con el mejor maratón de España y uno de los mejores de Europa y del mundo.

Esta semana hemos sabido que, a falta aún de cinco meses, ¡cinco!, el Maratón de Valencia Trinidad Alfonso ha agotado los 25.000 dorsales que había puesto en circulación. Unos días antes habían anunciado que apenas les quedaban unos mil y que en julio el precio iba a subir a 75 euros. Esto provocó un impulso inesperado que arrasó con los dorsales que quedaban.

Tener 25.000 inscritos te asegura rondar los 21.000 o 22.000 corredores que llegan a la meta, que es lo que cuenta. Y una de esas dos cifras, para dimensionar el descomunal éxito de Valencia, equivale a la suma de los 'finishers' de los maratones de Barcelona (13.500) y Madrid (7.800), unos 21.300 atletas.

Jesús Lagos, un experto en estadísticas aficionado al atletismo y a esto de correr, recordaba que hace solo diez años, en 2009, Madrid y Barcelona sumaban tres de cada cuatro corredores que participaban en uno de los cuatro grandes maratones españoles: los tres citados y Sevilla. Y que ahora Valencia se lleva el 41% del total.

Otro triunfo del tándem más exitoso del deporte valenciano, el que forman la SD Correcaminos y la Fundación Trinidad Alfonso. Paco Borao, la cabeza visible de la organización, asegura que crecerán más, hasta alcanzar los 30.000 inscritos. Valencia, con la irrupción de los apartamentos turísticos y la ayuda del aeropuerto de Alicante -desde allí las lanzaderas envían los corredores a nuestra ciudad-, todavía puede acogerlos a todos.

Aunque ya se han visto obligados, como venía suplicando este viejo periodista desde hace años, a suprimir el 10K que salía a la vez que el maratón. Ya no caben todos y es necesario concentrar toda la atención en la prueba que da sentido a la gran movilización que sufre la ciudad ese día.

Este año, el 1 de diciembre, se espera otro aluvión de corredores. Incluidos 40 procedentes de la Ciudad del Vaticano. Aunque este crecimiento imparable siga suponiendo un reto para los pilares de la organización: desde Elena Tejedor a Álex Heras. El sabio Juan Botella, mientras, se rasca la cabeza y piensa que esas 25.000 personas tienen derecho a pedir su talla exacta de camiseta y que habrá que contentarlos...