Influencers y referentes

Pedro M. Campos Dubón
PEDRO M. CAMPOS DUBÓN

Todos queremos ganar más y trabajar menos. Dedicarnos el mayor tiempo posible a la vida contemplativa. Pero para ello hace falta dinero contante y sonante. Los que ahora acceden al mercado laboral han encontrado un filón en el universo online. Personas envueltas en la tecnología que alimentan su vida con vídeos e imágenes, gente que desdeña la escritura, que asume que las faltas de ortografía son un mal necesario. No hace falta redactar bien en los ingentes mensajes de texto que cada día se envían a través del móvil. Así nos va. Eso sí, cuando quieren cerciorarse de que una noticia es verosímil acuden a los medios de comunicación tradicionales. Menos mal. Pero en este siglo de la inmediatez los referentes desaparecieron y emergieron los influencers. Muchos de ellos sin oficio ni beneficio pero con tirón mediático. Y las empresas los han bañado en oro. Viajan a lugares exóticos, tienen las piezas de ropa más exclusivas, están invitadas a las fiestas de postín y reciben regalos en casa. Todo por la cara. Sólo tienen que hacerse una fotografía y mostrarla en una red social. Plin. Caja. Tienen seguidores a porrillo. Ya nadie quiere ser bombero o veterinario. Quiero ser una celebrity. Que aporten ideas o reflexiones, eso ya da igual. Recogen planteamientos que son la fotocopia de la fotocopia del original. Y muchos suscriben las palabras de quienes no deben. Nadie aprende de ellos. Han desaparecido todos los referentes de verdadera grandeza. En esta época de vida la admiración, la emulación o la educación resulta cada vez más difícil. Los jóvenes no poseen en su conciencia nada que les haya sido transmitido por las generaciones precedentes y ellos no transmitirán nada a los que les vendrán después. Tampoco les importa demasiado. Su existencia es el aquí y ahora.