HUMORISTAS CONDENADOS

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDA

Las chicas de 'Las que faltaban' (el programa de humor femenino de Cero) regresaron el domingo a la parrilla entonando el 'mea culpa'. Thais Villas se puso seria para excusarse por un chiste sobre Ana Frank que realizó la youtuber Victoria Martín durante la primera temporada. «Me he dado cuenta de que las 'influencers' no existen de ahora, la primera fue Ana Frank, que es la Marta Carriedo del siglo XX», había dicho entonces la colaboradora. Las disculpas no fueron por la escasa gracia del gag, que podría, «sino por haber causado dolor». Cabe recordar que fue el diputado de Ciudadanos Juan Carlos Girauta el que puso el grito en el cielo con esta broma que calificó de cruel e inmunda.

Resulta curiosa la susceptibilidad de nuestros políticos con algunos comentarios y la tolerancia frente a otros. Porque tal vez Girauta podría haber reaccionado de un modo tan vehemente cuando su compañero de partido, Marcos de Quinto, calificó de «bien comidos pasajeros» a las personas a bordo del Open Arms. Y aquello no venía a propósito de ningún (desafortunado) chiste. O cuando líderes de otras formaciones, como Abascal, afirmaron que los inmigrantes venían a nuestro país «para robar a los españoles». Por no hablar de sus últimas declaraciones a propósito de las Trece Rosas. Representantes de izquierdas y de derechas suelen ser permisivos cuando los que están poco acertados son sus compañeros de filas y, sin embargo, se muestran vehementes ante lo que se desarrolla en otros terrenos como el del arte o la ficción.

¿Debe tener límites el humor? Es un debate que lejos de cerrarse se aviva cada día. Lo que está claro es que en la actualidad se condena con mayor celeridad y contundencia a un cómico poco inspirado que a un político que actúa de modo incendiario, lo cual tendría que darnos en lo que pensar. Podríamos hacer un recuento rápido de humoristas que han perdido su trabajo o les ha tocado explicarse por culpa de un tuit, pero nos costaría más localizar reacciones iguales en el caso de representantes institucionales que se hayan despacho con poca gracia por redes sociales o por otros medios.