Errejón. O no

Beatriz De Zúñiga
BEATRIZ DE ZÚÑIGA

Hace escasos tres días todavía me espantaba la idea de volver a votar. Pese a la importancia que supone poder hacerlo y cuantas más veces mejor. Afrontar, de nuevo, esa manida e insoportable expresión de «la fiesta de la Democracia», que últimamente sólo se encuentra en ciclo de resaca, me producía sopor. Me cabreaba enormemente pensar que la decisión manifestada ya en abril por los electores había sido ninguneada por aquellos que decidieron no trabajar en el único menester que les aguardaba sobre la mesa durante estos meses veraniegos: negociar. Ingenuamente defendí, hasta el último suspiro y plazo legal, que llegaría un acuerdo de esos que abren todos los digitales con un 'in extremis' a todo el ancho de pantalla. Pero no. Me equivoqué. Sin embargo, este error de cálculo analítico-político está resultando ser más gratificante de lo inicialmente previsto. Cuando menos, se inaugura con tintes muy interesantes, porque la tan presumible entrada en escena de Errejón en el bloque de izquierdas podría agitar -y mucho- gran parte del tablero. Y aunque, de momento, los dos otros rivales directos aseguran -negando la evidencia- no sentirse intranquilos por la novedad, a estas alturas, que no conocemos ni cómo ni con quién irrumpirá Más Madrid, nadie sabe en qué horizonte nos adentramos. Siquiera el mismísimo Iván Redondo o el propio CIS de Tezanos. Tal vez, como algunos ilustrados apuntan, el tercero en discordia sirva para derrotar a la tan temida abstención en pro de la izquierda. O no. Pudiera ser que recuperase a los indecisos, cabreados o, como él, renegados. O no. Quizá propicie, simplemente, una fragmentación en el bando. Con o sin sanción en la cosecha de escaños. Ojalá termine por convertirse en el verdadero mediador del hemiciclo, aunque previsiblemente será otro más en la batalla campal. O no.