EL DIABLO VISTE DE 'TIO CANYA'

Álvaro Mohorte
ÁLVARO MOHORTEValencia

Una secretaria corre con nerviosas zancadas cortas a través de una oficina hasta llegar a la nevera que se oculta en un mueble de despacho. Desenrosca una botellita de agua con gas helada y llena el vaso que descansa en una imponente mesa con todos los atributos del poder de oficina: orden, madera y cuero. Al mismo tiempo, el afilado tacón de un 'stiletto' surge de la puerta abierta de un coche y se impone en la acera como quien planta un estandarte.

El paso firme de la ejecutiva ahuyenta a los peatones que circulan por la plaza, como el banco de sardinas se altera igual que una masa de mercurio ante el avance de un tiburón interesado en cobrarse una pieza mejor. En la oficina, los pasillos son un entrecruce de esprínteres que cargan con dosieres, pruebas de impresión, vestidos, chaquetas y abrigos. En cada escritorio se impone el orden y se tira a la basura los almuerzos, mientras las cámaras del ordenador sirven para retocar el maquillaje con indisimulada inquietud.

En el hall del edificio, unos cabellos blancos cruzan los controles de acceso sin detenerse, como un meteorito dispuesto a devastar lo primero que se cruce en su camino. Quienes la conocen aprietan el caso y se cubren la cara como se intenta huir de la mirada del Ángel Exterminador. Una chica que entra en el ascensor descubre tras sus pasos el ciclón de enormes gafas de sol y consigue escapar a tiempo, saliendo antes de que se cierren las puertas.

El elevador se abre en la planta noble de la editorial, temeroso de la diabólica Miranda Priestly, directora despiadada de la revista Runway, la Biblia de la moda y el buen gusto mundial. La melena caoba de su asistente recibe la indiferencia de Miranda, que suelta una voluminosa libreta en los escuálidos brazos de la muchacha que, a duras penas, consigue mantener el ritmo mientras le informa de la agenda y de las novedades del día. Nadie osa cruzarse en su camino. Las consecuencias pueden ser terribles.

Al contrario que en la película de Meryl Streep (The Devil Wears Prada, 2006), el diablo no tiene porqué vestir de Prada... también puede tener mal gusto. Lo que sí es un 'leitmotiv' es la demostración de poder.

Que lo pregunten en las consellerias de Economía Sostenible y Hacienda, donde las ahora ex secretarias autonómicas de Economía Blanca Marín y la de Hacienda Clara Ferrando han caído en el combate botánico. La primera llegó de parte de los socialistas para templar los ánimos tras la tormentosa salida de María José Mira (que hoy mantiene su puesto en Hacienda), pero le ha sobrevivido su homólogo de Empleo, Enric Nomdedeu... pese a estar imputado por el uso de fondos públicos para hacer propaganda electoral de Compromís. Por su parte, Ferrando dejó el puesto para ir a Les Corts por la formación nacionalista, pero, al no salir elegida por la caída de votos, nadie le ha guardado el puesto. Bien saben en ese partido que el poder está para demostrarlo a golpe de caña.