AUTOCRÍTICA

JOSÉ MARTÍ

La primera parte del Levante frente al Villarreal fue lamentable. Sin duda la peor del conjunto local en Orriols en los últimos años. No soy el único que lo sostiene. Vimos un equipo perdido, sin bandas, con jugadores desorientados, fuera de su posición natural y sin saber su ubicación en el rectángulo. Solo la actuación del portero Aitor permitió salir vivos en la segunda mitad y remontar con penaltis a favor, sin apenas crear peligro. Al final con los tres puntos, todos felices. Pero esto no funciona así. O el equipo mejora y empieza a jugar o padeceremos mucho esta temporada. La fortuna, el VAR y el árbitro -excepto si se trata del Madrid o Barça- te sonríen una de cada cinco veces. Aproximadamente. Los granotas sabemos que el arbitraje del viernes no se va a volver a repetir en mucho tiempo. Lo más alarmante de la noche fue la autocomplaciente rueda de prensa postpartido de Paco López en la que apenas dio importancia a la abismal diferencia de juego entre ambos conjuntos e incluso llegó a mostrarse satisfecho por el baño recibido. El hasta ahora inconformista técnico de Silla está cambiando y ahora se agarra a cualquier clavo ardiendo para excusarse. «Paco sabe lo que hace», me dicen desde dentro al trasladar mi inquietud por su aparente falta de autocrítica. Esperemos que sea así porque no lo parece. «¿Pero qué problema tienes si hemos ganado el partido?» me responden tachándome de agorero porque lo realmente importante es el resultado positivo. «Ya les gustaría a otros estar como nosotros en la clasificación, empatados con los culés...» Podemos mirar hacia otro lado, consolarnos viendo a nuestros vecinos, darnos palmaditas en la espalda y felicitarnos por la victoria, pero el problema de la falta de juego y fragilidad continuará estando ahí si no se pone remedio. El Levante, en las dos primeras jornadas, ha transmitido sensación de conjunto desbordado de medio campo hacia atrás e impotente delante. No termina de arrancar el motor y transmite malas sensaciones. Paco tiene que ponerse las pilas, aclarar conceptos y solucionar los puntos débiles. Hay mucho trabajo por delante, más fácil de sacar con la confianza de una victoria en la mochila y con el próximo encuentro del sábado en casa, arropado por una tremenda afición que sigue llenando el campo. Siempre es mejor ser optimistas y ver el vaso medio lleno, pero López es quien tiene que tapar el agujero que hay en el vaso y que -al parecer- la mayoría vemos menos él. Sólo se consigue avanzar si se reconocen los errores. Sin autocrítica no hay progreso ni evolución. Como apunta el escritor colombiano Jorge González Moore, «se madura y evoluciona cuando se hace autocrítica y se acepta la crítica constructiva». Lo positivo es que el Levante solo puede mejorar. O no.