«La montaña era un polvorín, sabíamos que iba a arder en cualquier momento»

«La montaña era un polvorín, sabíamos que iba a arder en cualquier momento»

Carlos Bartolomé Turista alojado en La Drova (Barx)Los turistas recuerdan que al llegar a la zona afectada se sorprendían por la falta de conservación de los montes

Ó. DE LA DUEÑA/ B. GONZÁLEZ GANDIA/LLUTXENT.

La falta de atención a los montes es una cuestión que salta a la palestra cada vez que se produce una catástrofe como el incendio que está arrasando buena parte de los términos de Llutxent, Pinet y que ha alcanzado las cotas más altas de Gandia y Barx, obligando a desalojar a centenares de personas de residenciales de montaña.

Turistas madrileños o franceses son algunos de los que escogen los parajes de Marxuquera, en Gandia, o La Drova, en Barx, para pasar unos días de asueto, donde respirar aire puro y en muchos casos disfrutar de la naturaleza acompañados de sus mascotas. Ese es el caso de Carlos Bartolomé, un vecino de Madrid que llegó hace unos días con sus dos perros a La Drova: «Cuando dimos el primer paseo vimos la falta de conservación de los montes».

«La montaña era un polvorín, sabíamos que iba a haber un incendio en cualquier momento», aseguró este turista, que ayer pasó parte de la mañana en el Auditorio Baladre junto a su mujer y sus dos perros. Allí descansaron en plena calle y lamentaron que una catástrofe así haya azotado a municipios con un entorno natural tan «vivo».

Punto de encuentro

Baladre se convirtió ayer en el punto de encuentro de todos los realojados. Los vecinos afectados que dejaron sus casas pasaron la noche en hoteles y recintos como el Club Náutico, pero a las 11 horas se les citó en el Auditorio para que pudieran pasar allí el día. El espacio contaba con agua y toda clase de víveres para garantizar el bienestar de quienes necesitaran estar allí. Pero por la mañana el espacio estuvo prácticamente vacío.

Algunas familias se acercaron y se informaron de qué podían hacer durante el día. Las cosas cambiaron según pasaban las horas. A media tarde la alcaldesa de Gandia, Diana Morant, se reunió con decenas de desalojados y les garantizó que tendrían un sitio para dormir.

La primera edil estuvo en una reunión del puesto de mando, donde se acordó que nadie regresara a su casa por prevención, dado que el fuego seguía vivo pese a los esfuerzos de los efectivos de Bomberos y las Brigadas. En el Auditorio se habilitaron camas, pero también se buscó «acomodo» a estas personas en locales que, como la noche anterior mostraron su solidaridad.

Mirando al cielo

Los vecinos de Pinet, por la mañana, ya estaban pendientes de las previsiones meteorológicas, ya que dependiendo de la dirección del viento existía más peligro de que el fuego se acercara a su localidad. Noches largas que están viviendo y observando las labores de extinción. «Lo que sí hemos visto a los bomberos y a los agentes de la UME trabajar toda la noche pegados al fuego. Los vecinos de Pinet sí que estamos viviendo de lleno este incendio, viendo como los bomberos repostaban en piscinas y en las tomas de agua y escuchando el ruido de los helicópteros», manifestaba Emilia. Ya han perdido lo que ellos consideran «su joya», el parque natural de El Surar, ahora esperan que el fuego no se vuelva hacia el casco urbano. Otra de las vecinas de Pinet, Carmen, también lamentaba que el paraje se haya calcinado porque servía para realizar muchas actividades y cursos en el pueblo. Precisamente, este viernes estaba programado una actividad astronómica para observar la lluvia de Perseidas.

Por otra parte, tres de las integrantes de la Protectora de Animales NOA (Nueva Oportunidad Animal) de Llutxent lamentaban el no poder estar con los perros que tienen en el refugio. Allí tienen 14 perros y en la tarde del lunes, tras conocerse el incendio ya no pudieron acceder pero sí comprobaron que el refugio estaba fuera de peligro.

Ayer por la mañana pudieron acceder acompañados por una patrulla de la Guardia Civil para darles comida y agua. La presidenta, Carolina Mahiques, explicaba que han podido estar sólo 10 minutos y que «después de más de 24 horas sin poder salir, se encuentran nerviosos y estresados por el ruido de los helicópteros y la falta de atención». En la zona, además, hay una veintena de granjas de pollos y cerdos, y los dueños, según corroboraba el director general de la Agencia de Seguridad y Emergencias, José María Ángel, «a pesar de su desazón, mientras que no corran peligro, son acompañados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para dar de comer a los animales».

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