Los pescadores de vidas: la familia Durá de Santa Pola ha salvado a casi 100 inmigrantes en cuatro rescates

José Durá, en 2006, llega a Santa Pola tras rescatar a 51 inmigrantes frente a Malta. / EFE/M. Lorenzo
José Durá, en 2006, llega a Santa Pola tras rescatar a 51 inmigrantes frente a Malta. / EFE/M. Lorenzo

El armador y patrón del barco, padre e hijo, encabezan una tripulación de Alicante, Indonesia o Senegal y su periplo ha sido objeto hasta de una película

Arturo Checa
ARTURO CHECAValencia

De una singladura más faenando ante las costas del Mediterráneo occidental en busca de un producto de lujo de las mesas navideñas, las quisquillas, a convertirse, de nuevo en símbolo de solidaridad y humanidad. Los Durá saben bien de lo que hablan. «Son cosas de la mar, podría haberle pasado a cualquiera. ¿Que si volveríamos a hacerlo? Claro». En 2006, recién llegado al puerto de Santa Pola, José Durá ya se mostraba abrumado. Entonces era el patrón del 'Francisco y Catalina', un pesquero en el que salvaron la vida a 51 inmigrantes a la deriva (entre ellos un niño y dos mujeres embarazadas) a 10 millas de la costa de Malta. Entre su tripulación ya estaba un jovencísimo Pascual Durá, el hijo de José. Aquella odisea hasta fue llevada al cine en forma del documental 'Malta Radio'. Pascual tenía entonces 21 años y con lo que ganó de aquella singladura en busca de gambas soñaba en su aparición pública con el 'tuneado' que se iba a hacer en su coche. Hoy, José Durá se siente «tirado y abandonado» en medio del Mediterráneo. Él es hoy el patrón de 'Nuestra Madre del Loreto', el pesquero de 24 metros de eslora que el viernes por la noche rescató a una docena de inmigrantes abandonados a su suerte por una patrullera libia que rescató a otra veintena de subsaharianos y que cinco días después aún aguarda quien le ofrezca un puerto seguro.

Los Durá, padre e hijo, se han convertido en auténticos pescadores de vidas. Ambos (como patrón y armador) han salvado ya la friolera de 93 existencias, el número de inmigrantes a los que han sacado de las aguas del Mediterr áneo en cuatro rescates, incluyendo el que ahora les mantiene en vilo. Junto al del 'Francisco y Catalina', y casi en idéntica latitud, menos de un año después (junio de 2007), el mismo 'Loreto', ya con Durá de armador, se lanzaba sin dudarlo a rescatar a 26 inmigrantes, de nuevo frente a Libia. Y apenas seis meses después, de nuevo el 'Loreto' se convertía en el salvavidas de cuatro inmigrantes a la deriva frente a las costas de Malta.

«Duermen sobre cabos o cajas; prefieren morir a volver a Libia»

«Me tiré al agua porque no me da miedo morir, lo que tengo es miedo de Libia. Llegué a Libia con 12 años, ahora tengo 16. Los libios encarcelan a las personas para pedirles dinero. Durante un año no pude ducharme mientras estaba en Libia. Mi mamá murió». Con ojos resignados, un joven resume su periplo a bordo de 'Nuestra Madre del Loreto', como transmite la ong de rescate en alta mar. Y los temores de la docena de rescatados, entre ellos dos menores, los confirma el capitán Durá: «Cuando oyen Libia, ves como les asoma el miedo en la cara. Prefieren morir a volver allí».

El patrón describe que los inmigrantes están «tirados por cubierta; por los aseos, por los pasillos, en el comedor... Duermen donde pueden, encima de cajas o de cabos». Una de las palabras más temidas en alta mar, motín, no les es ajena. «No lo descartamos si esto se prolonga, porque están cada vez más nerviosos. Hemos ideado ya un plan para protegernos en ese caso, o para evitar que se lancen al agua. Por la zona rondaba un tiburón y no me gustaría volver a verlo», subraya el marinero. Ir a Libia, de hecho, es algo que no gusta a nadie a bordo del pesquero alicantino: «Yo lo descartaría también por nuestra seguridad».

En medio del Mediterráneo, con el mismo desamparo que ya sintieron hace meses en el 'Aquarius', Pascual Durá pregona su sensación de abandono. «Hace un tiempo nos dijeron que iba a venir una patrullera en su búsqueda, pero nada. Deben seguir negociando. Pero la verdad es que el ejemplo que está dando Europa es muy triste. Es una vergüenza cómo actúan. Y el agua se nos acaba. Estamos ya consumiendo la reserva», reitera con tristeza desde la cabina de mando del 'Loreto'.

«Ahora, esto da pie a que, cuando te encuentres una patera próximamente en alta mar, digas 'oye, pasamos, que se vayan, que se mueran', y eso es una barbaridad», aseguraba ayer un pescador al otro lado del teléfono en la sede de la Cofradía de Santa Pola. Ese es el sentir y la frustración de los hombres de la mar que ven desde tierra cómo las autoridades europeas y españolas ningunean la urgencia de sus camaradas de redes.

Dos versiones del rescate

A 95 millas de Trípoli y 120 de Malta, la situación ayer a bordo del barco de 24 metros de eslora era si cabe más complicada para los 13 tripulantes y los 12 rescatados. «Nos quedamos sin agua, sin comida y sin combustible, y esta tarde (por ayer) se espera una tempestad con vientos de 30 nudos, que si ya es una situación complicada de por sí, imagínate con más de una decena de chavales tirados por dónde pueden en el barco», explicaba ayer el patrón, Pascual Durá. «Somos 25 personas en 27 metros, salimos a un metro por persona», lamenta el joven.

Su tripulación es un auténtico Babel sobre el agua, como no podía ser de otra forma con tal trayectoria de rescates. La integran media decena de marineros de Santa Pola, uno de El Campello, dos de Indonesia y otros cinco de Senegal. Ellos aseguran que el viernes por la noche una patrullera de Libia recogió a una veintena de integrantes de la patera y abandonó a su suerte a otros 12. Cuando se lanzaron al agua y nadaron hacia el 'Loreto' pincharon la lancha. «En la escuela de náutica no te preparan para esto. Tú te dedicas a salvar las vidas que puedes, sin más», indica el capitán.

Desde Libia mantienen lo contrario. Aseguran que indicaron al pesquero que se marchara de su posición para hacerse cargo de la lancha y que, con su negativa, el navío alicantino provocó el salto al agua de los inmigrantes. Una versión que pone más que en duda las muchas actuaciones previas de las autoridades libias y su falta de auxilio con cayucos.

El patrón Durá recuerda que la ley del mar le obliga a poner a salvo a los inmigrantes, «llevarlos a un puerto y luego atenerme a las consecuencias», afirma mientras sigue el galimatías internacional sobre el futuro del pesquero.

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