Uno de cada cuatro valencianos ya se enfrenta al reto de vivir solo

Nelia Valverde, que vive sola desde hace cuatro años. Ella cumple 84 el mes que viene. / Damián torres
Nelia Valverde, que vive sola desde hace cuatro años. Ella cumple 84 el mes que viene. / Damián torres

La despoblación deja un 25% de hogares unipersonales en la Comunitat, con las mujeres mayores de 65 como las más vulnerables

M.GUADALAJARA VALENCIA.

A un mes de cumplir los 84 años, Nelia Valverde lleva más de cuatro viviendo sola. «Me costó mucho adaptarme; cuando murió mi marido no era consciente de que iba a tener que arreglármelas yo sola, pero no me quedaba otra», reconoce Nelia. La soledad es una nueva epidemia que se agudiza y se ceba con las mujeres mayores de 65 años. En la Comunitat ya ha dejado a uno de cada cuatro valencianos viviendo solo. El envejecimiento y la despoblación arrasan en la sociedad, dejando a más del 25% de los hogares unipersonales, según datos del INE.

La vejez y la soledad van de la mano, llegan de forma inesperada y lo hacen para quedarse. El reto está en asumirlo. «Los médicos me dijeron que si no me movía iba a quedarme paralítica», explica Nelia, «y me horrorizaba la idea de depender de alguien, por eso ahora ando casi todas las mañanas y voy a un grupo de gimnasia para adultos dos veces por semana». La tecnología tampoco ha podido con ella. A sus más de 80 años, se maneja a la perfección en internet y se comunica vía mensajería instantánea con su familia: «Hay que adaptarse y asumir lo que nos va pasando».

Nelia no es la única. Son más de 500.000 los hogares unipersonales en la Comunitat, en su mayoría compuestos por personas de más de 60 años. Lo que piden es atención. «Quieren que algien les escuche, les muestre algo de cariño, quieren ser, aunque sea durante dos horas a la semana, los protagonistas», asegura Magda Martínez, voluntaria del proyecto de acompañamiento de personas mayores de Cruz Roja. Martínez también es la presidenta de la Comisión de Intervención Social. «Son muchos los que demandan este servicio, tenemos que hacer registro de los casos prioritarios», dice.

Magda Martínez lleva muchos años siendo voluntaria y a día de hoy sigue dedicando tiempo a esta labor. Martínez insiste en que la gente que vive sola está esperando que llegue el día en que reciben la visita del voluntario porque «son personas vulnerables, que están muy solas».

Para Martínez, la sociedad tiende hacia este nuevo panorama y «debemos velar por nuestros mayores, porque son los grandes olvidado, incluso aunque sean parte de nuestra familia». Pide más atención a la dependencia y más solidaridad, porque «ser voluntario no cuesta dinero, ellos no necesitan ayuda económica, necesitan acompañamiento y eso solo requiere dedicar dos horas a una persona». Y es que casi un millón de personas tienen más de 65 años en la Comunitat, son ya el 19% de la población total, el 49% de las personas que viven solas son mujeres, son las más vulnerables.

Valentina Ramos tiene 84 años. «Todos me llaman Tina», dice. Se define como una persona muy sociable y positiva, pero reconoce que «a partir de los 80 noto que me está costando más, porque mi cuerpo no tiene la misma edad que mi cabeza», dice la valenciana, que lleva 14 años viviendo sola. Su limitación es física: «Intento salir a la calle siempre que puedo porque me siento un poco sola, pero cada vez me supone más esfuerzo, yo necesito relacionarme y quedo con mis amigas aunque es difícil». Reconoce que le entristece pensar en sus problemas de movilidad, pero acto seguido se convence: «Me voy adaptando a lo que me pasa, y tengo que reconocer que me hago mayor y cada vez seré más dependiente, por ahora, prefiero vivir sola». «No quiero ser un incordio», asegura.

Las personas que viven solas, sobre todo aquellas que son mayores, pueden llegar a pasar tan sólo dos horas de su día a día acompañadas; las 22 restantes las pasan en soledad. Los familiares tienen una responsabilidad que, como Magda Martínez advierte, «no debe ser una obligación, tenemos que acordarnos de ellos; yo misma soy voluntaria y paso dos horas acompañando a un mayor, pero muchas veces me planteo si presto la suficiente atención a mi propia familia».

Carmen Rubio lleva otros trece años sola. «A veces evito comprar café y leche para obligarme a salir y bajar al bar a desayunar con la gente del barrio», dice riendo. Pero ella confiesa estar muy bien atendida: «Mi familia está muy pendiente, tanto mis tres hijas como mis nietos, vienen a verme o hablamos por teléfono, no me puedo quejar». No se siente olvidada, pero la soledad ha tocado a su puerta. Por eso ella ya se ha buscado una buena compañera, su perra: «Me da vida, con ella salgo a la calle, me mantiene distraída y me acompaña en mi día a día».

Más