Las esposas de acusados del fraude del AVE les desmontan el entramado

Las esposas de acusados del fraude del AVE les desmontan el entramado

La mujer de uno de los sospechosos desconocía tener a su nombre trece viviendas y 1,8 millones en acciones, y la de otro ignoraba la posesión de cuatro pisos y 1,8 millones

RICARDO FERNÁNDEZ

Vivían a todo tren, pero estaban en la inopia. Con lo cual unían la felicidad de la abundancia a la felicidad de la ignorancia. Las mujeres de varios de los principales sospechosos del presunto fraude cometido con fondos de la línea del AVE entre Crevillent y Murcia figuraban como propietarias de un descomunal patrimonio, pero en todos los casos fueron incapaces de explicar de dónde había salido. «Si mi marido me pide que firme cualquier cosa, lo hago porque confío plenamente en él», coincidieron en explicar varias de ellas, cuando fueron detenidas por agentes de Aduanas y de la Guardia Civil como supuestas implicadas en delitos de blanqueo de capitales. Unas declaraciones que venían a confirmar las sospechas de que estaban actuando como testaferros de sus esposos, colaborando presuntamente en la ocultación de los fondos ilícitamente desviados de las obras del AVE.

Uno de los casos más llamativos es el de la esposa del ingeniero jefe del Juzgado Privativo de Aguas de Orihuela, José Manuel Fernández Pujante, y presunto cerebro de la 'trama César'. Esta mujer, M.T.B.A., manifestó tras ser detenida que ignoraba que en febrero de 2014, cuando suscribió junto a su marido ocho escrituras notariales de separación de bienes, ella quedó como propietaria de trece inmuebles, de todos los saldos de cuentas bancarias y de 1,8 millones de euros en cartera de valores. «Mi marido me dijo que íbamos a hacer una separación de bienes; a mí me daba igual. No tengo muy claro qué me fue adjudicado».

La ignorancia en la que vivía esta mujer en todo lo relativo al tema patrimonial era tal que ni siquiera sabía cuánto le costó una vivienda de 205 metros cuadrados que adquirió en 11 en la avenida Ronda de Levante de Murcia, como tampoco recordaba cómo se amortizó de golpe un préstamo de 250.000 euros.

Más todavía: ¿se puede comprar un edificio de cuatro plantas y ático, por un importe declarado de 275.000 euros, y constituir una sociedad con un capital social de 400.000 euros, y no saber de dónde salen esos fondos? Pues sí. «No lo conozco», se limitó a señalar M.T.B.O. cuando los investigadores le preguntaron por el origen de todo ello.

Pero, puestos a desconocer, el colmo estriba en haber firmado 65 operaciones de divisas, por un importe total de casi 2,4 millones de euros, y haber llegado a tener 34 cuentas bancarias con más de tres millones de euros, sin tener ni idea de todo ello. «Será lo que estuve firmando en un banco de la Avenida de la Libertad. Yo acompañé a mi marido, pero no sé lo que firmé». Por no saber, ni siquiera sabía exactamente lo que había costado su coche, un Range Rover Evoque. «Me dieron 12.000 euros de un accidente, que se usaron para comprar el nuevo. Sé que costó más de 40.000 euros, pero desconozco cómo lo pagó mi marido. Él es quien se encarga de toda la gestión económica y de los pagos».

La cuñada

Nada muy diferente, por otro lado, de lo que declaró su cuñada M.V.E.G., la esposa de Antonio José Fernández Pujante, hermano del ingeniero jefe del Juzgado de Aguas y otro de los supuestos implicados en la trama. De entrada arrancó su declaración reconociendo que «no puedo precisar cuáles son los ingresos familiares» y, más todavía, que «no tengo ni idea» de los saldos existentes en sus cuentas corrientes ni de su origen. «Cuando mi marido me decía que firmase, yo lo hacía confiando plenamente en él, porque era quien manejaba toda la economía», afirmó. Por lo que se refiere a quien fue juez de Aguas de Orihuela, Jesús Abadía, su esposa, M.A.A.R., manifestó a los agentes de Aduanas y de la Guardia Civil que la detuvieron que «no tenía ni idea» de que una sociedad montada por su esposo, Servicios Topográficos del Levante SL, había facturado más de un millón de euros por trabajos que en apariencia nunca se realizaron. «¿Y no detectó que el nivel de ingresos de su marido era muy superior a lo que sería normal en función de su actividad agrícola?», la interpelaron los investigadores. «Un poco», admitió.