Los vertidos ilegales se adueñan de nuevo del antiguo circuito del Grao

Algunos de los montones de escombros, esta semana junto a la calle Poeta Sanmartín y Aguirre. / damián torres
Algunos de los montones de escombros, esta semana junto a la calle Poeta Sanmartín y Aguirre. / damián torres

Los vecinos reclaman la limpieza de los solares y la apertura del recinto para que sirva como lugar de paseo hasta que se promuevan las viviendas

PACO MORENO VALENCIA.

«Son montones de basura y escombros que crecen cada vez más». La apreciación del presidente de la asociación de vecinos del Grao, Jesús Vicente, no se refiere a que los residuos aparezcan de manera espontánea, sino que cada vez descargan más en el entorno del antiguo circuito de Fórmula 1. Los últimos proceden de la limpieza de la parcela donde se sitúa cada Navidad la feria de atracciones, aseguran los residentes.

«Avisamos al Ayuntamiento, vinieron con un camión y cuando estaban cargando el primero, entonces nos dijeron que eso no era cosa suya y que se iban». Con dos palmos de narices se quedaron los vecinos, que se suele decir, al comprobar que como es una propiedad privada, entonces el asunto se complicaba.

Del circuito de velocidad no queda nada más que las vallas y bloques de hormigón que delimitan el trazado de asfalto. Cada vez menos de las primeras dado que se las suelen llevar para venderlas en chatarrerías que aceptan cualquier material. «De vez en cuando llega una furgoneta, arrancan una y la cargan», dice el dirigente vecinal por los testimonios que le llegan de testigos.

La zona se ha convertido en lugar de paseo para perros y un aparcamiento algo inseguro por lo alejado a lo largo del camino que llega hasta el cementerio municipal. «Hemos pedido muchas veces que pongan alumbrado público pero no hay manera», apunta Vicente. Las parcelas están sujetas a un plan urbanístico todavía por desarrollar, por lo que los vecinos se limitan a pedir la limpieza de la zona y su apertura completa para los viandantes.

Esto se consiguió en parte con la pasarela 'Cuc de Llum', que se reabrió a los peatones después de un saqueo que duró años. La solución fue eliminar los restos del pavimento y dejarlo en la estructura de hormigón, para que fuera pisable.

A mitad de camino del cementerio, un boquete en la verja metálica permite pasar a la zona colindante con el circuito, que llega hasta una subestación eléctrica. Todo el recorrido está jalonado con montones de escombros, puertas e incluso urinarios amontonados de reformas. Los matorrales han empezado a ocultar algunos restos.

Este no es el único problema que padece el barrio. Los equipamientos públicos brillan por su ausencia, recordó el portavoz vecinal, quien citó como ejemplo la antigua Harinera. La fábrica recayente a la calle Juan Verdeguer está en proceso de rehabilitación desde el anterior mandato y lo último que saben los vecinos es que servirá como vivero de emprendedores y empresas dedicadas a la innovación tecnológica.

«Las obras están paradas y no se ve ninguna actividad», comentó. El Consistorio dedicó un primer presupuesto a la consolidación del inmueble, que amenazaba con ruina, para después construir un pabellón anexo y reformar el resto. Eso sí, falta todo el equipamiento y las obras del interior de las salas.

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