Ana Julia cavó la fosa para enterrar a Gabriel antes de secuestrar al niño

Ana Julia Quezada es trasladada ayer en un furgón de la Guardia Civil a la prisión almeriense de El Acebuche. / PEPE TORRES / efe
Ana Julia Quezada es trasladada ayer en un furgón de la Guardia Civil a la prisión almeriense de El Acebuche. / PEPE TORRES / efe

El juez ordena el ingreso en prisión de la asesina porque actuó con «malvada voluntad para asegurar la comisión del macabro plan criminal»

M.SÁIZ-PARDO / F. GAVILÁN MADRID / ALMERÍA.

Caso cerrado. 17 días después de la desaparición del niño Gabriel Cruz, su asesina, Ana Julia Quezada, ingresó ayer en la cárcel almeriense del Acebuche. El titular del juzgado de instrucción número 5 de Almería, Rafael Soriano, solo necesitó escucharla 45 minutos para enviarla a prisión por los más graves delitos que se le podían imputar: detención ilegal (secuestro) de Gabriel, su asesinato premeditado y un delito contra la integridad moral.

Más información

Actuó, escribió el juez en el auto de prisión, movida por «una malvada voluntad dirigida a asegurar la comisión del macabro plan criminal». El escrito describe la premeditación del crimen, ya que, apunta el instructor, la asesina cavó la fosa para el niño antes del secuestro. Según el magistrado, hay «abrumadoras pruebas contra ella» a pesar de que dio una falsa apariencia de preocupación por la desaparición y suerte del niño», al que se llevó «mediante engaño o promesa de devolverlo prontamente a jugar».

Poco antes de que el juez mandara a Ana Julia a la cárcel, los responsables de la Guardia Civil habían desmontado ya su versión. Estos son los puntos claves.

«No tenemos indicios para pensar que haya terceras personas implicadas en este crimen»

Versión inverosímil

La asesina dijo que el pequeño se puso violento en la finca cuando le recriminó que estuviera jugando con un hacha y que se enfrentó a ella diciéndole que no era su madre y que no quería volver a verle. «Gabriel en ningún momento pudo hacer esos comentarios. Le educaron en el amor y en el respeto a los demás», apuntó el responsable directo de la investigación, Juan Jesús Reina, comandante jefe de la UCO, en una rueda de prensa en Almería para dar detalles del caso.

Los investigadores, apostilló, están «convencidos» de que tienen la «carga de prueba» suficiente para desmontar la versión de la asesina. «Hemos demostrado que Ana Julia ha actuado siempre dentro de una farsa, ante la familia y los medios», abundó Reina.

Perfil

Ana Julia es «una persona con una frialdad máxima, posesiva, egocéntrica y bastante manipuladora», reveló el responsable de la UCO. Desde el principio, las pesquisas estaban centradas en ella por su «actitud extraña», los «cúmulos de incongruencias», «continuas mentiras y contradicciones» y los «movimientos extraños» después de que fuera ella la que encontró la camiseta. «La figura de Ana ya la teníamos estudiada. Sabíamos de su pasado en Burgos», reveló el teniente coronel jefe de la Comandancia de Almería, José Hernández.

Móvil

Los responsables de la investigación no quisieron ahondar en ese asunto para no hacer más daño a la familia, pero, entre líneas, dejaron claro que Quezada asesinó al pequeño movida por los celos. «El móvil, muchas veces, solo lo sabe la persona (que mata)». «Solo podemos decir que para Ángel (el padre del pequeño), Gabriel era lo primero. Para Ángel, Gabriel era lo más importante. Cualquier hora, cualquier fin de semana libre se lo dedicaba a él», afirmó con mucho tacto el coronel Reina.

La Guardia Civil trabajó durante un tiempo con la hipótesis de que la motivación de la desaparición del pequeño Gabriel fuera económica una vez que posaron sus ojos en Ana Julia. «Ella, para nosotros y desde un punto de vista policial, era una persona con cierta ambición económica», apuntó el mando de la UCO. La hipótesis del secuestro en busca de un rescate (que la propia asesina alentó moviendo a la familia a ofrecer recompensas) estuvo durante un tiempo encima de la mesa de los investigadores y, sobre todo, mantuvo viva la esperanza -luego frustrada- de que el menor estuviera vivo.

Sin cómplices

«No tenemos indicios para pensar que haya terceras personas implicadas. Para nosotros la autoría es de Ana y lo hace siempre sola», afirmó el teniente coronel Hernández. Al principio, no obstante, la UCO sí que trabajó con la posibilidad (quizás más la esperanza) de que tuviera un cómplice que se encargaba de custodiar al pequeño secuestrado.

«Sabemos que tuvo la posibilidad física y temporal (para matar al niño y volver a Las Hortichuelas)» porque estuvo «dos horas fuera» de la casa de la abuela aquel 27 de febrero, apostilló Reina. El testimonio de la abuela, al final, fue clave. La anciana, ayudada por los agentes, recordó que Ana Julia salió inmediatamente tras los pasos del niño y que estuvo fuera más de lo que dijo al principio.

Asesinato, no homicidio

Cuando a los responsables de la investigación preguntaron por la premeditación del crimen, Reina fue claro en su respuesta: los atestados contra Quezada incorporan las acusaciones más graves, que apuntan a la premeditación y alevosía, puesto que las imputaciones que la Guardia Civil ha hecho contra la detenida son «detención ilegal» (secuestro) y «asesinato» (no homicidio).

El cadáver

«El cuerpo ha permanecido todo el tiempo en el mismo sitio». La frase del coronel jefe Hernández despejó una de las grandes incógnitas hasta ahora de la investigación. Ana Julia no movió el cadáver de Gabriel de la finca de Rodalquilar, en la que mató al pequeño el 27 de febrero, poco después del secuestro Aquella propiedad fue batida al día siguiente y no se halló nada. La razón es que no fue una búsqueda profesional, sino de los voluntarios esperando que el niño se hubiera marchado allí y estuviera vivo.

Ana Julia había enterrado bastante minuciosamente los restos debajo de unos tablones y unas «piedras decorativas» de jardín. ¿Dónde llevaba el cadáver el pasado domingo? «Ni ella sabía lo que hacía. Estaba desorientada», fue la respuesta de los investigadores.

Fotos

Vídeos