Los volcanes que amenazan al mundo

La amenaza del volcán Agung, en Bali (Indonesia), ha obligado a desalojar a la población que vive en un radio de diez kilómetros./:: Made Nagiefe
La amenaza del volcán Agung, en Bali (Indonesia), ha obligado a desalojar a la población que vive en un radio de diez kilómetros. / :: Made Nagiefe

El Agung llama la atención por estar en un destino tan turístico como Bali, pero cada día entran en erupción unos diez de media

FERNANDO MIÑANA

Señoras y señores, les habla el comandante. Tenemos un problema. Los cuatro motores se han apagado. Estamos haciendo lo imposible para tenerlo bajo control. Confío en que no se angustien demasiado». El anuncio del comandante Eric Moody heló la sangre de los 248 pasajeros del vuelo 009 de British Airways a bordo del 'City of Edinburgh', un Boeing 747 que había salido de Heathrow, en Londres, y debía aterrizar, tras varias escalas, en Auckland. El avión sobrevolaba el océano Índico aquel 24 de junio de 1982 cuando se incrustó en una nube de ceniza del volcán Galunggung -180 kilómetros al sudeste de Yakarta, en Indonesia- y poco después se apagaban sus cuatro motores.

Los pilotos calcularon que, si un Boeing 747 puede planear 15 kilómetros por cada mil metros de descenso, tenían 23 minutos para sortear las altas montañas indonesias y aterrizar o dar media vuelta e intentar un amerizaje, lo nunca visto -ni entonces ni ahora- con un aparato como éste. La cabina apestaba a azufre y la gente, que se temía lo peor, se puso a escribir temblorosas notas de despedida.

El comandante descendió con rapidez hasta que el aire se hizo respirable, pero llegaba al punto en el que sólo podía pensar en el amerizaje. En ese instante arrancó el motor 4. Luego el 3. Y finalmente el 1 y el 2, aunque éste se volvió a apagar. La aproximación al aeropuerto tuvo que hacerse fiándose de los aparatos de navegación, porque la arenisca de la nube había corroído el parabrisas, las luces de aterrizaje y hasta parte de la librea del fuselaje. La pericia de los pilotos puso un final feliz a aquella historia espeluznante que permitió aprender que es una temeridad atravesar una nube volcánica.

Gracias a aquella experiencia hoy existen los Centros de Avisos de Ceniza Volcánica, que monitorizan las distintas regiones del mundo y permiten calcular rutas alternativas para sortear casi todas estas nubes. Aunque hay excepciones. La más conocida fue cuando, en la primavera de 2010, la ceniza del volcán islandés Eyjafjallajökull paralizó el tráfico aéreo de media Europa.

Esta semana se ha cerrado el aeropuerto internacional de Bali, uno de los grandes destinos turísticos del planeta, después de que entrara en erupción el volcán del monte Agung, el punto más alto de esta isla indonesia. La decisión ha obligado a suspender 445 vuelos y ha afectado a 60.000 pasajeros. El problema no es tanto el que ha tenido que suspender sus vacaciones como el que se ha quedado 'encerrado' en esta ínsula asentada en pleno Anillo de Fuego del Pacífico.

Mientras, la lava sigue llenando el cráter y ya se espera que cuando la desborde caiga por la ladera. Y no se descarta una erupción más violenta. Por eso se ha ordenado la evacuación de toda la población que viva en un radio de diez kilómetros. Entre estas 100.000 personas no se contabilizan los turistas que, en su mayoría, se encuentran en una zona situada a 70 kilómetros de este volcán que, entre febrero de 1963 y enero de 1964, ofreció la erupción más devastadora que vivió Indonesia el siglo pasado y que se cobró la vida de más de 1.100 personas.

Otro volcán islandés

El Agung es uno de los 1.500 volcanes que hay en activo en todo el mundo y su repercusión se debe a cómo ha modificado el turismo en uno de los lugares más visitados de la Tierra. Pero hay más, y como apunta David Calvo, responsable de comunicación del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), «hay uno islandés (el Öræfajökull) que está dando signos de que está resucitando, y sería algo llamativo porque tiene un glaciar encima».

Este vulcanólogo gallego recuerda que el Agung está en el país (Indonesia) «con más volcanes en activo del mundo» pero que, pese a que se ha elevado al máximo el nivel de alerta, «el motivo de que salga en las noticias es que sea en Bali, un paraíso que elige mucha gente para irse de vacaciones que ahora se ve truncado». Y añade una reflexión: «Se ha creado una inmerecida mala fama por arruinar las vacaciones de tanta gente, pero parece necesario subrayar que el volcán estaba ahí mucho antes de que aparecieran los turistas. El problema es que existe, en general, una percepción de riesgo muy baja».

El volcán Agung amenaza Bali
El volcán Agung amenaza Bali / AFP

Calvo enfatiza una idea al hablar de volcanes (y valdría también para terremotos y tsunamis): «La clave del futuro está escrita en el pasado». Por eso se considera que un volcán está activo cuando ha experimentado una erupción en los últimos 10.000 años. «De ahí que la concienciación de que son riesgos reales sea tan importante. Estar alerta no es estar alarmado».

Afortunadamente, los volcanes amenazan

antes de golpear. «Son muy ruidosos; el de Bali, por ejemplo, llevaba cinco o seis meses avisando», argumenta Calvo, antes de explicar que emiten varios tipos de advertencias: los gases -«los volcanes son como una botella de champán gigante», pone como ejemplo-, los terremotos y una serie de variaciones solo perceptibles desde la última tecnología, aparatos GPS capaces de apreciar que el volcán se deforma cinco, diez o quince centímetros, algo imperceptible para el ojo humano. «Antes de entrar en erupción, un volcán se llena de magma y se hincha como un grano de pus». Cuando todos esos parámetros coinciden, «es casi seguro que ese volcán va a entrar en erupción».

Esta tecnología sirve para seguir la evolución de los volcanes en zonas pobladas, pero hay otros en islas remotas que sólo se detectan cuando un satélite encuentra una enorme nube en medio del océano. Hasta nuestros televisores llegarán únicamente los más llamativos, aquellos que amenazan a zonas muy pobladas o destinos turísticos como Bali, donde el volcán está monitorizado con una red de sismómetros -miden la fuerza de las sacudidas de la tierra- que permite intuir lo que acontece dentro de este macizo y unos detectores de gases que dan también una idea de lo que está pasando con esa fumarola que ha llegado a elevarse 3.000 metros por encima de la cumbre del monte Agung, el techo de la isla.

Sin embargo, hay otros en lugares prácticamente ignotos que pasan desapercibidos pese a que cada día entran en erupción una decena de volcanes de media. En algunos casos generan una gran alarma, pero hay otros más mansos que no solo no bloquean el turismo sino que lo atraen. Como el Estrómboli, en Italia, donde se sucede una explosión cada 15 o 20 minutos, o el Kilauea, en Hawai, que permite que cientos de visitantes inunden YouTube con sus grabaciones captando la lava corriendo.

La comunidad vulcanológica espera la evolución del Agung porque, aunque no se augura un gran riesgo, nunca se puede descartar una explosión más violenta. Como el Öræfajökull, en Islandia, donde también se confía en que no tuviera una incidencia en el tráfico aéreo como ocurrió con su 'hermano' Eyjafjallajökull, pero nunca se sabe.

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