El metro más largo del mundo

El metro más largo del mundo

Entramos en el suburbano de Shanghái, el más extenso y el segundo más transitado del planeta. En 2030 alcanzará una longitud de mil kilómetros

ZIGOR ALDAMA

Es hora punta y en la estación de la Plaza del Pueblo no cabe un alfiler. Los empleados del metro de Shanghái tratan de dirigir la riada de pasajeros dando gritos por sus megáfonos, pero tienen poco éxito. Afortunadamente para ellos, en la capital económica de China no hacen falta 'empujadores' como los de Tokio. Los propios pasajeros se encargan de aplastarse unos a otros en una melé tan fascinante desde fuera como aterradora para quien la vive desde dentro.

La Plaza del Pueblo es la estación más concurrida del metro más largo del mundo. Nada menos que 700.000 personas transitan a diario por este nudo en el que concurren tres de las líneas más importantes. Y podrían ser muchos más. Porque, cada día, 10 millones de personas utilizan el metro de Shanghái para moverse por esta megalópolis de 24 millones de almas. El pasado mes de abril, antes del puente del 1 de mayo, 11,8 millones marcaron un nuevo récord. Así, también es el segundo suburbano más concurrido del planeta, superado únicamente por el de la capital japonesa.

En el centro de control de la red, media docena de hombres siguen la escena pinchando la señal de las 30.000 cámaras de seguridad existentes. Las aglomeraciones son evidentes en la gigantesca pared llena de pantallas, pero los trenes funcionan con normalidad. Todas las líneas aparecen en verde, y los responsables del centro de mando aseguran que son raros los incidentes a lo largo de los 617 kilómetros de la red, en los que está incluida la línea más rápida del mundo: el tren de levitación magnética que conecta Pudong, el distrito financiero de Shanghái, con su aeropuerto internacional a 431 kilómetros por hora.

Esta isla de buena gestión en una megaurbe congestionada por el tráfico explica que el metro sea el medio de transporte más utilizado por los ciudadanos -un 53%- y el mejor valorado -con una nota de 8,7-. «Contamos con 367 estaciones repartidas por 15 líneas, pero estamos a punto de inaugurar tres más», avanza Shao Weizhong, vicepresidente de la compañía que gestiona la red de Shanghái, Shentong Metro. Y añade que el objetivo es superar los mil kilómetros de longitud en 2030. Casi suficiente como para cruzar España de norte a sur.

4.000 trenes recorren la red con una puntualidad del 99,82% y un ejército de 28.000 personas, que pasa desapercibido para la mayoría de los pasajeros, se encarga de que todos funcionen correctamente. De hecho, a partir de las 9 de la noche, los convoyes comienzan a llegar a las impresionantes cocheras para que empleados como Tang Jinrong los inspeccionen. «Muchas de las operaciones las hacemos de forma manual, pero hemos instalado cámaras especiales que nos permiten confirmar que todo está correctamente de forma mucho más veloz y efectiva», apunta mientras recorre uno de los trenes de la línea 8.

No tiene tiempo que perder, porque a las 5 de la mañana salen los primeros. Fei Chaoxia es uno de los 300 conductores que emplea la línea 3, que recorre Shanghái elevada sobre el suelo y dibujando un círculo. Las vistas son espectaculares desde la cabina, pero Fei no aparta los ojos de las señales que van apareciendo a los lados de las vías. Cada poco tiempo levanta el brazo y señala para confirmar que ha visto las indicaciones. «Es un sistema antiguo que se está sustituyendo por otros electrónicos más modernos», ilustra.

«Un ejemplo para el mundo»

Fei es uno de los conductores más veteranos, así que en la cabina le acompaña uno de los muchos jóvenes que hacen prácticas. «En el metro de Shanghái se forman para trabajar luego por toda China, porque hay pocas ciudades más exigentes que esta y mucha demanda de maquinistas», cuenta. «Primero tienen que pasar un curso teórico de tres meses y su correspondiente examen, y luego hacer seis meses de prácticas». La seguridad es prioritaria, coinciden todos.

A pesar de su tamaño, el metro solo ha tenido un incidente realmente grave: en septiembre de 2011, el fallo en una señal provocó que dos trenes chocasen en uno de los túneles de la línea 10 en un accidente que dejó 280 heridos. Como es habitual en China, el Gobierno empleó su puño de hierro durante la investigación, que se cobró el puesto de tres altos cargos. Ahora, no obstante, los problemas a los que se enfrenta el suburbano son otros.

Uno de los más preocupantes es el acoso sexual que sufren las mujeres en los convoyes. Según una encuesta realizada en 2012, el 13,6% de las pasajeras ha sufrido algún incidente de este tipo en el metro. Sin embargo, Shao descarta poner en marcha vagones exclusivos para mujeres, como han hecho otras ciudades por el resto del mundo y en la propia China. «No sería práctico. El volumen de pasajeros es demasiado elevado y el remedio resultaría peor que la enfermedad. La solución está en educar a los pasajeros en el respeto, mejorar la seguridad con una mayor presencia policial y de cámaras, y castigar con contundencia a los acosadores. Es lo que estamos haciendo porque queremos que el metro de Shanghái sea un ejemplo para el mundo».

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