Las Provincias

Los recuerdos de 'El Carbonilla', 52 años en Renfe: Ocho horas de Aranjuez a Cuenca

Cuando su madre preguntaba en su hogar de Valladolid dónde demonios estaba el niño, su padre lo tenía claro: «Está viendo trenes». Ya entonces Teodoro Gómez Moralejo sabía quién había traído qué tipo de locomotora en el expreso de Madrid de las cinco de la tarde. Teodoro, que hoy tiene 76 años, siempre quiso ser maquinista. Lo consiguió con 20 años. Pasó 52 en Renfe y condujo de noche durante décadas. Le llamaban El Carbonilla y ahora verán porqué. «Salíamos negros». En esos días, las locomotoras aún eran de vapor y funcionaban con carbón. «De Aranjuez a Cuenca tardábamos ocho horas y teníamos que echar 8.000 kilos de carbón». Dentro del vagón, todo era distinto a hoy en día. Más duro. En tercera clase viajaban diez personas en bancos de madera, cinco a cada lado. Para la mayor parte de los viajeros, polizones incluidos, el vagón restaurante era un sueño prohibido. La vida del maquinista tampoco era un vergel. Trabajaban en turnos que duraban tres o cuatro días. «Terminábamos rotos y salíamos con una peseta, un bocadillo y un paquete de tabaco que nos fiaban en el bar. Había que sobrevivir. Los maquinistas robábamos gallinas para vivir y si veíamos un conejo, tenía que correr mucho».