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Nico Rosberg, mucho más que un hijo bien criado

Rosberg celebra el título.
Rosberg celebra el título. / Reuters
  • Se convierte en el segundo ganador vástago de campeón de Fórmula 1: 34 años después de Keké se ha alzado con el título

Comparar épocas diferentes en el deporte, en general, y en la Fórmula 1, en particular, suele ser un ejercicio vacío e inútil analíticamente. En una competición en la que la tecnología ostenta un porcentaje importante del éxito o el fracaso, en términos de victorias o títulos, el valor de tener un coche tan superior como el Mercedes puede llevar al equívoco de menospreciar el éxito que ha logrado Nico Robserg.

El alemán ha igualado el número de campeonatos de su padre, pero le ha superado con mucho en el resto de estadísticas. Sólo dos familias en la historia de la Fórmula 1 cuentan con dos miembros como campeones del mundo: los Hill (Graham ganó dos títulos, Damon ganó uno) y, desde este domingo, los Rosberg. Nico no es, ni mucho menos, el primer vástago que siguió los pasos de su ‘pater familias’, pero sí uno de los más exitosos. Otras dinastías intentaron dejar huella en la Fórmula 1, algunas con éxito para el padre (los Andretti), otras para el hijo (los Villeneuve), otras con estrépito para ambos (los Nakajima) y otras están en ello (los Verstappen). Sin embargo, el caso de Rosberg es especial. Su padre Keké, un finlandés nacido en Suecia pero más alemán que los bratwurst, fue campeón del mundo en 1982 casi sin querer. En una temporada en la que seis pilotos ganaron una carrera y cinco ganaron dos, su regularidad fue clave. Superó a nombres legendarios como Didier Pironi, John Watson, Alain Prost, Nelson Piquet o Niki Lauda ganando en Suiza (un país donde ya no se celebran carreras) y logrando la pole en Brands Hatch, Gran Bretaña. Luego acabó pasando a la McLaren previa a la tormenta de Senna y Prost, el francés le humilló y acabó forzando poco a poco su declive y su retirada.

34 años después, Nico ha arrasado las cifras del título de su padre: 9 victorias y ocho poles coronan el año más completo del Rosberg más campeón, que no sólo ha podido con el piloto más duro del momento, Lewis Hamilton, sino consigo mismo. Con todas las diferencias que suponen estas tres décadas en la Fórmula 1, no se puede obviar que el alemán ha sido el mejor del año, con mucho, o al menos el más constante. Ha salvado los obstáculos del volátil Verstappen, el desquiciado Vettel, el sonriente Ricciardo y, por supuesto, el martillo Hamilton.

Rosberg se ha quitado de encima esa imagen de niño mono, amable y sin carisma para hacerse con el papel de ogro de la pista, de piloto capaz de diseñar un título y apretarle las tuercas a todo un Hamilton que, hasta el último momento razonable, fue por delante en las apuestas por el título. Se había convertido en algo normal ver al inglés arrasar al alemán, como hizo en 2014 y, sobre todo, en 2015, cuando con cierto desdén le permitió ganar las últimas carreras del año sin oponerse.

‘Britney’, el mote que se ganó cuando llevaba el pelo más largo, se había ganado a pulso una imagen de promesa que no fue para tanto, como tantos otros pilotos. Las decepcionantes actuaciones en sus años de Williams lastraban demasiado la imagen y status quo de un piloto demasiado criticado por el establishment británico que afiló sus plumas para denostarle a piloto de segundo grado. “Podrá ser campeón, pero no será un gran campeón”, se oyó en la sala de prensa del circuito de Barcelona, desde el sector inglés, cuando el alemán se defendió con uñas y dientes del ataque de Hamilton y acabaron ambos en la puzolana del fondo de la recta de Montmeló. Las dudas en torno a su candidatura le han acompañado hasta el final, pese a que, números en mano, ha superado con creces a su compañero, que despertó muy tarde. Hasta Niki Lauda, que siempre ha mostrado más querencia hacia Hamilton, daba las claves antes de comenzar la recta final de la campaña 2016, tras el GP de Japón: “Nico no sería campeón por casualidad, porque ha tenido una temporada perfecta y ha mejorado mucho. Ha cambiado completamente este año. En años anteriores, Lewis tenía una ligera ventaja, pero a través del trabajo riguroso y el pilotaje rápido, Rosberg ha sido el mejor este año”. Si Lauda, que suelta los elogios con cuentagotas, es tan contundente, igual lleva razón.

El campeón lo celebrará en España

La victoria de Rosberg en este Mundial 2016 también toca un poco a los españoles. Es habitual verle atender a la prensa hispanohablante con una sonrisa y con un castellano bastante aceptable, y que se esfuerza en mejorar cada día. El cariño que le tiene el ya campeón del mundo a nuestro país viene de lejos, ya que su padre tiene una casa en Ibiza donde, como tantas otras familias alemanas, se va de vacaciones cada vez que puede. Incluso tiene un pequeño negocio allí: “Hemos abierto una heladería cerca del Mercado Viejo. La lleva un buen amigo que también conduce mi caravana. Recomiendo el helado de avellana y el de pistacho. Amo Ibiza desde crío, cuando iba con mis padres. Allí me subí por primera vez a un kart”, recordaba en una entrevista a ‘El Mundo’, en 2015.

Nico ha establecido una gran conexión con España, e incluso ha llamado a su hija Alaia, “alegría” en euskera. Esa “alegría” ha sido uno de los grandes estímulos para esta temporada, dejando atrás esa leyenda urbana que dice que los pilotos pierden unas décimas por cada hijo que tienen, ya que no se atreven a arriesgar como lo hacían antes. Hasta en eso, Rosberg ha roto moldes.

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