Fanzara colorea su futuro

'Sobre Peugeot' de Milu Correch. / MIAU Fanzara

El festival de arte urbano MIAU ha pasado de ser una iniciativa discreta a despertar interés internacional

Álvaro G. Devís
ÁLVARO G. DEVÍS

Nueve de julio, domingo por la tarde. Fanzara, una localidad en Castellón de poco más de 250 habitantes, vive una invasión de curiosos que pasean por las decenas de calles del pueblo. Dos señoras de allí hablan de arte urbano mientras pasean al perro.

El culpable de esta conversación es el MIAU (Museo Inacabado de Arte Urbano). Durante sus cuatro ediciones, Fanzara (y sus fachadas) se han convertido durante unos días en un lienzo. Los vecinos prestan sus casas para ser intervenidas y acogen a los artistas, que vienen de todo el mundo sin cobrar.

En su primera edición en septiembre de 2014, empezó como una iniciativa para recuperar el pueblo, revelado contra un vertedero que querían instalar en la localidad. Ahora hablan de ellos hasta en la BBC.

Del MIAU ya se han contado cosas en estas páginas, pero todos los años las novedades acaparan cierto interés. Las obras se funden con el paisaje que rodea al río Mijares. Cada calle es un descubrimiento: en Fanzara no se busca, se encuentra. Quien haya ido anteriormente tiene la oportunidad de revisitar la población y echarle un ojo a lo nuevo.

La ruta por los trabajos de este año empiezan en la calle Algibe y no es precisamente una obra plástica. Un gato, obra de Jofré Oliveras, trepa la vivienda de un vecino.

La parte más alta de la localidad es la que recoge mayor número de novedades. En primer lugar, una escultura del soriano Javier Arribas que simula la figura de un ángel caído. Esta obra, de aspecto verdaderamente siniestro, está creada para perecer. El paso del tiempo (también el meteorológico) desintegrará sus materiales poco a poco, desfigurando lo desfigurado.

Justo tras él, se encuentra un mural de Taquen. 'Diana' está tumbada y se hace una visera con la mano para taparse del sol que le da por la mañana (en sentido literal) y que se va de espaldas a ella todas las tardes. Su figura la componen líneas finas que forman una especie de mosaico en el que casi cada fragmento es un tono diferente.

Sixe Paredes, que lleva desde finales de los 80 en esto del grafiti y cuya obra ha pasado por instituciones como el Tate Modern, también dejó su granito de arena con una de las obras más estéticas del festival. Una pared convertida en un cuadro de luces, un puñado de números con un orden desconocido inspirado por su etapa como electricista. Tal vez sea el mural con el que la gente más se fotografíe este año.

Otros murales de mayor tamaño se han dejado ver también en esta edición, entre ellos destaca el de la artista argentina Milu Correch y su 'Sobre Peugeot', con clara influencia hiperrealista. También la obra de Pez, cuyo objetivo era llenar de color la pared de una callejuela.

La visita a Fanzara deja la satisfacción de contar en el territorio con un lugar tan sensible a la cultura. La resurrección del pueblo ya está en marcha -dicen sus vecinos-, se ha puesto en manos del arte. ¡Larga vida al MIAU!

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