Las Provincias

'El Gato Montés', colorido orquestal y sobriedad escénica

Representación de la ópera 'El Gato Montés' en el Palau de les Arts. ::
Representación de la ópera 'El Gato Montés' en el Palau de les Arts. :: / J. MONZÓ
  • 'El Gato Montés' de Penella pone en valor el patrimonio musical valenciano y conmemora el centenario de su estreno

  • La obra contiene, además del popular pasodoble y el célebre dúo, pasajes de gran belleza y maestría musical compositiva

valencia. Desde su inauguración se ha acusado a les Arts de no prestar atención al patrimonio musical valenciano; es una relación relativamente injusta pues, si bien es cierto que nunca ha habido una presencia importante, también lo es que cuando ha habido una oportunidad, sí se han programado obras valencianas. En ese sentido, poner en escena 'El Gato Montés' de Penella es un paso más y una manera de conmemorar el centenario de su estreno que tuvo lugar en el principal en febrero de 1917.

La obra contiene, además del popular pasodoble y el célebre dúo, pasajes de gran belleza, maestría orquestal y compositiva. Sin embargo, es una ópera bastante irregular y algo tópica, especialmente si se tiene en cuenta el libreto, algo enrevesado, que presenta el trío amoroso entre una gitana, un torero y un bandolero. Recuerda un poco a la historia de 'Carmen' solo que aquí muere el torero también. Pese a todo ello, es una composición a tener en cuenta y periódicamente se recupera; por ejemplo, se representó y grabó en 1992 con Domingo, Berganza y Pons, asimismo en 2000 se interpretó en el Palau de la Música. Por cierto, no estaría de más que les Arts se plantease programar también 'Don Gil de Alcalá' del mismo autor, cuya versión de cámara es una deliciosa rareza dentro de nuestro repertorio.

La producción provenía del teatro de la Zarzuela y la firma José Carlos Plaza quien consigue soluciones aceptables, especialmente en la escena de la corrida. Por lo general, dota de cierta austeridad a la escena con la que mengua el efecto de los tópicos populares presentes en el libreto. Sin embargo, esa sobriedad es excesiva, por ejemplo, en la caracterización de Soleá que resulta poco o nada sensual. Buen trabajo el de Cristina Hoyos en la coreografía.

Vocalmente destacó Àngel Òdena como Juanillo con una interpretación generosa en lo vocal e intensa en lo dramático haciendo toda una creación del personaje y dotándolo de credibilidad, lo cual no es fácil. Menos holgada vocalmente se mostró Maribel Ortega como Soleá. No posee una voz especialmente bella pero consiguió delicados efectos canoros, sin embargo, la voz no fluía en la sala con facilidad y los aspectos dramáticos no terminaron de convencer. El tenor Adenka Gorrotxategi sí convenció como El Macareno (hay que decir que, al igual que Òdena, ya lo cantó en la Zarzuela); sin tampoco poseer una voz de gran atractivo, cantó con solidez, técnica y expresividad. Del resto del reparto hay que señalar el punto de calidad que supuso Cristina Faus como Gitana, papel breve, pero bello, así como la simpática actuación de Miguel Ángel Zapater como Padre Antón.

Óliver Díaz también participó en la producción madrileña y eso supuso un punto a su favor en cuanto a conocimiento y dominio de la obra. Con una orquesta y coro como los nuestros la ópera gana mucho en cuanto a calidad interpretativa con detalles que a menudo quedan ignorados y aquí brillaron.

El Palau de les Arts invitó a la actriz Terele Pávez, nieta del compositor. Además, ha dedicado estas funciones a la memoria del crítico musical Alfredo Brotons. No sé si le hubiese gustado, sí sé que Brotons siempre defendió la recuperación de nuestro patrimonio. Me es muy difícil escribir sobre mi compañero, pues me unían a él tanto la admiración como la amistad. Durante años hemos compartido la crítica en los dos periódicos más importantes de la ciudad. Sobre ese punto me gustaría señalar que Alfredo y yo podíamos discrepar en la valoración artística de una representación, sin embargo, rara vez discrepábamos en el juicio musical y, si así era, me sentía obligado a replanteármelo. Por cierto, 'El Gato Montés', como decía, se programó en el año 2000, justo el año en que perdíamos a Gonzalo Badenes, otro referente de la crítica valenciana. Parece una ópera gafe para esta profesión.