A favor de una sanidad pública y universal sin exclusiones por razón de la lengua

El Sindicato Médico, expresión autónoma de CESM en la Comunidad Valenciana, es una organización incardinada en la realidad social y cultural de nuestro entorno y, por lo tanto, no sólo respeta al valenciano como lengua cooficial, reconocida en nuestro Estatuto de Autonomía, sino que aplaude las iniciativas que, desde el consenso y la participación, persiguen la normalización progresiva de su conocimiento y uso. Tampoco ignoramos el bilingüismo real de nuestra sociedad, en la que el castellano es también lengua propia de los valencianos. En la Comunidad Valenciana coexisten, pues, dos lenguas, que se utilizan de modo habitual, siendo uno de ellas, además, la oficial del Estado, tal y como recoge el texto constitucional.

Además, precisamente por nuestro respeto al derecho de los ciudadanos a conocer y utilizar ambas lenguas, creemos que existe actualmente en el ámbito sanitario una adecuada correlación entre la realidad social y el nivel de competencia en el uso habitual del valenciano. En definitiva, nos oponemos a crear un problema donde no existe y que en la práctica diaria no suscita tensiones de ningún tipo ni dificultades de comunicación. Los profesionales sanitarios ya vienen atendiendo a los usuarios en valenciano cuando éstos así lo requieren e incluso en muchos idiomas europeos, porque no en vano somos territorio de acogida, turístico y de paso.

Por ello el Sindicato Médico (CESM-CV) se ha sentido alarmado por las previsiones del anteproyecto de Ley de la Función Pública Valenciana acerca de este tema. Se pretende imponer un nivel C1 de valenciano (equivalente al anterior Mitjà) a los profesionales de la medicina o la enfermería que pretendan ejercer sus funciones en el sistema sanitario valenciano. Un nivel que, dicho sea de paso, es en realidad avanzado y en cualquier caso innecesario para garantizar la adecuada comunicación entre usuarios y profesionales. Un requisito (sea cual fuere finalmente el nivel requerido para cada categoría) que va a juzgar a nuestros médicos por su dominio de un idioma en lugar de por sus conocimientos sanitarios o sus actividades de formación o perfeccionamiento. Ya hoy en día puede puntuar más el valenciano en unas oposiciones que tener el grado de Doctor. ¿Aún no resulta suficiente? Y si no es así, ¿por qué razones? Cabe añadir que a ningún ciudadano español se le pide una titulación semejante para dar por buena su competencia lingüística en castellano en el marco del Sistema Nacional de Salud.

Somos contrarios al establecimiento del valenciano como requisito para el acceso de los profesionales a la sanidad pública. No es eso lo que más valoran los pacientes sino otro tipo de cualidades y, fundamentalmente, la capacidad para solucionar sus problemas de salud. En cualquier caso, los graduados en medicina han superado ya durante su educación obligatoria todo un currículo de valenciano. ¿Hace falta demostrar mayor competencia para atender a los valencianoparlantes que se dirigen a su médico en búsqueda de ayuda sanitaria? Entendemos que de ningún modo. Y tampoco consideramos de recibo bloquear la movilidad entre servicios de salud autonómicos con exigencias difíciles de justificar. Además, el requisito haría desaparecer la puntuación actual de los diferentes grados de valenciano destruyendo una de las mayores incentivaciones que existen hoy en día para su aprendizaje.

En cambio, consideramos que el mantenimiento del valenciano como un mérito evaluable en los baremos de los procesos de selección y provisión de personal, introduce un elemento motivador y favorece la generalización del conocimiento de esta lengua. Hoy en día este estímulo es de tal calibre que es difícil que algún aspirante carezca de alguno de los grados reconocidos. De este modo, sin coacción alguna, se logran efectos similares, si no superiores. ¿Por qué desmontar lo que funciona para implementar una nueva normativa cuyo resultado sólo puede suscitar un rechazo generalizado? Flaco favor se le hace a una lengua convirtiéndola en un elemento impuesto, arrebatándoselo a una ciudadanía que es su legítima propietaria y en base a estrategias que no conducen sino a fracturas sociales y culturales de difícil reparación. Se acatará pero no se respetará, y no es eso lo que los médicos deseamos.

El Sindicato Médico no consentirá, nunca y en ningún caso, ni de entrada ni tras el mercadillo persa de las rebajas negociadoras, que el conocimiento del valenciano se convierta en un requisito excluyente para el acceso y progresión de los profesionales en el marco de la sanidad pública, y ello en calidad de personal estatutario, funcionario o laboral. Y resulta conveniente que lo hagamos público ahora para evitar malentendidos si, en algún momento, debiéramos recurrir a todos los medios legales para impedirlo.

Nuestras OPEs pueden ver alteradas las reglas de juego mientras el personal facultativo, y todos los profesionales de la sanidad, a los que defendemos, ven cómo se añade un obstáculo más, tras años de ausencia de oposiciones y traslados, a su legítimo derecho a ocupar una plaza estable en la sanidad valenciana. No con nuestra complicidad. No con nuestro silencio.

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