Las Provincias

Educación cierra la puerta a que 200 colegios puedan concertar Bachillerato

El conseller Vicent Marzà, en Les Corts. :: juanjo monzó
El conseller Vicent Marzà, en Les Corts. :: juanjo monzó
  • El rechazo de la conselleria impedirá que los centros con convenio en la ESO puedan ampliar su oferta con fondos públicos

El anuncio de la Conselleria de Educación de que reducirá los conciertos de Bachillerato siempre que la demanda se pueda atender a través de los institutos públicos tiene más de una consecuencia. No sólo implicará revisar a la baja los convenios ya vigentes, los que caducan el próximo 31 de agosto, sino que también afectará a todos aquellos colegios que ya cuentan con financiación hasta la Secundaria, pues no podrán ampliar su oferta formativa sostenida con fondos públicos para dar una solución de continuidad a sus alumnos. Lógicamente, si se van a suprimir conciertos ya activos sería impensable que se acepten ampliaciones o nuevas incorporaciones.

Sólo en el caso de que afloren necesidades de escolarización en determinadas poblaciones cabría esta posibilidad, siempre que no hubiera manera de cubrirlas a través de la red de titularidad de la Generalitat. Al fin y al cabo, la filosofía del Consell es clara en este aspecto: primero la educación pública.

En cifras, la imposibilidad de acceder al concierto de Bachillerato en los próximos años afecta a un total de 222 colegios, que son los que a día de hoy tienen cubierta la Secundaria Obligatoria con fondos públicos. Según se desprende de la Guía de Centros Docentes de la propia conselleria, hay 353 escuelas privadas y concertadas que ofrecen la citada etapa (ESO). De estas, 31 son puramente privadas, cien tienen concertado también el Bachillerato -todas sus líneas o algunas-, 210 sólo cuentan hasta la ESO -sin unidades de Bachillerato autorizadas- y las 12 restantes son las que en mejor posición se encontrarían para acceder al sistema: el convenio con la administración les cubre toda la Secundaria Obligatoria y ofrecen también el Bachillerato en régimen privado. Es decir, sólo necesitarían la firma de la administración para contar con fondos públicos.

Algunas de estas doce escuelas ya solicitaron para este curso la ampliación de su concierto para llegar hasta la etapa postobligatoria, una manera de continuar prestando servicio a los alumnos que promocionaban desde 4º de la ESO. La resolución de las peticiones fue clara: ninguna fue aceptada. La anterior, también firmada por el conseller Marzà, sí se saldó con siete aulas adicionales, si bien es cierto que se publicó en agosto en 2015, al poco de aterrizar en la sede de Campanar. De hecho, los expedientes habían sido tramitados por el equipo de María José Català y no se modificaron. Eso sí, se incluían cinco supresiones, por lo que el balance global fue más bien pobre: la red valenciana ganó dos unidades en la etapa.

A diferencia de otros niveles no obligatorios como el segundo ciclo de Infantil, donde el concierto está generalizado, el Bachillerato ha crecido con un ritmo mucho más pausado, como demuestran las cifras expuestas. Al fin y al cabo, hay más concertados sin la etapa que con ella. Y es que quitando los primeros cursos en que se autorizaron, en el resto de ejercicios el aumento fue más bien residual. En el 2007-2008, cuando se dio vía libre, se concertaron 286 unidades. Para poder acogerse los centros debían haber tenido autorizadas las aulas de Bachillerato al menos durante cinco años en régimen privado. Al curso siguiente este requisito se suavizó, lo que elevó la cifra hasta 427. En los siguientes, y ante las dificultades presupuestarias de la Generalitat, el grifo volvió a cerrarse y se aplicaron criterios más restrictivos que se mantuvieron hasta el ocaso popular.

Los primeros conciertos llegaron con la Ley Orgánica Reguladora del Derecho a la Educación (Lode) de 1985, como una solución para extender la educación de carácter gratuito. Sin embargo, en las décadas previas ya existieron iniciativas parecidas. En la Comunitat, en 1968 empezaron a funcionar las llamadas secciones filiales de institutos, en las que el Gobierno conveniaba con centros católicos enseñanzas postobligatorias para atender la creciente demanda de estudios. A través de una subvención se cubrían salarios docentes y actuaban como una especie de sucursales, pues por ejemplo las notas se ponían en los institutos de referencia. Fueron las primeras en beneficiarse de la concertación de la mano de la Lode.

Los conciertos en Bachillerato se denominan singulares. A diferencia de lo que sucede en las etapas obligatorias, sí existe copago por la enseñanza, si bien se limita a 25,70 euros al mes por alumno, que se destinan a cubrir costes de funcionamiento. Las nóminas siguen dependiendo de la administración autonómica, que también aporta cuantías para completar los citados gastos.

En la mayoría de comunidades españolas hay centros que ofrecen Bachillerato concertado, aunque son herencia de las antiguas filiales, por lo que la etapa no crece. Sin embargo, hay excepciones. Navarra y País Vasco son dos autonomías donde sí gana unidades. En el caso de la primera todas las aulas autorizadas tienen concierto singular, y la última renovación por cuatro años llegó en 2014. Todos los años se actualizan en base a la matrícula.

En la Comunitat todo se decidirá en los primeros meses de 2017. Además de los de Bachillerato y FP, caducan los convenios de Infantil, ESO y Especial. En estos tres casos Educación transmitió que en la renovación sí se valorará la demanda.