La ofensiva de Idlib pone a las tropas de Siria y Turquía cara a cara

Un soldado sostiene la bandera siria en Idlib. /Omar Sanadiki (Reuters)
Un soldado sostiene la bandera siria en Idlib. / Omar Sanadiki (Reuters)

El fantasma de un choque directo sobrevuela la frontera y amenaza con generar una gran crisis humanitaria

MIKEL AYESTARANDamasco (Siria)

Idlib se ha convertido en el nuevo gran frente de batalla en Siria, pero no será el último. El presidente, Bashar el-Assad, prometió recuperar «cada pulgada» del territorio sirio y su Ejército, con el apoyo de Rusia, ha logrado esta semana hacerse con el control de Jan Sheijún, el enclave opositor más importante al sur de Idlib, célebre por el ataque químico de 2017 que dejó 83 muertos y provocó la respuesta de Donald Trump, y acabar con la presencia opositora en Hama.

Este avance ha sacudido los equilibrios de poder en este bastión opositor bajo control de Hayat Tahrir al-Sham (HTS), brazo sirio de Al-Qaida, y donde Turquía tiene desplegado a su Ejército en varios puestos de observación. Una de estas posiciones, en Morek, ha quedado cercada por las fuerzas de Damasco. Como ocurre en cada gran ofensiva, decenas de miles de civiles se han visto obligados a escapar en busca de un lugar seguro y Ankara teme una nueva oleada de refugiados.

El alto el fuego negociado con la mediación de rusos y turcos en septiembre de 2018 ya es papel mojado y se han encendido todas las alarmas porque puede producirse un choque directo entre tropas de Siria y Turquía. La aviación de El-Assad bombardeó el lunes la carretera de acceso a Jan Sheijún para evitar la llegada de un convoy de cincuenta blindados otomanos que, según Damasco, traía armas y municiones para los yihadistas. El presidente, Recep Tayyip Erdogan, telefoneó a su homólogo, Vladímir Putin, para advertirle de la «grave crisis humanitaria» que ha generado una ofensiva que supone «una amenaza para la seguridad nacional turca». Erdogan viajará el martes a Moscú para debatir el futuro de la red de puestos de observación turcos.

Idlib cayó en manos de HTS en enero tras varias semanas de combates contra el Frente de Liberación Nacional (FLN), alianza de grupos respaldada directamente por los turcos y que combate bajo la bandera tricolor del Ejército Sirio Libre. «HTS y FLN firmaron un acuerdo que pone fin a las hostilidades y establece el control del 'Gobierno de Salvación' sobre la totalidad de Idlib», anunció entonces Ebaa, el portal empleado por HTS para difundir sus mensajes. Este mensaje no fue bien recibido por el Ministerio de Defensa de Moscú, que instó a Turquía a «admitir que Idlib se ha convertido en un punto central para el terrorismo» y adelantaron que «tomaremos medidas». Estas palabras se hicieron realidad el pasado día 5 cuando las Fuerzas del general Suheil al-Hassan, conocido como 'El Tigre', la unidad de élite que se encargó de las batallas de Palmira, Deir Ezzor o Deraa, lanzaron su ofensiva con la cobertura aérea de Moscú.

Después de ocho años de guerra y más de medio millón de muertos, Idlib, en plena frontera con Turquía, se ha convertido en el lugar al que han ido llegando los milicianos de los grupos armados de la oposición tras rendirse en los distintos frentes. Se estima que unos 70.000 combatientes, de ellos 10.000 miembros del brazo sirio de Al-Qaida, según los datos ofrecidos a comienzo de año por el entonces enviado especial de la ONU para Siria, Stafan de Mistura, se atrincheran entre tres millones de civiles.

Solución militar y política

HTS, liderado por Abú Mohamed al- Golani, es el grupo más fuerte de una provincia donde se pueden encontrar otras facciones yihadistas como el Frente del Turkestán, formado por yihadistas del Cáucaso y patrocinado por Turquía o los Guardianes de la Religión, una formación escindida de Al-Qaida que juró lealtad al califa Abú Baker al-Bagdadi y combate bajo la bandera del grupo yihadista Estado Islámico (EI). Se trata de una ofensiva compleja por la presencia de combatientes de todo el mundo que llegaron a Siria para hacer la yihad y, sobre todo, por el cruce de agendas políticas de las distintas potencias implicadas.

«Cuando se acaben los combates en Idlib no habrá terminado la guerra en Siria, porque siguen quedando zonas del país ocupadas al norte de Alepo, al este del Éufrates. Ocupación turca, estadounidense, francesa. La posibilidad de llegar a la paz ahora está en la decisión de capitales extranjeras y no en la voluntad de los sirios», lamenta el doctor Yamal Mahmoud, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Damasco. Se trata de una opinión extendida entre los sirios, que no ven el final a una guerra que ha arrasado medio país y devastado el tejido social y económico. El Gobierno de Damasco necesitará algo más ofensivas militares para recuperar «cada pulgada» de un territorio dividido ahora en varias zonas de influencia.